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#ZonaLibre | La autodestrucción de Morena

Morena vive una especie de autosabotaje, la pérdida de todos los valores que pregonaba, tales como la batalla contra la corrupción o la honestidad.
mié 14 octubre 2020 11:59 PM
Morena
De acuerdo con los resultados de la encuesta de reconocimiento, organizada por el INE, Porfirio Muñoz Ledo ocupa el primer lugar con 41.7% de reconocimiento a la presidencia de Morena, seguido de Mario Delgado (27.1%).

Todo se trata de Andrés Manuel: el partido más exitoso en las encuestas en México, tiene como pilar y guía al presidente de México. Durante meses, los líderes de Morena se han peleado entre ellos, buscando demostrar quien tiene una mayor fidelidad y lealtad hacia quien ostenta el Poder Ejecutivo. En su intento, el partido sufre una división convulsionante, de manera inexplicable.

Desde su creación como asociación civil, aquel 2 de octubre del 2011, Andrés Manuel López Obrador declaró que Morena sería por siempre el espíritu de un movimiento social.

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Fue hasta el 26 de enero de 2014 que celebrarían su asamblea general constitutiva y que dio sustento a la creación del nuevo partido político nacional, cuando el Consejo General del Instituto Nacional Electoral aprobó por unanimidad el registro de Morena como partido político. Desde entonces, ha conseguido, no solo la presidencia de la República, sino seis gubernaturas: Chiapas, Ciudad de México, Puebla, Tabasco, Veracruz y Baja California. Cuenta, además, con 191 diputados federales y 55 senadores de la República.

El partido de AMLO está posicionado como el gran favorito en los comicios más grandes de la historia, del próximo 6 de junio de 2021. Una situación seriamente envidiable por la oposición, que no ha logrado sumar un frente amplio para derrotar a los lopezobradoristas.

Y es que los números son impactantes, Morena tiene el 39% de las preferencias electorales, seguido de Acción Nacional con el 11% y el Partido Revolucionario Institucional con un 10%, esto de acuerdo con una encuesta del periódico El Financiero. Incluso, la aprobación del presidente López Obrador ha crecido notablemente de junio a septiembre, pues subió del 56 a 62%.

Las noticias de los números favorables, para los distintos grupos dentro de Morena deberían de ser alentadores, inspiradores y estimulantes rumbo a la elección de 2021, cuando más de 95 millones de personas podrán votar y se renovarán 21,000 cargos de elección popular.

Si el día de hoy fueran las elecciones, Morena aplastaría a los demás partidos de manera impresionante. Parecería que todo estaría preparado para que el partido lopezobradorista se convierta en una especie de “partidazo”, como lo fue el PRI durante décadas; sin embargo, algo muy pútrido sucede en lo más profundo de su organización.

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Sucia elección interna

Luego del ya muy cuestionado empate entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, el INE ha decretado que entre el 16 y el 22 de octubre se realizará la segunda y definitiva encuesta, de la que resultará el próximo presidente del instituto político.

Ahora bien, es impresionante que, teniendo los números a su favor, el partido del presidente se autodestruya por culpa de los distintos líderes que buscan a toda costa tomar el control absoluto del partido, primeramente imponiendo a un presidente nacional y con ello tener ventaja para sumar candidaturas en el país.

Es muy complicado que Morena se pueda autonominar como un partido de “izquierda”. Si bien, sus inicios si se remontan al Foro de Sao Paulo, un acuerdo latinoamericano entre partidos socialistas, marxistas y comunistas. Al día de hoy se encuentra muy lejano de ese espectro político.

A Morena lo integran militantes egresados de todos los partidos y corrientes políticas, incluyendo el PAN y de otros pensamientos aún más conservadores. Desde la llegada de la 4T al poder, los seguidores de López Obrador tuvieron que aceptar que el pragmatismo sería la máxima. De pronto, nombramientos polémicos contrariaron a los más férreos defensores del movimiento de regeneración nacional, surgieron entonces, nombres como Germán Martínez y Manuel Espino, quienes fueron presidentes nacionales de Acción Nacional, o Manuel Bartlett, un expriista recalcitrante.

Desde entonces, los fieles partidarios de Morena no ha sabido cómo defender a ciertos personajes que llegan de otros partidos políticos, con pasados polémicos, no solo a encontrar abrigo, sino a ocupar puestos o candidaturas.

Este agotador proceso de alegar a favor del presidente en todo momento llega a su cúspide con la elección del presidente del partido.

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Las constantes acusaciones entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado llegan a una situación donde el daño puede ser irreversible para el próximo 22 de octubre que se determine un ganador.

Morena vive una especie de autosabotaje: la pérdida de todos los valores que pregonaba, tales como la batalla contra la corrupción o la honestidad.

Las tribus internas se han radicalizado, a tal punto que han manchado no solo la elección interna, sino todos y cada uno de los procesos que realizan hacia adentro de un partido que está en constante descomposición.

A poco menos de un mes de que se conozcan los personajes que representarán a Morena en las distintas candidaturas, se vislumbra una pelea atroz, donde habrán miles de heridos y algunos muertos políticos. ¡Cuando más necesita el presidente de su propio partido, es cuando ha decidido autodestruirse!

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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