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El mito de la destrucción de la democracia

López Obrador no está destruyendo la democracia mexicana, sino gobernando con una mayoría democráticamente ganada.
lun 26 octubre 2020 11:59 PM
Morena en el congreso.jpg
Los legisladores de Morena han respaldado todas las reformas del presidente.

Quienes creen que López Obrador está destruyendo la democracia argumentan que su gobierno ha hecho tres cosas: nombramientos de personas ideológicamente afines en organismos clave, recortes que han afectado el funcionamiento de instituciones autónomas y reformas críticas por medio de su mayoría en el Congreso.

Se equivocan. No cabe duda de que muchas de las acciones de López Obrador son criticables, pero no por ello son antidemocráticas, al menos no las tres mencionadas anteriormente. Explico.

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La democracia mexicana, a través de sus leyes, prevé que un presidente con mayoría en el Congreso tenga facultades para realizar nombramientos, definir el presupuesto y reformar las leyes. Esas facultades legales no son una suerte de autoritarismo consumado, sino todo lo contrario. Son la evidencia de que las instituciones mexicanas están diseñadas para repensarse cuando los votantes se expresan en las urnas.

Me parece que la principal falacia en la argumentación de quienes dicen que la democracia mexicana está siendo destruida es asumir que hay instituciones que no pueden reformarse. No es así. Una democracia debe (a) proteger las garantías individuales y (b) mantener un arreglo institucional que permita la alternancia política. Pero fuera de eso, ninguna institución democrática per se, por sí misma, es intocable. Ninguna.

De hecho, en una democracia, todas las instituciones (incluso, las autónomas) deben ser potencialmente reformables porque las políticas públicas son, por definición, cuestionables. La democracia es un gobierno que muta, que cambia cada tres años, dependiendo de los resultados de las urnas. En cada votación, el arreglo institucional puede reformarse. Si no fuera así, no seríamos una democracia, sino un gobierno de instituciones congeladas.

Ese proceso de mutación constante es la razón por la cual la democracia es virtuosa. La democracia asegura que las preferencias de los individuos sean atendidas y que si no lo son, se pida un cambio.

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No es inherentemente antidemocrático que un partido político tenga control del Poder Ejecutivo y mayoría en el Legislativo. Si el voto popular así lo definió, las mayorías son democráticas. La realidad es que, nos guste o no, la democracia no es un gobierno de consenso sino de mayorías.

Si acaso, lo que resulta un tanto sorprende es que López Obrador no haya usado su liderazgo dentro de Morena para influir aún más en las decisiones del Congreso.

Comparados con congresistas de otros partidos, los legisladores de Morena son diversos y poco disciplinados. Grupos de cabildeo han logrado influenciar profundamente a ciertos diputados. Es más, si bien todos los legisladores son deferentes ante la agenda que llevó a López Obrador al poder, en muchos aspectos operan más bien como un grupo de tribus que se apuñalan unas a otras.

La democracia no es el gobierno de los que saben, ni de los informados, ni de las personas con más educación. La democracia es el gobierno de lo que eligen las mayorías, nos guste o no. Si a alguien no le gusta cómo piensan las mayorías porque las considera ignorantes, poco informadas, o poco educadas, deben dar la lucha por cambiar cómo piensan las mayorías.

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La lucha no es presentar amparos para congelar cambios institucionales, colonizar el poder judicial a partir de la influencia de abogados afines, o cabildear uno a uno a líderes de partidos políticos. La lucha por convencer y organizar mayorías. Esa es la democracia. La democracia no es que la gente haga lo que los intelectuales piensan que es correcto, es que hagan lo que ellos crean que es correcto.

En general, el que no gusten las reformas de López Obrador no justifica que se tilde a su gobierno automáticamente de antidemocrático. Lo antidemocrático sería que fuera imposible para un presidente que ganó con tanto margen, como lo hizo él, que se implementaran cambios.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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