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#ColumnaInvitada | ¿Pero qué necesidad (necedad)?

No es entendible que un Presidente con casi tres años de ejercicio siga en campaña; ¿cuál es la necesidad (necedad) de seguir en esta labor absurda?
vie 05 noviembre 2021 11:59 PM
AMLO arranca gira de agradecimiento en Nayarit
El presidente en una de sus giras posteriores a las elecciones.

Aún recuerdo los tiempos previos y los albores del presente sexenio. El hoy Presidente dijo que aspiraba a ser el mejor mandatario en la historia del país. Que se destacaría por ser un ejemplo en cuanto a logros y resultados. Que haría todo por responder a las grandes expectativas que generó entre el electorado que le dio el apoyo respectivo en las urnas.

Como lo hemos constatado en entregas previas, la época en que los que no votamos por el señor López Obrador le concedíamos el beneficio de la duda se ha agotado en forma definitiva. Y no es que no exista siempre la idea de que con sentido común podría darse un espacio para la reflexión seria y la enmienda en la ruta. Pero en los hechos esa natural opción ha quedado superada por la obtusa necedad de quien despacha en Palacio Nacional y que ha hecho de su estrategia de destrucción y rivalidad su modus operandi.

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El Presidente ha optado por una lógica sencilla, pero perversa: todo lo malo que pasa en el país deriva de los actos realizados en los sexenios inmediatos recientes; todo lo bueno a lo que se puede aspirar radica en gobiernos de hace décadas o siglos; y la cereza en el pastel es que él no es responsable de nada. Así, esos tres componentes se entrelazan entre sí en todo lo que hace el Presidente, incluyendo su nefasto desplante de autoridad y autoritarismo mañanero diario.

En esta forma y proceso de no gobernar se requiere una dinámica confrontativa, misma que ubique el discurso descalificador contra quien dirigir la ira matutina. Así tenemos entonces que hay los pugilistas en turno contra quien se convoca su elevación a enemigos del régimen. No por mérito o reales razones, simplemente porque el primer mandatario no cuenta con nada que presumir en básicamente ningún rubro, ninguno. Mejor hablar de rivales que del desastre de administración.

En el turno al bateo han subido algunos obvios como adversarios de partido, gobernantes anteriores, y personas que le son no afines. Al agotar esos grupos se lanzó contra otros como empresarios, generadores de energías, e incluso mujeres. Después se lanzó contra clasemedieros e incluso los padres de niños con cáncer. Y ahora en fecha más reciente de plano abrió hostilidades contra la máxima Casa de Estudios, rompiendo así los límites de quienes incluso en sus filas hubieran podido imaginar como destinatarios de la crítica y arrogancia presidencial.

Y entonces las preguntas obligadas: ¿qué pretende el Presidente con estas ofensivas irracionales?, ¿a quién beneficia este ataque visceral a sectores que son ajenos a una pugna política normal?, ¿por qué no cambia el Presidente su forma de administrar su tiempo en el gobierno para concentrarse en temas realmente importantes?

La realidad es que el Presidente vive en otro mundo en que los problemas reales no existen y que lo único que importa es mantener la dialéctica de combate permanente, hablándole a sus bases para decirles que les está vindicando sus reclamos (algunos legítimos, y otros que ni entienden ni sabían que existían). El engaño es sistemático, pero indudablemente bastante eficaz hasta ahora. Difícil estimar hasta cuándo durará el hechizo a sabiendas que todo se derrumba en el país.

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Estamos ya en la segunda mitad del sexenio y el rumbo para México es altamente incierto. La suma de problemas por malas decisiones del gobierno es ya de una dimensión preocupante. La inseguridad y violencia están fuera de control, los temas en el sector salud son pavorosos por falta de medicamentos y tratamientos, la economía registra un desempeño raquítico en el sexenio, los recursos faltan en tareas fundamentales, y en general se advierte un gran desorden en cuanto a todo lo que hace el gobierno. El 90% de honestidad y 10% de capacidad ha resultado no ser ni lo uno ni lo otro. Lo único claro es que quieren dejar al país con sus propias ideas –regresando a lo que existía en la década de los 70, que es lo que el Presidente recuerda y añora.

Lo grave de todo este iluso regreso a un pasado extinto y una realidad alterna es, por ejemplo, que nuestro país tiene una oportunidad histórica para despegar en base al repliegue de proveeduría y cadenas de suministro en EU. El distanciamiento con China presenta una coyuntura para que el motor económico americano no dependa de fábricas y proveedores del otro lado del mundo en que cuestiones sanitarias, de logística o de regulaciones haga impredecible su desempeño. Y no obstante lo anterior, en lugar de abrazar estas inversiones que podrían convertir a México en un imán de nuevos proyectos y un polo de desarrollo exponencial con el T-MEC como cimiento, el Presidente decide cancelar planes, ofender la seguridad jurídica, y plantear una reforma energética reprobable y absurda.

Por ello es que no es entendible que un Presidente que dijo querer ser el mejor en su clase siga en campaña de destrucción. Con ya menos de tres años las preguntas adicionales en la mesa: ¿cuál es la necesidad (necedad) de seguir en esta campaña absurda?, ¿por qué nadie en su círculo cercano le hace ver el error de destino?, ¿cómo entregará el país con este derrotero? Preguntas relevantes, pocas o nulas respuestas.

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Y ante esta situación, la única propuesta viable es que exista una gran coalición de ciudadanos (a la que se sumen partidos políticos) y que fije el diseño de un mejor futuro para México. Esa suma ciudadana debe establecer prioridades con miras a las elecciones en 2022, 2023 y, particularmente, en 2024. Ya se trabaja en esas tareas y pronto se darán a conocer los alcances de la propuesta que logre dar oxígeno a un país que se ahoga en problemas y que no cuenta con sensatez en Palacio Nacional. Pero solamente con una oferta convincente será posible derrotar la demagogia del mandatario que hoy lo sigue manteniendo con altos niveles de popularidad.

Si queremos un país de justicia, seguridad, trabajo, salud y economía, estemos atentos para sumarse a una forma real de rescate y propuesta. Es la ciudadanía el eje de todo y no como estamos ahora sujetos a simples caprichos y desatinos. Sí hay alternativas. Pacientes. Es el momento de la ciudadanía.

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Notas del editor:

Juan Francisco Torres Landa es Miembro Directivo de UNE.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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