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#ColumnaInvitada: Sobre el Covid y sus variantes. Buscar la raíz en la inequidad

El Covid-19 muestra que la salud en un mundo globalizado no admite discursos territorializados, y menos una práctica excluyente contra las naciones más desfavorecidas.
dom 05 diciembre 2021 11:59 PM
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Las formas de atención a la pandemia han sido tan diversas como dictamina cada país según su economía.

Comenzamos a perder la cuenta de las ya innumerables variantes del Covid-19. Cada uno de estos cambios ha tenido como respuesta una serie de acciones con muy poca diferencia entre una y otra: la reiteración del uso del cubrebocas, paro de actividades de todo tipo o el cierre de fronteras ante la desesperante reiteración de que el virus viene de fuera, entre otros.

En cada nueva etapa de la evolución de esta pandemia, el sistema de naciones acude a los lugares comunes, plantea escenarios, define estrategias, establece pactos, promete mejores acciones, pero el problema de origen sigue exactamente en el mismo lugar y los mandatarios de las naciones más ricas y, por tanto, las que tienen mayores responsabilidades, lo pasan de largo. Una de las raíces más evidentes de esta situación es la inequidad. Vayamos a los datos.

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  • El número de dosis distribuidas per cápita en el Reino Unido es 12 veces más alto que el de las dosis distribuidas per cápita en Kenya.
  • Las dosis distribuidas en Canadá son 34 veces más que las dosis distribuidas per cápita en Sudán.
  • Italia recibe 13 veces más dosis per cápita que las dosis distribuidas per cápita en Uganda.
  • En Japón es 18 veces más alto que las dosis distribuidas per cápita en Etiopía.

De hecho, el Grupo de los 20 ha recibido 15 veces más vacunas per cápita que los países del África Subsahariana, siendo esta región la que concentra a la mayor cantidad de países con índices de pobreza más bajo, según los datos de las Naciones Unidas. El resultado es que apenas el 5% de la población del continente africano está vacunada.

Los casos más alarmantes en este escenario son Mali, Níger, Chad, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Etiopía y Somalia, entre otros, en los cuales el porcentaje de vacunación se ubica en los rangos del 0 al 9% del total de la población.

Mientras tanto, los países con renta alta o media son los grandes beneficiarios de la cobertura sanitaria contra el Covid, especialmente los países más poderosos como Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Canadá y Noruega, entre otros, los cuales han vacunado como mínimo al 50% del total de su población. Las comparativas tienen como raíz básica el escenario de pobreza y riqueza en que se basa la distribución de las vacunas. Mientras los países pobres se ubican en los últimos 20 lugares de pobreza, con tasas de vacunación alarmantemente bajas, los países ricos se colocan en los primeros 20 lugares de desarrollo humano con porcentajes muy amplios de cobertura.

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En otras palabras, no sólo se trata de poner atención en los avances tecnológicos que permiten mayor protección contra la pandemia, proceso que por cierto es dominio casi absoluto de los países industrializados. También se trata de reconocer que las acciones contra esta pandemia siguen orientadas bajo el criterio de la prioridad nacional, es decir, que primero es la salud de los nacionales, y después de los otros.

El Covid-19 muestra que la salud en un mundo globalizado no admite discursos territorializados, y menos una práctica excluyente contra las naciones más desfavorecidas. La salud no radica en el logro de resultados en un territorio sino la consecución de un beneficio global. No es un discurso idealista, es la única salida en la lucha contra esta pandemia.

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Nota del editor: el autor es profesor e investigador del Departamento de Estudios Internacionales (DEI) de la Universidad Iberoamericana (UIA), Campus Ciudad de México, Académico de la Maestría en Estudios sobre Migración en el DEI-UIA. javier.urbano@ibero.mx

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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