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Emergencia y prioridades

Las emergencias nos muestran quién es una persona, cómo se relacionan los integrantes de una sociedad, de qué está hecho un liderazgo.
mar 21 julio 2020 11:59 PM
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Respaldo mutuo. El presidente y el subsecretario López-Gatell han acordado mantener una misma estrategia frente al coronavirus, aunque se contradigan en los mensajes.

Las emergencias son el momento de la verdad. Nos muestran quién es una persona, cómo se relacionan los integrantes de una sociedad, de qué está hecho un liderazgo. Las expectativas cambian, los recursos escasean, el tiempo apremia. En medio de esa angustiosa sensación de anormalidad, de esa súbita perturbación de las rutinas del día a día, siempre hay nortes: afectos, valores, compromisos que ayudan a no perder el sentido de la orientación y que definen –consciente o inconscientemente– las decisiones que cada quien toma para tratar de navegar la tormenta.

No es cierto que las emergencias provoquen el colapso de los relatos que nos contamos sobre nosotros mismos –sobre la honestidad, la sensatez o la solidaridad que nos gusta creer que nos caracterizan–. Lo que ocurre, más bien, es que las emergencias ponen esos relatos a prueba. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos? ¿Cuáles son nuestras prioridades? Toda respuesta a una emergencia constituye, de un modo u otro, una respuesta a esas preguntas.

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La emergencia por el coronavirus no es solo una emergencia, es varias emergencias es una. Es difícil exagerar la complejidad de los dilemas que semejante escenario plantea y la diversidad de ámbitos que trastoca, desde lo más íntimo hasta lo más público. Pero no es difícil advertir las consecuencias, el golpe que la epidemia y sus efectos van a significar, tanto en el corto como en el largo plazo, en especial entre los sectores más vulnerables de la población. Porque esas consecuencias no son ni serán iguales para todos.

En México, por ejemplo, trabajar desde casa es posible acaso para el 20 o 23% de los trabajadores, probablemente menos. Encima, ese porcentaje no está distribuido de modo homogéneo. Regionalmente, en entidades como la Ciudad de México o Nuevo León dicho porcentaje rebasa el 30%, mientras que en otras como Chiapas, Hidalgo o Michoacán no llega ni al 18%. En términos de ingreso, las ocupaciones que pueden llevarse a cabo de manera remota se concentran en los tres deciles más altos de la distribución. Y en términos de género, en esos deciles de mayores ingresos es más elevado el porcentaje de hombres que el de mujeres con trabajos susceptibles de hacerse desde casa (tomo los datos del estudio de Luis Monroy-Gómez-Franco publicado por el CEEY en abril pasado ).

Sobre la vulnerabilidad que padecen las mujeres hay que considerar, además, las brechas respecto a los hombres en tasa de desempleo, 18% contra 8%; ingreso promedio mensual, $5,029 contra $5,825, y horas semanales que dedican al trabajo no remunerado de cuidados, 43 contra 17 ( Reporte Especial Covid 19 de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza ). Y el aumento de la violencia doméstica durante el confinamiento: las llamadas al 911 han crecido alrededor de 20%, la atención en instancias municipales y estatales ha tenido que ampliarse entre 20 y 30%, y la Red Nacional de Refugios ha tenido que brindar 70% más apoyos que en 2019 ( ONU Mujeres ). Y el incremento en 30% de los embarazos no deseados, por la imposibilidad de satisfacer las necesidades de acceso a métodos de anticoncepción durante la epidemia ( CONAPO ). ¿Cómo no concluir, en suma, que en esta emergencia los problemas de las mujeres son más graves y exigen ser atendidos con más urgencia que nunca?

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No son especulaciones, no es una campaña de desinformación, no son noticias falsas. Son datos públicos, fidedignos, que cuantifican experiencias de injusticia y sufrimiento que pueden evitarse o al menos mitigarse. Pero el gobierno federal, lejos de reaccionar, insiste en su política de austeridad y le recorta presupuesto a programas que promueven la salud reproductiva, que ayudan a mujeres embarazadas, que previenen y atienden la violencia de género, que investigan y producen indicadores sobre esos temas: a las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana , a las Alertas de Violencia de Género , al Instituto Nacional de las Mujeres

“El impacto social de la pandemia tiene rostro de mujer”, dijo Alicia Bárcena apenas en junio pasado . La situación que describen sus palabras no espera y nos increpa, en términos personales, sociales y de gobierno: ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos? ¿Cuáles son nuestras prioridades?

“Vale la pena todo lo que (Emilio Lozoya) va a decir" | #EnSegundos

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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