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#ZonaLibre | La ciudad del terror

La vía de explicar los crímenes como hechos pasionales no está funcionando; es momento de dar un golpe de timón, el gobierno de la CDMX tiene una imagen débil y derrotista, asegura Caleb Ordóñez.
mié 31 julio 2019 11:57 AM
Caleb Ordóñez promo
Abogado, comunicador y especialista en Periodismo digital por la Universidad Complutense de Madrid.

Esperanza los tenía de frente, esperaba el momento perfecto. Sentada en una mesa de un restaurante, en la plaza Artz Pedregal, tenía clara su misión: acribillar a los israelíes, quienes, nunca imaginaron, tendrían su última plática y su último bocado.

Diez metros de distancia era todo lo que les alejaba de su homicida; Esperanza sabía que era el momento. Afuera del lugar, sus cómplices hacían disparos con armas largas y amedrentaban a los guardias, conspirando a fin de que cuando el crimen ocurriera, dentro del restaurante, la policía estuviera confundida entre los sucesos.

Eran las cinco y veintidós de la tarde, Esperanza y su acompañante vieron que “La Güera” –quien presuntamente sirvió de “gancho”– se alejaba de la pareja de extranjeros. Los sicarios se levantaron de sus sillas y arremetieron contra el cuerpo de Azulay Alón y luego en el suelo en contra de Ben Sutchi Bini Amin.

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Esperanza no sabe qué hacer, corre de un lado al otro del lugar, mientras los comensales se han arrojado al suelo, en plena crisis. Finalmente, una voz le grita a la gatillera: “¡Vámonos, mamá!”. Ambos salen corriendo del lugar apoyados por un tercero quien los esperaba en la peurta.

Esperanza es captada por las cámaras de la Ciudad de México, sale del centro comercial, desorbitada, sin rumbo fijo, camina más de prisa, incluso se va quitando prendas de vestir, llega al Periférico y camina en sentido contrario, hasta que el final llega con la presencia de la policía y el aseguramiento de la mujer, quien desesperada decía no saber nada de lo que minutos había perpetrado.

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La presión era demasiada ese 24 de julio, la Secretaría de Seguridad Ciudadana tenía que dar una versión de lo ocurrido. Decidieron irse por la vía sencilla, la rápida: un crimen pasional. Esto ayudó a bajar la presión. Sin embargo, las cosas no concordaban, no tenían lógica alguna.

Fue hasta el día siguiente, cuando las redes sociales estallaban y los analistas dudaban de la relatoría de los hechos, cuando un tímido y cabizbajo Jesús Orta, secretario de Seguridad Ciudadana, aceptó que se habían equivocado en el veredicto inicial, no se trataba de una infidelidad por parte de las víctimas, sino de un ataque frontal, de un ajuste de cuentas al estilo más común y recurrente de los cárteles presentes en el país y por supuesto en la Ciudad de México.

Finalmente, el secretario de Seguridad a nivel federal, Alfonso Durazo, tuvo que ser más tajante: “Se trata de disputas entre organizaciones criminales, un reacomodo, fue por lavado de dinero”.

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Crisis tras crisis

Apenas en junio pasado la capital del país estaba en duelo por el secuestro y asesinato de dos jóvenes: el estudiante Norberto Ronquillo y Leonardo Avedaño.

Extrañamente, en ambos casos, el gobierno de la Ciudad de México fomentó en primera instancia, la idea de que pudieron tratarse de crímenes pasionales, si, justo como el del Artz.

No era para menos, que el ambiente en la ciudad empezará a llenarse de temor, los datos son terribles. Ciertamente, el gobierno de Miguel Ángel Mancera “maquilló” y clasificó erróneamente los delitos; sin embargo, no ha cambiado mucho o nada la situación con la nueva jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. Al contrario, los números rojos se han duplicado desde enero a la fecha.

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De acuerdo con la encuesta de seguridad que realiza la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco Servytur) cada trimestre se reportó que más de 20 comercios de cada 100 fueron víctimas de la delincuencia en la Ciudad de México. Los ilícitos que se cometieron en contra de los comercios son asaltos, con un alto incremento, y una incidencia de 37.2%; 30.3%, robos, y 31.8%, extorsión. Según este estudio, es el arranque de gobierno con más robos violentos de la historia.

Diariamente vemos en redes sociales un nuevo video de atracos en alguna zona de la ciudad más grande del país. Puede ser desde un peatón, en un pesero, una combi o un asalto en el pleno tráfico. Tal como le ocurrió al boxeador Julio César Chávez, quien a través de un video denunció que unos motociclistas lo “encañonaron” para quitarle sus pertenencias.

Taxistas o choferes de Uber que drogan a sus usuarios, los secuestran, violan o incluso asesinan. El terror está por doquier.

El golpe de la existente y latente crisis de inseguridad en la capital tiene a Claudia Sheinbaum en las cuerdas. Según las últimas encuestas, donde su aprobación ha caído hasta un 39% y su desaprobación asciende al 43%, según el periódico El Universal.

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Las malas decisiones en cuanto a comunicación, la estrategia de estar constantemente culpando a los gobiernos anteriores de la descomposición de la capital y el silencio ha puesto en evidencia la falta de coordinación entre la Procuraduría de la Ciudad de México y la Secretaría de Seguridad federal. Un caos del que Sheinbaum pretende hacer frente con la Guardia Nacional, desplegándola ahora en las estaciones de Metro.

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Ahora o nunca

Es momento de hacer un golpe de timón, porque la imagen hoy presenta al gobierno como débil y derrotista; porque los cárteles del crimen organizado siguen expandiéndose por todos los puntos cardinales de la megaurbe con todo y Guardia Nacional; porque la zozobra existe en cada calle y la amenaza constante a los ciudadanos, es el temor que los agobia, deprime y desalienta.

Es momento de dejar atrás la soberbia y la arrogancia, para hacer frente a un flagelo que se ha presentado con anterioridad. Pero fue justamente Andrés Manuel López Obrador, quien siendo jefe de Gobierno y ante las constantes quejas ciudadanas, decidió atajar el tema con un programa de “tolerancia cero”, una estrategia del ex alcalde Neoyorquino Rudolph Giuliani. Con esa medida, durante su mandato, se redujeron 20% los homicidios dolosos y en 60% los secuestros, por citar algunos. Cuando se quiere, se puede.

La sonrisa de Sheinbaum está guardada desde hace meses en el cajón. La mística y emoción que mostraba en campaña ya son sólo un recuerdo. Hoy, ante esta crisis, es tiempo de actuar, ¿o es que la “4T” no ha llegado aún a la Ciudad de México?

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