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De “mamacitas abnegadas”, a madres transformadoras

El presidente López Obrador llamó a los delincuentes a que piensen en sus "mamacitas", puede parecer un mensaje vano y sin sentido, pero no está tan equivocado, asegura Caleb Ordóñez.
mié 11 septiembre 2019 07:00 AM
Caleb Ordóñez promo
Abogado, comunicador y especialista en Periodismo digital por la Universidad Complutense de Madrid.

Siempre abnegada, sin embargo, fuerte, valiente y protectora. La imagen de la madre en México es siempre admirada e inspiradora. Abordada desde diferentes arquetipos en la cultura nacional; en la historia, el cine, la literatura y la política.

Desde los tiempos remotos del imperio azteca, tenían por diosa a “Tonantzin”, que se relacionaba con la tierra y la fertilidad. A pesar de la conquista, la figura de esta divinidad era conservada por los españoles, quienes idearon el sincretismo religioso de sustituirla por “Cuatlalupetl”, sumándole la situación de virgen, resultando Guadalupe como se le conoce mundialmente.

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La figura de Guadalupe es reconocida y respetada por millones, incluso más del 80% de los mexicanos se considera “guadalupano” (incluido el presidente).

En nuestro país, la imagen de la figura materna es un símbolo religioso, que sufre por la maldad. La madre tiene un lugar sacro, intocable e inmaculado. La virgen de Guadalupe es una inclusión de creencias y pueblos, representando desde el estandarte de Hidalgo a la patria y representa hasta hoy, a México ante el mundo.

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Ante esta realidad, no es coincidencia que el partido morena haya adoptado el nombre de su movimiento, recordando a la “morenita de Tepeyac” como también se le conoce a Guadalupe. Esa imagen está muy dentro del ADN del grupo social más humilde, quienes son también los más creyentes.

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Apelando al sufrimiento maternal

El pasado 7 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los delincuentes que piensen en sus madres y dejen las actividades ilícitas.

“Están mal, así no es la cosa. Yo los llamó a que recapaciten que piensen en ellos, pero sobre todo que piensen en sus familias, que piensen en sus madres, sus mamacitas, saben cuanto sufren las mamás por el amor sublime que se le tienen a los hijos y ellos tienen que pensar en eso”, señaló.

Aunque parezca un mensaje vano y sin sentido, López Obrador no está tan equivocado al referirse a las madres y el efecto que provocan en cualquier mexicano; pues la gran mayoría tenemos un respeto absoluto por dicha figura. Sin embargo, la imagen de la madre inmaculada no tiene mucha realidad hoy en día.

La mujer mexicana tiende a ser sobreprotectora de sus hijos y los ejemplos de madres de delincuentes culturalmente, más allá de reprenderlos, suelen justificarlos".

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Una de los ejemplos más claros de cómo una madre puede proteger los actos criminales de sus hijos es María Consuelo Loera Pérez, madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera.

En 2015, mientras “El Chapo” estaba prófugo de la justicia, doña Consuelo daba una entrevista para el semanario sinaloense RioDoce; entonces, la aguerrida y religiosa madre del capo más peligroso del mundo, aseguraba que estaba orgullosa de su hijo, “Archivaldo (Joaquín Guzmán) es bueno, Dios ha tocado su corazón para ayudarnos en el pueblo. La gente está triste por su situación”.

¿Le parece duro estar tanto tiempo sin verlo?, le pregunta la reportera.

“Pues sí, pero yo sé que mi Dios me lo protege. Porque mire, mi Dios no quiere que esté preso, por eso él pone los medios para que él salga, y el gobierno no entiende eso: hay un ser poderoso que está encima de todo y él es el que manda”.

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En otra entrevista, la periodista María Antonieta Collins, le preguntaba: “¿Uno como madre los cría?”. Doña Consuelo le respondía: “Sí, uno los cría y mientras que están a la responsabilidad de uno, uno sabe, ¿verdad? Si ellos hacen bien o mal, uno sigue siendo su madre y ellos siguen siendo nuestros hijos. Todos en las iglesias están orando por él (El Chapo), y sé que el Señor es el que mueve los corazones y sé que Dios va a conmover sus corazones (el de las autoridades) y dejarán de perseguirlo”, sentenciaba.

La respuesta es íntima

Los mexicanos hemos depositado en las manos de los gobernantes la lucha de la delincuencia. Pues ellos tienen los medios, los recursos económicos, militares y policiacos.

Lo contradictorio es que más del 70% de los ciudadanos no confían en que el gobierno sea capaz de acabar con la violencia en el país. Mientras que cada seis años, se deposita la confianza en un candidato, un partido político u otro, pasa el sexenio y la desesperación, decepción y enojo son cada vez mayúsculos.

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El presidente López Obrador tiene bien identificado el ámbito correcto donde se debe atacar el problema de la violencia. Sin embargo, manda erróneamente el mensaje al minimizar el rol de la madre. Es verdad que una solución más allá de lo que pueda o no hacer el gobierno está en los hogares, principalmente en la figura materna, dado que, lamentablemente, la imagen paterna está desdibujada y hasta desterrada de millones de hogares mexicanos.

Durante décadas en México se ha debatido sobre el machismo que ha desbordado en la misoginia (odio a la mujer) presente en nuestros días. ¿Quién educó a tantos hombres violentos, violadores y asesinos?".

La gran mayoría de madres mexicanas aman profundamente a sus hijos. Ellas, en el segmento de familia que se ubiquen, tienen un reto muy grande por sanear socialmente a la sociedad. Dejando de ser condescendientes y sacrificadas con sus hijos, enseñando a los varones a proteger y respetar a las mujeres, reprendiendo cualquier actitud y palabra machista del niño. Reconociendo que todo lo que se aprenderá en casa, se expondrá algún día.

Las madres tienen “armas especiales” sobre sus hijos, pues sabe como hablarles, conoce sus fortalezas y debilidades.

Por supuesto que el reto es para las familias, no solo para las madres, el gran reto es devolver los valores a cada integrante, sin quitarle total responsabilidad a los tres niveles de gobierno.

Cada quien haciendo lo que nos corresponde, sin lavarnos las manos. Más allá de pedirle a los maleantes “no dañar a sus mamacitas”, sería más valioso mostrar los beneficios, tanto de los programas y políticas públicas, que se tienen a favor de empoderar a las madres, para que dejen de ser aquellas “pobrecitas” que tienen hijos malos.

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Los cambios no serán mágicos, los delincuentes no irán a pedir perdón a sus madres, dejar las armas y su vida criminal. Sin embargo, cuando nazca un movimiento contracultural de madres (apoyadas por todos) con el férreo ideal de formar a hijos sin solaparlos, justificarlos o defenderlos ciegamente; encaminándolos a no tolerar la violencia, la corrupción o la delincuencia. Entonces, existirá la esperanza suficiente, para creer que los niveles de criminalidad, el narco y la violencia, en un día no muy lejano, estarán derrotados.

Cuando una persona decide cambiar, se transforma su entorno. Si muchas personas deciden cambiar, transforman a su país.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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