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#ColumnaInvitada | En México las personas desaparecen

La falta de protocolos especializados, burocracia, insensibilidad y frialdad de los números demuestran que la problemática de personas desaparecidas en México ha rebasado por mucho a las autoridades.
lun 28 noviembre 2022 06:00 AM
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Son las familias afectadas -madres, padres, hijos y hermanos- quienes salen a las calles, a las montañas, a los ríos y a las fosas para buscar a sus seres queridos, apunta Alejandra Spitalier.

La muerte es segura, es parte del ciclo y es una realidad aceptada. Desaparecer no debiera serlo; no obstante, en este país es un destino cada vez más probable.

“La última que vio a mi hermana fue una compañera de trabajo, cuando se despidieron en el transporte público. Era un viernes de quincena y había quedado con su hija de pasar el día juntas, mi sobrina sigue esperando ese encuentro.”

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Según números oficiales la desaparición de personas va en aumento en nuestro país. Este fenómeno repuntó significativamente desde 2006 con la mal llamada “Guerra contra el Narco”. Desde entonces vivimos una crisis de graves violaciones a derechos humanos.

“Mi hijo desapareció en 2007. En cuanto nos dimos cuenta, fuimos a levantar la denuncia; tardamos más de ocho horas porque era fin de semana y las oficinas estaban cerradas”.

La falta de protocolos especializados, la burocracia, la insensibilidad y la frialdad de los números nos demuestran que la problemática de personas desaparecidas en México ha rebasado por mucho la capacidad de nuestras autoridades.

“Viridiana desapareció hace una década; el 12 de agosto cumplió 31años de edad. A su esposo lo encontraron sin vida 24 horas después de haber sido declarado desaparecido. Desde ese momento las autoridades presumieron la muerte de mi hija y la siguen buscando como cuerpo sin vida; esto sin algún indicio y en lugar de agotar otras líneas de investigación como persona desaparecida”.

Todo ello ocurre a pesar de que México cuenta con un marco normativo robusto en materia de protección contra la desaparición de personas. Sin embargo, a decir de las familias afectadas, de poco sirve este marco normativo cuando las autoridades no hacen su trabajo, cuando los casos sin resolver se estancan al grado de convertirse en papel para reciclar.

“Cuando lo encontramos, ya lo estaban mandando a la fosa sin recabar pruebas para contrastarlas con las fichas de desaparecidos. Los del SEMEFO no hacen su trabajo porque están saturados de cuerpos”.

Es ahí donde el sufrimiento se potencializa. La revictimización, impotencia y frustración de la familias las obliga a realizar el trabajo que compete a las autoridades.

“Vivíamos en Veracruz y mi esposo salió un día en la mañana para buscar pollo para sus perros y desde ese momento no sabemos nada de él. Levanté denuncia y como no sabía qué hacer, pues al principio me fui a mi casa. Dos años después me incorporé a un colectivo, hasta ese momento me empezaron a atender las autoridades”.

Así, son las familias afectadas -madres, padres, hijos y hermanos- quienes salen a las calles, a las montañas, a los ríos y a las fosas para buscar a sus seres queridos. Son las y los que se han visto obligados a convertirse en personas investigadoras; en elaboradoras de protocolos; en excavadoras de fosas; en recaudadoras de fondos y; sobre todo, en luz de esperanza para las demás familias afectadas, porque todos los días hay una nueva familia que no encuentra a algún o alguna de sus integrantes.

“Quedé de comer con mi esposo y mi hijo y nunca llegaron. Ese día a las ocho de la noche recibí una llamada diciéndome que estaban secuestrados y cuando me pasaron a mi esposo, él me pidió que no denunciara porque los iban a matar. Por supuesto que no denuncié. No obstante, sé que con o sin denuncia, en México es exactamente lo mismo”.

 

Como resultado de este y otros esfuerzos civiles y familiares se han labrado rutas que van pasan de voz en voz; que se van convirtiendo en saberes compartidos. Éstos son recogidos y visibilizados en el proyecto de la Buscadoras Research Unit “NO están solas”, que surge desde un voluntariado estudiantil de la Universidad de Columbia en colaboración con la Universidad de Stanford y el apoyo del Centro de Estudios de México y Centroamérica.

NO están solas” es una obra que se encarga de compilar años de experiencia y conocimiento sobre la respuesta colectiva que se ha desarrollado para enfrentar las desapariciones de personas en México. Colectivos que están integrados principalmente por mujeres: madres, hermanas, esposas y amigas. Mujeres que, cabe recalcar, se encuentran en una situación de particular riesgo y que se enfrentan a formas recrudecidas de violencia. Tan solo en 2022 se asesinaron a cinco madres buscadoras, mientras que muchas de ellas sufren de amenazas constantes por realizar esta labor.

“Vas aprendiendo a defenderte de las autoridades”.

Este proyecto es una luz para quienes se encuentran ante la apatía y negligencia de las fiscalías. Por ello, la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió materializarlo por primera vez fuera de su sitio web y presentarlo en fechas recientes en la XX Feria Internacional del Libro Jurídico del Poder Judicial de la Federación.

Con esto se pretende no solo visibilizar este flagelo nacional, sino también difundir y compartir -a través de videos y fotografías- todo el conocimiento que han obtenido las familias afectadas y que sirve como protocolo de acción para quienes lamentablemente estén transitando esta desgracia.

Entre la información que se puede encontrar en esta obra, está:
1) la identificación de los primeros pasos que se deben dar ante la desaparición de un ser querido;
2) la importancia de las 24 horas siguientes ante la ausencia;
3) cuándo y ante quien denunciar y cómo hacerlo;
4) la importancia de buscar un colectivo civil en la región;
5) qué métodos y herramientas de búsqueda se pueden y deben implementar;
6) datos sobre el contexto de violencia e inseguridad de la localidad y cómo influye en la desaparición;
7) testimonios sobre la necesidad emocional de encontrar a una persona desaparecida y la diferencia de saberla con o sin vida frente al infierno de la incertidumbre.

 

Esta información está contenida en entrevistas y testimonios de familiares con residencia en Tamaulipas, Michoacán, Jalisco, Morelos, Sonora, Colima, Veracruz, Baja California, Guerrero, Sinaloa, Ciudad de México y Nuevo León. Asimismo, cuenta con una base de datos para contactar a colectivos, organizaciones de la sociedad civil, organismos internacionales e instituciones de gobierno para facilitar la conexión, comunicación y acceso a la información y, de manera destacada, con una guía práctica de pasos a seguir ante una desaparición.

Que nuestra empatía y humanidad haga que todos nos sumemos a la voz de “NO están solas”. Compartamos la sabiduría de quienes jamás se cansarán de buscar a los suyos, tal vez con ello salvemos a alguna persona. Hasta encontrarles.

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Nota del editor:

La autora es secretaria general de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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