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José José y el ADN social

La voz dulce y tierna del maestro José José está atrapada en nuestro ADN social, la necesitamos en el México actual, asegura Caleb Ordóñez.
mié 09 octubre 2019 02:38 PM
Caleb Ordóñez promo
Abogado, comunicador y especialista en Periodismo digital por la Universidad Complutense de Madrid.

La única compañía termina siendo la soledad, para todos aquellos que tienen que dejar su tierra para buscar una mejor realidad. Aquellos que tienen que sufrir las inclemencias del clima, los peligros y maltratos, para migrar hacia el “sueño americano”, en Estados Unidos.

Esa era la realidad de Adán Torres, quien narra lo que sucedía en 1977. “Cansado por el duro trabajo y cayendo en sueño profundo, la entrañable melancolía que me embargaba me llevó a un encuentro de fantasía con mi esposa, y en forma vívida la acaricié con cariño y besé con dulzura”, intempestivamente Almohada, la canción que José José hizo un éxito rotundo, fue escrita por el nicaragüense Adán Torres. “Todo desapareció y me encontré solo, entre cuatro paredes y abrazado a la almohada; creo que casi entre dormido y despierto me levanté y comencé a escribir lo que fue un hermoso sueño”.

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Torres regresaba a su tierra natal y le suplicaría a José José que interpretara su canción. Cuando el cantante mexicano escuchó la canción y la explicación de la razón por la cual fue escrita, de inmediato aceptó grabarla.

La canción Almohada más allá de las millones de ocasiones que se ha cantado en el mundo y la bella melodía. Hoy en día es un himno para migrantes, quienes se ven reflejados en la letra: “Amor como el nuestro no hay dos en la vida. Por más que se busque, por más que se esconda”.

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Un mexicano amado, pretendido por el PRI

El legado de José Rómulo en la sociedad mexicana es innegable. Vendió más de 100 millones de discos alrededor del mundo, y las descargas digitales suman otras millones más. Grabó un total de 27 discos de estudio, tres en vivo, apareció en 12 películas y grabó más de 30 videos musicales.

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La tentación de participar en política fue continua. Al iniciar el gobierno de Miguel de la Madrid, México sufría la crisis más severa que se recuerde, reflejo de la crisis mundial agravada por viejos desequilibrios en la planta productiva, el comercio y las finanzas públicas. El peso se había devaluado más de 100% en menos de un año, y se había establecido un tipo de cambio dual, controlado y libre; en el mercado libre el dólar llegó a 150 pesos.

A la par, en ese 1982, José José gozaba de la más alta popularidad, sacaba el disco “Mi vida” y “20 triunfadoras”, su disco más vendido, que todas y cada una de las canciones fueron éxitos.

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El presidente de la Madrid pidió entrevistarse con el aplaudido artista, y en una reunión en Los Pinos fue tajante y directo: “Necesito de tu ayuda José. Afíliate al partido”. Le proponía una nueva carrera política, pues “El pueblo de México lo necesitaba”. La respuesta de José José fue una rotunda negativa, desde entonces y todas las veces que se le invitó a participar en alguna aventura política.

En páginas tristes de la historia mexicana, como el sismo de 1985 en la Ciudad de México, las canciones interpretadas por el capitalino de la colonia Clavería resultaron como bálsamo para una sociedad aterrada por lo sucedido".

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Los incómodos: amigos colombianos

Hace un par de años, conocí y pude entrevistar a uno de los narcotraficantes más despiadados de Colombia, nada más y nada menos que el hermano de Pablo Escobar Gaviria. Su nombre es Roberto Escobar Gaviria, a quien le apodan “El osito”.

El expreso, y ahora narcotraficante retirado, me relataba los tiempos cuando su hermano y él eran los delincuentes más buscados del mundo. De pronto, Roberto me preguntó “Oiga, ¿a usted le gusta José José?”. Un giro completamente inesperado en esa tarde calurosa en Medellín. De pronto, la entrevista se tornó en una especie de recuerdos y fragmentos de las canciones del interprete, lo que emocionó a “El osito” quien ordenó a sus ayudantes a traer cervezas inmediatamente.

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No me quedaría con la duda, así que le pregunté: “¿Usted conoció a José José?”. “¡Por supuesto que sí!”, me respondió con una amplia sonrisa. “Es mi amigo, lo tuvimos en la casa varias veces para deleitarnos con su voz”.

Imagino que esas fiestas eran impresionantes, le contesté. “Mire, José es un buen hombre, un hombre noble, nunca le gustó lo que hacíamos, a lo que nos dedicábamos y le incomodaba nuestro estilo de vida”.

Una escuela sentimental para México y América Latina

Ha sido un acierto los últimos homenajes que se han realizado por parte del gobierno de la República, tanto el traslado de sus restos, desde Miami a través de un avión de la fuerza militar; así como el haber abierto las puertas del Palacio de Bellas Artes.

Es importante recordar que la vida de José José influyó en millones de personas más allá de la música. Su voz y las canciones que interpretó son parte de nuestra educación sentimental. Además, muy pocos mexicanos pueden presumir que unen a todas las generaciones, como lo sigue haciendo su música.

Personas como José Rómulo Sosa Ortiz dejan un legado social que queda marcado, un mexicano que representó la lucha de su vida con grandes éxitos y estrepitosos fracasos, que lo hizo identificarse con la realidad de la decadencia de la humanidad, desamores y problemas.

Simplemente, México no puede existir en el imaginario social sin José José. Así de grande es la pérdida para un país, que lamentablemente, convive en medio de la polarización y la división. Que cada vez hay menos voces como las de José José que llamaban a la reconciliación y la unidad de las personas.

Que el mejor homenaje a José José vaya más allá de escuchar su música y brindar por su vida, sino honrar el legado que deja luchando por vivir, cuando los fantasmas de las adicciones y la autodestrucción lo quisieron vencer.

La voz dulce y tierna del maestro José José está atrapada en nuestro ADN social, la necesitamos en el México actual y en todas las etapas que vengan".

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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