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#ColumnaInvitada | La geopolítica de la pandemia

Se afirma que una vez que la crisis por el coronavirus haya terminado las élites políticas cambiarán; el mundo después del COVID-19 podría experimentar cambios, algunos de ellos tal vez para bien.
mar 14 abril 2020 06:30 AM
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El mapa geopolítico cambiará tras la epidemia.

La pandemia de SARS CoV2 (COVID 19) tiene y, seguirá observando, consecuencias importantes en materia de salud pública, de política económica y de balances regionales. La gravedad de esos efectos dependerá de cuánto tiempo el mundo se encuentre paralizado.

Las proyecciones sobre las consecuencias estructurales e institucionales a nivel internacional se presentan de diversa índole. Por un lado, se asegura la caída del capitalismo como se le conoce. Por otro, se afirma que una vez que la crisis haya terminado, las élites políticas pedirán más austeridad, incluyendo recortes en gasto de salud, salariales y aumentos de impuestos. Lo anterior con el objetivo de reducir el gasto público y con ello, intentar disminuir cualquier deuda pública contraída durante la crisis.

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A nivel internacional, y de forma global, las relaciones entre los Estados se determinan por múltiples variables que aún permanecen sin muchos cambios. La distribución del poder, medida principalmente a través de una combinación entre activos económicos y militares nacionales, así como alianzas regionales, está casi intacta. La economía de Estados Unidos ciertamente está recibiendo un gran golpe a raíz de un mal manejo de la pandemia. Sin embargo, casi la mitad de los mercados de exportación de China están detenidos, y el dólar continúa siendo la moneda utilizada para mantener las reservas mundiales, respaldando más del 90 por ciento de todas las transacciones globales. La pandemia no muestra signos de cambiar este hecho básico.

Habiendo dicho lo anterior, es innegable que la pandemia modificará el escenario internacional. Lo importante es pensar ¿qué tanto y de qué forma? Los fracasos iniciales de Washington, tanto al interior como al exterior, serán costosos no solo en términos de vidas, sino también en su capacidad de liderazgo. Esta última ya bastante mermada por la visión nacionalista de su presidente. Por otro lado, Beijing ha sido agresivo en sus esfuerzos por consolidar apoyos diplomáticos. En términos de alianzas, en un inicio China enfrentó importantes críticas a nivel mundial debido a la falta de transparencia y represión inicial con la que trató el surgimiento del virus SARS CoV2. Sin embargo, China en este momento se coloca como punta de lanza en la investigación para desarrollar algún tipo de tratamiento o vacuna, sus científicos son elogiados por encontrar información clave en la comprensión del nuevo virus, y sus esfuerzos por suministrar insumos no pasan desapercibidos.

En Estados Unidos, la administración actual hasta ahora no ha demostrado prácticamente ninguna capacidad de liderazgo. En contraste con la administración de Obama, que organizó al G20 para prevenir el proteccionismo y mejorar la coordinación después de la crisis financiera de 2008, la respuesta del gobierno estadounidense actual se caracteriza por ser, al menos, descoordinada. Otro claro ejemplo de debilitamiento de Estado Unidos es que ni uno solo de sus aliados quiso apoyar la insistencia del secretario de Estado, Mike Pompeo, para que el G7 emitiera un comunicado que etiquetara al SARS CoV2 como el “virus Wuhan”. Ello fue un claro intento de culpar y aislar a China.

No obstante, es demasiado pronto para predecir que una crisis de corta duración podría colocar de alguna manera a China como líder regional o global en el largo plazo. Cualquier expectativa de cambio a nivel global se verá significativamente influenciada por las decisiones que tomen los gobernantes en cada país, el resultado de las elecciones estadounidenses y el éxito de la investigación que genere alguna vacuna o tratamiento.

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En cuanto a la Unión Europea (UE), la salud no es una competencia central de la Unión. Pero incluso si las respuestas tenían que ser tomadas inicialmente a nivel nacional, la UE dejó sola a Italia, y seguramente otros más podrían seguir ese mismo camino, tal vez los Estados de los Balcanes. En Europa, se han cerrado las fronteras unilateralmente y los ministerios de asuntos exteriores están negociando entre sí sobre los derechos de tránsito de los ciudadanos de la UE para viajar a sus hogares a través de otros estados miembros. Pero incluso, aunque el tema de la salud no está en el centro de las competencias de la Unión, la incapacidad de movilizar una respuesta coordinada a la crisis seguramente ha asestado un golpe a la UE. La falta de solidaridad europea fue sorprendente. La solicitud de asistencia de Italia fue inicialmente ignorada. Incluso algunos estados europeos bloquearon las exportaciones de suministros y equipos médicos, lo que permitió a China intervenir para ofrecer ayuda, reforzando así su influencia global. Después de la crisis de los migrantes y el Brexit, es posible que el daño por el manejo de esta crisis ya esté hecho y es probable que el resentimiento persista.

El futuro de la cooperación internacional podría suponer una serie de compromisos diplomáticos efectivos. Por ejemplo, un amplio esfuerzo coordinado a través de la Organización Mundial de la Salud para establecer normas internacionales para la recopilación y el análisis preciso de estadísticas en materia de salud, una estrategia internacional para generar reservas de equipos médicos y un impulso para la creación de centros regionales para el control de enfermedades.

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En el siglo XIV, una vez que las muertes masivas por plaga terminaron, las élites feudales intentaron reimponer sus viejos privilegios y tradiciones. En aquel entonces, ello condujo a revueltas inmediatas y sangrientas, como el Gran Levantamiento de 1381 en Inglaterra. Si bien en esta ocasión no necesariamente se anticipan revueltas a escala global, si las personas en distintos países comienzan a exigir cambios en el acceso a la salud, en la precariedad laboral, y en el ejercicio de los derechos humanos básicos, el mundo después del COVID 19 podría experimentar cambios, algunos de ellos tal vez para bien.

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Nota del editor: la autora es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación en la Universidad Panamericana.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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