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#LaEstampa | Los dos mundos de López Obrador

El presidente y su círculo cercano se han vuelto expertos en la distracción; saben soltar una bola de estambre pegajosa y provocar que la sociedad no se fije en lo que debería indignarla.
jue 18 junio 2020 11:59 PM
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Chumel Torres y el juez Uriel Villegas.

Seguir el rumbo del gobierno de México que encabeza Andrés Manuel López Obrador se ha vuelto un ejercicio a dos frentes.

Por un lado está la creciente lista de intentos de distracción que el presidente de México pone en la agenda pública a cada oportunidad.

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En esa categoría se inscriben asuntos tan absurdos como la revelación del documento apócrifo que daba a conocer (es un decir) el supuesto “bloque opositor” contra el presidente y su partido. En esa misma categoría está el decálogo que le escuchamos al presidente la semana pasada y en el que pretende guiar a los mexicanos rumbo a la nueva normalidad. Ahí también el debate sobre lo apropiado de la comedia de Chumel Torres y el famoso foro de Conapred.

Todos esos asuntos ocuparon la discusión por horas y horas y horas. Merecieron columnas de opinión y programas de debate. Y está bien que así haya sido, porque ilustran el vacío discursivo y hasta intelectual de la presidencia de México. El presidente de México parece ejercer de predicador, crítico y narrador en jefe de la vida nacional. De todo, menos de presidente

Pero, en el fondo, todo esto está lejos de ser el frente más importante de la discusión sobre el rumbo del gobierno.

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El otro frente, el que realmente debería ocupar la mayor parte de la atención de la opinión pública mexicana, es el que ofrece el verdadero diagnóstico del país. Eso incluye el mal manejo de la pandemia, la obstinación incomprensible de resistirse a un estímulo económico potente, el constante ataque a los órganos regulatorios autónomos y, por supuesto, episodios tan alarmantes como el asesinato del juez Uriel Villegas, en Colima. Éstos son los asuntos que realmente importan.

El presidente de México y su círculo cercano se han vuelto expertos, incluso más de lo que ya lo eran, en la distracción. Saben que si ocupan la agenda con una bola de estambre pegajosa e irresistible como el decálogo, el BOA o los pecados de Chumel, es menos probable que la sociedad mexicana se fije en lo que realmente debería indignarle. Hay que resistir la distracción. Ahora hay poco espacio para lo menos importante. No hay experto en economía, salud o seguridad pública que no advierta que sobre el país se han encaramado nubes oscuras. Hay que mirarlas con claridad y hay que atenderlas. Las otras, por divertidas que sean, no deberían merecer mayor atención.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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