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#ZonaLibre | Felicidad: la asignatura pendiente

La infelicidad salta a la vista. Al salir a la calle podemos encontrar rostros severos . La agresividad ha aumentado, el prejuicio y la combatividad sobre otros han contaminado el ambiente.
jue 14 octubre 2021 12:05 AM
El fracaso puede llevar a la depresión si no se aprende a percibir los fallos como temporales, locales y cambiables. (Foto: iStock by Getty Images)
La pandemia ha afectado la salud mental de las personas.

Eran las 12:18 de esa importante tarde. Nos remontaremos al pasado, al 1 de diciembre, en la principal plaza pública del país. El Zócalo capitalino repleto, donde se escuchaban las palabras: “No se condenará a quienes nacen pobres a morir pobres”, exclamaba el presidente Andrés Manuel López Obrador, justo en el evento donde se le proclamaba nuevo ejecutivo.

Luego de esto, el tabasqueño anunció que las cosas en el ambiente político y social cambiarían drásticamente. “¡Todos los seres humanos tienen derecho a ser felices!”, gritó.

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Cuando era candidato, López Obrador repetía una y otra vez que el pueblo mexicano encontraría “la felicidad” a través de su gobierno. Esa propuesta cautivó la atención y el apoyo de decenas de miles de mexicanos, pues era una oferta irresistible.

Pero, ¿qué es la felicidad y cómo lograría un gobierno provocarla en un país como México?

Para el psicólogo y antropólogo Mihaly Csikszentmihalyi “la felicidad es el estado emocional… que se caracteriza por la sensación de bienestar y realización que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos; es un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten.

“La felicidad es una condición subjetiva y relativa. Como tal, no existen requisitos objetivos para ser felices: dos personas no tienen por qué ser felices por las mismas razones o en las mismas condiciones y circunstancias”.

Tiene que ver con zonas cerebrales, de hormonas (endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina) que deben correr a través de nuestro cerebro para lograr que sintamos una satisfacción plena.

El derecho a la búsqueda de la felicidad es el principio de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. ¿A qué se refería Thomas Jefferson?

La felicidad social –o felicidad común– puede ser definida como “el sentimiento de fraternidad predominante en todo el género humano, cuando una persona siente la angustia de la infelicidad al ver que otros padecen por distintos motivos. La felicidad común se fundamenta en la solidaridad, la libertad y el respeto. Es la más grande excelencia de la empatía”.

Quizá las definiciones y conceptos sobre felicidad individual y social, puedan diferir mucho de la realidad que se vive en nuestro país.

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La infelicidad salta a la vista. Al salir a la calle podemos encontrar rostros severos o miradas caídas. La agresividad ha aumentado, el prejuicio y la combatividad sobre otros han contaminado el ambiente. Las palabras suelen ser agrias y causan agravios.

Todo esto, aderezado con el duelo y la zozobra que ha provocado la pandemia.

Aunque México ocupa el vigésimo tercer país más feliz del mundo, según el Índice Mundial de Felicidad, elaborado por Naciones Unidas, la conducta sombría de la mayoría de los mexicanos refleja que nuestra condición dista mucho de ser felices, algunos, ya no tienen la intención de buscar esa lejana “felicidad”, que tanto prometió el presidente en campaña.

El valle de sombra

El domingo 10 de octubre se celebró el Día Internacional de la Salud Mental, una fecha significativa para analizar y reflexionar sobre que hacemos todos para participar en el tema de las enfermedades y trastornos en la mente. Según un informe de la Academia Nacional de Medicina de México, actualmente los mexicanos sufren trastornos en aumento significativo en el tema de depresión (36.3%), ansiedad (37.7%) e insomnio (11.1%). Lo interesante es que estamos muy por debajo de otros países, que tienen números mucho más altos en dichos trastornos.

Del estudio que se realizó puede explicarse por tres situaciones:

- La primera y más relevante es la concordancia con las altas puntuaciones de resiliencia que presenta la población mexicana ante situaciones de estrés.

- En segundo lugar, el poco uso de servicios de salud mental ante la presencia de estas patologías. Es decir, se presume que estos pacientes presentaban sintomatología antes de la pandemia y no recibieron atención.

- Por último, que quienes reportaron un padecimiento previo podían estar bajo tratamiento, lo que impidió que la severidad de la sintomatología aumentara.

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Se estima que para el año 2022, la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo, y la primera en países “en vías de desarrollo”, como México. Sería justo preguntarnos ¿cuántas personas en el país pueden acudir gratuitamente a una terapia para analizar su condición mental?

Los prejuicios han estigmatizado la lucha por la salud mental. La afrenta que existe respecto a las enfermedades psiquiátricas hace que las personas que las padecen deben enfrentar las complicaciones propias de su padecimiento, marginación social, económica y en ocasiones laboral. Las personas no suelen acudir con un psiquiatra o psicólogo hasta sufrir un ataque de pánico o una crisis nerviosa.

En 2019, según la Asociación Psiquiátrica Mexicana, más del 30% de la población en México ya sufría algún padecimiento que afectaba su salud mental, pero durante la pandemia esos números han crecido de manera exponencial. En nuestro país, los fármacos contra la depresión y los ansiolíticos representaban en promedio un 15% de los medicamentos prescritos para tratar estos padecimientos, ahora ya representan el 30% del consumo, de acuerdo con la Asociación Nacional de Farmacias de México (Anafarmex).

La salud mental de los mexicanos le compete directamente a los gobiernos, comenzando desde luego por el ejecutivo nacional. La felicidad solo se logrará con más recursos en salud mental.

Según la columnista de Expansión, Jimena Cándano , la salud mental en México es un tema irrelevante para la 4T: “parece que el gobierno no ha dimensionado el tamaño de la problemática y lo necesario que resulta su intervención; si no dedicamos una parte importante del presupuesto público a su atención, los resultados de esta crisis que estamos viviendo impactaran en más suicidios, depresión y por supuesto un crecimiento en los índices de violencia”.

La realidad es que casi todos la estamos pasando mal. Lograr un ambiente distinto dentro de la sociedad también es responsabilidad de cada persona; de ti y de mí. Finalmente, todos estamos inmersos en esta marea de problemas, duelo y desgracias constantes.

La solución podría estar en un gesto de empatía, con una sonrisa que quizá no se pueda ver a causa del cubrebocas, pero que hemos aprendido a reconocer en la mirada.

Olvidemos por un momento la polarización y los desgastantes embates entre los grupos políticos contrarios y pensemos que nuestra actitud puede trascender para aliviar un poco el temor, la angustia, incertidumbre, ansiedad, tristeza y decenas de trastornos con los que convivimos la mayoría.

Si los gobiernos han fallado en la atención a la salud mental, no lo hagamos nosotros. Esta complicada etapa puede influir en nosotros, una nueva forma de coexistir en sociedad. Una sonrisa, o una palabra amable, entre cada persona funcionará bastante para contagiarnos y cambiar poco a poco el ambiente.

O al menos es un primer paso.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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