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Crítica y civilidad

¿Cómo es que al presidente le sale tan bien, y le funciona tan estupendamente, hacerse la víctima para luego asumir el papel de inquisidor?
mar 27 octubre 2020 11:59 PM
reforma
El presidente López Obrador en una crítica a los medios que le señalan errores en su gobierno.

No recuerdo ninguna ocasión en la que López Obrador haya replicado alguna crítica con datos o argumentos puntuales y sin descalificar a quienes la hayan formulado. Su estilo de liderazgo, por llamarle de algún modo, tiene esa característica: por un lado, responde como si toda crítica equivaliera a un ataque; por el otro, más que defenderse de las críticas lo que hace es lanzarse contra los críticos. No responde a lo que dicen, se dedica a poner en entredicho la legitimidad de sus voces.

Sí recuerdo, en cambio, muchas críticas rigurosas, justas, basadas en las decisiones que ha tomado, en sus costos y resultados. Desde luego, también recuerdo varios ataques, tan exuberantes en los adjetivos como escasos de sustancia (llamarle “comunista” es, quizá, uno de los más emblemáticos), que ningún favor le hacen tampoco a la cultura del debate mas terminan viniéndole como anillo al dedo a un presidente empeñado en convertir cualquier desacuerdo en motivo para antagonizar, con razón o sin ella.

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No creo que la cuestión sea solo que el presidente tiene la piel delgada; creo, más allá de que acuse o no ese rasgo de personalidad, que hacerse la víctima para luego asumir el papel de inquisidor es un recurso que le sale muy bien y le ha funcionado estupendamente. ¿Por qué?

Por un lado, porque es una manera de apelar a arraigados sentimientos sociales muy ávidos de encontrar cierto tipo de validación política, aunque a su vez muy susceptibles de ser instrumentalizados para propósitos que nada tienen que ver con sus causas. Y, por el otro lado, porque es una forma de evitarse el doble fastidio de admitir hechos que no corresponden con su relato y de aceptar lo que pueda haber de válido en las opiniones que le son desfavorables.

Es un recurso, en suma, que le permite a López Obrador representar agravios e ignorar inconvenientes. Y a través del cual termina ahorrándose el esfuerzo de cultivar la civilidad, esa virtud que hace posible la vida en común a pesar de nuestras diferencias. Porque pretenderse moralmente superior, en ese sentido, no es otra cosa que ubicarse por encima de quienes piensan distinto y, al hacerlo, exentarse de la obligación de tolerarlos, de incluirlos, de escucharlos, en fin, de reconocerlos como sujetos con dignidad y tratarlos como los ciudadanos, es decir como los iguales, que son.

 

Con todo, el problema no se agota en la persona o, mejor dicho, en el personaje del presidente. Tiene que ver con la pedagogía que promueve desde el poder, sin duda, con las señales que manda, pero también con la sociedad que las recibe, con los valores, actitudes y experiencias en los que dicha pedagogía incívica encuentra terreno fértil para desarrollarse, o desde los que no se generan suficientes anticuerpos para contrarrestarla con eficacia.

No eximo a López Obrador ni a sus adeptos de su responsabilidad, advierto que además de señalarla es necesario tratar de entender las condiciones sociales que le han dado viabilidad a un liderazgo y un movimiento tan hostiles al pluralismo, al debate y a la crítica.

Sí, hay conjeturas obvias y más o menos fundadas al respecto, verosímiles. Todas remiten, de un modo u otro, a un catálogo de fenómenos conocidos y que suenan razonables (desigualdad, corrupción, violencia, discriminación o impunidad, por ejemplo) pero cuya lógica causal hace falta investigar más meticulosa y profundamente.

Explicar no es solo postular que una cosa es causa de otra, es desentrañar los mecanismos concretos que hacen efectiva dicha relación de causalidad. Por mucho que nos estamos acostumbrando, lo cierto es que no deja de ser muy rara, disonante, una democracia donde la civilidad parece ya tan prescindible y la figura del crítico está más desacreditada que la del propagandista. Esto no es normal.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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