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Culiacán, la incapacidad y la polarización

El dilema no es si una vida vale más que una detención, presidente; no son los "conservadores"; el problema es que su gobierno puso en riesgo a la población por no planear, opina Don Porfirio Salinas.
lun 21 octubre 2019 06:00 AM
Don Porfirio Salinas
Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera.

Los hechos de Culiacán deben obligarnos a todos a cerrar filas y a trabajar en unidad para recuperar la paz del país. En crisis como ésta, es fundamental sumar esfuerzos. Pero el presidente López Obrador y su gobierno deben convocar, en lugar de reaccionar polarizando como lo hicieron.

La primera obligación del presidente y su gobierno era la de informar públicamente de manera inmediata para acallar versiones y rumores, de reconocer la gravedad de la situación y los errores, y de invitar a toda la sociedad a mantenernos unidos.

Pero el presidente optó por el silencio absoluto, a pesar de su conocida necesidad de salir diario a medios a la menor provocación. Ahora que realmente se presentó una crisis, decidió esconderse, dando la sensación de una ausencia total del Ejecutivo.

Cuando, finalmente salió, en su mañanera del viernes, lejos de invitar a la unidad, asumir responsabilidades, y dar explicaciones y claridad; el presidente se dedicó a justificar lo sucedido, a atacar a sus detractores y a señalar a los gobiernos anteriores.

En tono defensivo, señaló: “No se trata de masacres, eso ya se terminó, no puede valer más la captura de un delincuente, que las vidas de las personas”.

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Ese no es el dilema, presidente. Nadie cuestiona salvaguardar la vida de las personas, al contrario. El problema es que su gobierno puso en riesgo a toda la población de Culiacán. Fue el error de no planear, de no prever, de actuar de manera irresponsable lo que hizo llegar a este punto.

Dijo: “Lo de ayer, fue un hecho lamentable que se presentó (...) se me hace una exageración decir que ha fracasado nuestra estrategia, eso es lo que quieren, se frotan las manos, buscando que fracasemos”.

Nadie busca el fracaso gubernamental en un tema tan delicado como la crisis de violencia e inseguridad que vivimos. Todos queremos tranquilidad. Pero a nadie le queda clara su estrategia, ni a su propio gabinete. Ni siquiera sabemos si existe una estrategia, más allá de sus discursos".

Argumentó que “...no se puede apagar el fuego con el fuego, esta es la diferencia a lo que han hecho los anteriores gobiernos, nosotros no queremos muertos, no queremos la guerra, esto le cuesta entender a muchos, pero la estrategia que se estaba aplicando anteriormente convirtió al país en un cementerio, eso ya no, lo he dicho mil veces nada por la fuerza, todo por el derecho”.

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Lo poco que conocemos de su estrategia es la creación de la Guardia Nacional, conformada por Fuerzas Armadas. Es decir, sigue siendo la misma estrategia militar de los gobiernos anteriores. Poco o nada ha dicho o hecho este gobierno en materia de prevención, igual que sus predecesores.

Por supuesto que es urgente actuar apegado a derecho pero, si como se rumora, se realizó el operativo de captura sin siquiera tener orden de cateo o aprehensión, se les olvidó el derecho.

Aseveró que: “El poder no es prepotencia, no es violencia, el poder es humildad, el poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se convierte en favor de los demás...”.

La prepotencia ha plagado las declaraciones presidenciales. Con soberbia se ha tratado de justificar lo ocurrido, desacreditando cualquier voz crítica al respecto. Y la humildad ha sido la gran ausente, pues ni se ha reconocido el grave error cometido, ni se ha mostrado disposición a ser ayudados.

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Declaró que: “Acerca de que, si se demostró debilidad del estado, eso es más que nada una conjetura de los expertos, sobre todo de nuestros adversarios, los conservadores, quienes no van a estar contentos con nada y van siempre a cuestionarnos...”.

No se trata de “adversarios o conservadores”, Presidente, se trata de la población. Se trata de una ciudadanía en vilo que a partir del jueves se siente aún más vulnerable ante los errores cometidos.

No son los “conservadores”, fue la irresponsabilidad e impericia de su gabinete de seguridad lo que generó la crisis y puso en riesgo las vidas de los culiacanenses. Es usted, titular del Ejecutivo Federal y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, quien le falló a los mexicanos con este episodio.

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Sobre la debilidad del Estado, pues, basta ver lo que medios de todo el mundo han publicado: “Fue una humillación para el gobierno”, “el gobierno fue sometido por los criminales”, “fue una muestra de gran debilidad gubernamental”, “el narco torció el brazo al gobierno”. Han de ser conservadores.

A cuatro días de lo acontecido, seguimos sin saber realmente qué pasó, quiénes son responsables, a qué se debió el error. Seguimos sólo con rumores, ante el vacío de información oficial completa.

Lo que sí sabemos es que hubo una total falta de inteligencia y coordinación. Sabemos que se sentó un precedente terrible para los grupos criminales. Sabemos que perdimos todos.

Presidente, usted es un experto comunicador, use esa habilidad para generar certidumbre, no para esconder el problema y las falencias de su gobierno, mucho menos para evadir responsabilidades. Lo de Culiacán debe implicar la salida de todo el gabinete de seguridad".

Está a tiempo de corregir lo que ha sido el peor y más riesgoso error de su gobierno, no permita que la soberbia y el egocentrismo lo nublen.

Señor Presidente, usted ganó bajo la promesa de recuperar al país, en todos los aspectos. Insiste en que usted es diferente a todo lo que criticó. Y definitivamente es diferente en las formas, pero no en sus resultados; su gobierno sigue llevando al país en picada, igual que los anteriores.

Si realmente quiere dar resultados diferentes, debe recular, demostrar que lo suyo no sólo es discurso y demagogia, y que es capaz de sumar. Todos estaremos dispuestos a colaborar. Su gobierno claramente necesita ayuda, es momento de que se deje ayudar, por el bien de México.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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