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La Estampa | Colegio Cervantes: la pérdida de la inocencia

El niño José Ángel sabía para qué servía el arma y cómo usarla, cómo hacer daño, cómo matar; para él, como para muchos niños mexicanos las armas ya no son un asunto de imaginación.
jue 16 enero 2020 12:15 PM
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Tragedia: Los disparos provocados por un niño en una escuela de Torreón mostraron la facilidad de acceso de los menores a un arma.

La balacera en el Colegio Cervantes de Torreón nos ha dejado una nueva imagen para el largo catálogo del horror en México. La imagen del cuerpo contrahecho de José Ángel, con las rodillas dobladas como un muñeco de trapo, sin rastro ya de vida, es emblemática de tanto de lo que ha sufrido nuestro país en los últimos años (por respeto al lector, Expansión Política ha decidido no acompañar esta estampa con la imagen original, pero el lector sabe bien a qué fotografía me refiero).

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Lo es porque demuestra la familiaridad la violencia con la que han crecido miles y miles de niños mexicanos que, a lo largo de ya cerca de quince años han abierto los ojos cada mañana con la conciencia plena de que la agresión homicida está ahí, a la vuelta de la esquina.

Lo es también porque es evidencia incontrovertible de la cercanía de las herramientas de la muerte. El muchacho cargaba una pistola calibre .40, un arma mucho más grande que sus manos de niño.

La tenencia del arma, por supuesto, estaba prohibida. Sobra decir también que el muchacho no debió haber tenido acceso a ella jamás. Pero ambos argumentos esconden un horror mayor.

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José Ángel sabía para qué servía el arma, cómo usarla, cómo hacer daño, cómo matar. Para él, como para sabrá Dios cuántos niños mexicanos, las armas ya no son un asunto de imaginación. Están ahí, de una u otra manera, muy cerca, como la violencia misma.

Por último, la imagen de José Ángel muerto en medio de su escuela de Torreón, con el rostro deshecho de un balazo por su propia mano, ilustra algo particularmente doloroso.

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En México, la inocencia está perdiendo un sitio. Y con la pérdida de la inocencia se ha perdido la idea de la seguridad, de poder crecer en paz. O quizá ha sido al revés: los niños han dejado de crecer en paz y por ello han perdido la inocencia. Sin refugio no hay paz y sin paz no hay lugar para la infancia.

¿Qué ocurre con un país cuyos niños crecen así? ¿Qué pasa en un país que carece de niñez? Lo vimos en Torreón. Tristemente, lo veremos otra vez.

Lee más: Tras tiroteo en Torreón, Redim pide reducir disponibilidad de armas

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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