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#BuróParlamentario | ¿Qué será de los chapulines?

En México, la principal causa del transfuguismo de los legisladores son los “berrinches de continuidad”; es decir, cuando los líderes le niegan a un político alguna candidatura o cargo.
lun 11 enero 2021 11:00 AM
Chapulineo.
El cambio de legisladores de un partido a otro se relaciona con los tiempos electorales.

Esta semana se publicó una nota periodística sobre la iniciativa que presentó un congresista federal para inhibir el chapulineo de los legisladores.

El tema es sin duda, de interés para la democracia. Sobre todo, si tomamos en cuenta que, en tiempos de campaña, los políticos bajan de su olimpo gerencial para pedir nuestro voto, prometiéndonos que orientarán su gestión bajo los principios y plataformas de un determinado partido. Pero una vez electos, al primer motivo que encuentran para cambiar de camiseta partidista, nuestros legisladores experimentan la metamorfosis que los convierte en chapulines.

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Este fenómeno ha sido cada vez más común en nuestra Cámara de Diputados. Empezó con 14 legisladores que cambiaron de partido en la LIX Legislatura (2000-2003) hasta llegar a la estratosférica cifra de 55 chapulines en la LXIII (2015-2018). Sin comentar que en la actual legislatura ya llevamos 45 insectos saltarines, incluyendo el caso de un diputado que desde que recibió su constancia ha militado en 4 partidos diferentes (2 veces en uno mismo) además de declararse independiente en algún momento de su travesía por las aguas partidistas de la asamblea.

Un rasgo característico de nuestros chapulines es su creatividad para explicar las causas de su promiscuidad. El 90% de las declaraciones de los diputados que han cambiado de partido refieren a “diferencias ideológicas” o “desacuerdos con el rumbo” que ha tomado el partido que dejan. Sin embargo, es por demás conocido que la principal causa del transfuguismo es lo que podríamos llamar “berrinches de continuidad”. Cuando los líderes partidarios le niegan a un político alguna candidatura o cargo que éste esperaba (o creía tener los méritos para obtener) la reacción más común es que el personaje sea afilie a otro partido que sí esté dispuesto a ofrecerle el futuro que tanto ansía. No es coincidencia que las plagas de chapulines se den cuando hay procesos electorales en los estados o hacia el final de las legislaturas, que es precisamente cuando los políticos están al acecho de su siguiente trabajo con cargo al erario.

Otra causa del chapulineo en México es el “intercambio amistoso”. Este se ha dado cuando un partido le “presta” algunos diputados a alguna fuerza aliada para que pueda conformar una mayoría u ocupar algún espacio de gobierno en el congreso. Un caso reciente fue el traspaso de varios diputados de Morena y el PES al PT para que este último partido pusiera ocupar presidencia de la Mesa Directiva.

Naturalmente, legislar para limitar el chapulineo no ha sido una prioridad entre los diputados. Entre 1 de septiembre de 1997 y el viernes pasado se habían presentado un total de 20 proyectos de reforma para regular el transfuguismo partidista, que representan el .075% del total de iniciativas promovidas en la Cámara. Sobra comentar que ninguno de ellos ha prosperado.

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La preocupación por regular este asunto se empezó a presentar a partir de octubre de 2018. En los 21 años previos solo se habían redactado sesis proyectos de reforma sobre el chapulineo. El partido que más iniciativas ha promovido sobre el tema, es Morena, seguido por el PAN.

Entre los proyectos de reforma se pueden encontrar algunas iniciativas radicales como las de Efrén Leyva Acevedo (PRI) y Hortensia Noroña (PRI) para expulsar u obligar a renunciar al cargo a los diputados que cambien de partido.

Hay también proyectos que impiden a los congresistas cambiar de partido durante el primer año de la legislatura; que los habilitan para cambiar de partido solo una vez durante su encargo; o tener que militar durante al menos un año en un partido para poder ejercer cargos de representación popular bajo sus siglas. Estas iniciativas, que son mucho más realistas fueron promovidas respectivamente, por Laura Rojas (PAN), Lizbeth Guerra (Morena) y Jesús Sesma (PVEM).

Finalmente, queda por preguntarse si este fenómeno se puede evitar, o al menos controlar en un futuro cercano. En mi opinión, los diputados chapulines son una fauna política endémica que difícilmente se erradicará de nuestra democracia. En primer lugar, cualquier reforma que restrinja a los diputados para asociarse al partido que más les convenga, puede ser combatida bajo el argumento de que es violatoria de sus derechos políticos. En todo caso, si el asunto llegara hasta la Suprema Corte, esta tendría que establecer si se antepone el derecho de asociación de los políticos a derechos como el buen gobierno o la representación justa de los ciudadanos que habitan en un distrito o una circunscripción y que votaron por un producto con publicidad engañosa.

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Sin embargo, no todo está perdido. La amplia respuesta (del 90%) que tuvo la convocatoria para la reelección inmediata de diputados y la forma en que están diseñadas las reglas, podrían reducir los incentivos de los diputados para cambiar de partido indiscriminadamente. Y es que la Constitución les impide postularse por un partido en el cual hubieran militado menos de la mitad de su mandato (1.5 años). Es decir, si un diputado quiere reelegirse bajo las siglas de un partido, debe hacerlo por el mismo instituto que lo postuló inicialmente. O bien, haberse cambiado de partido antes de la mitad de su mandato. Si bien es cierto que los legisladores pueden chantajear a sus líderes partidistas con llevarse a sus electores con ellos, si no hacen su cambio de partido a tiempo tendrían que buscar su reelección como independientes. Y como hemos visto, los candidatos independientes aun no representan una verdadera competencia para los candidatos que compiten arropados por la bandera (y los recursos) de algún partido.

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Nota: Sergio A. Bárcena es doctor en Ciencia Política por la UNAM. Especialista en Poder Legislativo. Investigador del Tec de Monterrey y director de la asociación Buró Parlamentario.

Buró Parlamentario es una asociación civil que busca vigilar al Poder Legislativo promoviendo una ciudadanía informada, activa y participativa.

Twitter: @BuroParlamento

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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