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¿Por qué aman y odian a AMLO?

López Obrador es un presidente “sui géneris”, muy difícil de entender, un político que tiene la capacidad de llenar de veneno a su favor y en su contra a las multitudes, escribe Caleb Ordóñez.
mié 03 julio 2019 06:00 AM
AMLO Zócalo
Festejo. El pasado lunes 1 de Julio, AMLO celebró su primer aniversario y dirigió un mensaje a “los suyos”.

¿Qué provoca AMLO para ser tan odiado? ¿Por qué su figura despierta resentimiento y hasta desprecio en algunos sectores de México? A la vez, ¿cómo puede un presidente tener en algunas encuestas más del 70% de aprobación después de un año de su elección, ser tan amado y defendido? ¿Qué es todo eso que nos provoca López Obrador?

El presidente de México no viene de una cuna acomodada, ni tampoco llegó a la presidencia solamente por tener una buena estrategia en redes sociales o en mercadotecnia política. AMLO tiene una historia llena de sudor y cicatrices que lo llevaron a lo más alto.

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Andrés Manuel se forjó en el trópico y la libertad, en la villa Tepetitán, Macuspana, un recóndito poblado del Estado de Tabasco. Entre ríos y lagunas, el pequeño AMLO tenía una vida feliz y sencilla, amante del beisbol y admirador de la naturaleza, así lo recuerdan sus paisanos. Una niñez envidiable, en comparación a la de millones de infantes mexicanos hoy en día.

Las cosas cambiaron para Andrés Manuel, en 1974, Carlos Pellicer, llamado “el Poeta de América” fue quien le inspiró y despertó un cosquilleo político eterno. En 1977, ya como funcionario público en Tabasco, López Obrador comenzó a conocer los vaivenes y obstáculos que se presentan en el mundo de la “grilla”.

Luego, el PRI lo nombraría presidente estatal, pero sus ganas de reformar al partido para democratizarlo le cerrarían las puertas y se iría a radicar a la Ciudad de México.

En 1988, una decisión haría que su fama se extendiera en todo su Estado natal. A un gran costo personal: renunciar a su querido PRI. Una invitación directa de Cuauhtémoc Cárdenas y un “sí”, así comenzaría una serie de candidaturas y a la vez una tortura tras otra; AMLO tomaba la decisión de integrarse a la lucha del Frente Democrático Nacional y perdía en un escenario lleno de supuestas consistencias relatadas por él mismo.

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La efervescencia y las caídas

Una cosa es un fraude en las urnas y otra muy distinta es la desigualdad, el hambre, la ignominia, los abusos y la miseria que han sufrido millones de personas en el país. Eso dice haber conocido López Obrador, no a través de los libros y los periódicos, sino en un largo caminar, reclamando un segundo fraude electoral en Tabasco, ahora en 1994 frente al priista Roberto Madrazo.

La llamada “Caravana por la democracia” incluyó desde toma de pozos petroleros con conatos de bronca continuos con el gobierno, así como una agotadora marcha, de diversos grupos de izquierda afines a AMLO, hasta la Ciudad de México. Ese “despertar” de los grupos más “jodidos” del país que reclamaban representación ya tenían un nuevo líder.

El logro de hacer voltear los ojos de los capitalinos a la cruda realidad “provinciana” lo llevaría, primero, a la dirigencia nacional del PRD y, en el año 2000, a la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal.

En 2003, se había convertido en una especie de “Robin Hood mexicano” decían en rotativos internacionales como el Washington Post.

El 2006 fue emblemático. Luego de que Vicente Fox buscara desaforarlo y llevarlo a prisión, los números de aprobación a favor del gobierno de AMLO subieron hasta el 91%. Una serie de eventos multitudinarios con el eslogan “Por el bien de todos, primero los pobres”, hicieron que López Obrador (a quienes los empresarios de esa época llamaban “el peligro para México”) se adueñara de el Zócalo, desde el inicio de su campaña a la presidencia, así como a la protesta por otro supuesto fraude electoral del que se documentaron decenas de inconsistencias en todo el país.

Millones de mexicanos lo apoyaron en ese tiempo; sin embargo, otros más se decepcionaron luego de la “toma de Reforma” que llevó a perdidas por más de 7 mil millones de pesos, así como más de 3 mil despidos, según la CANIRAC.

Su terquedad o perseverancia, de llegar una vez más a la candidatura del 2012 fue bien vista por muchos y mal vista por otros, quienes lo abandonaron. Finalmente, su segundo intento por la presidencia fracasó al perder frente a Enrique Peña Nieto por poco menos de 6%. Muchos pensaban que el caminar electoral de AMLO se había terminado.

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Un año

El pasado lunes 1 de Julio AMLO celebró algo que podría parecer imposible para muchos que lo han visto en la lona una y otra vez: el presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, celebraba su primer aniversario y dirigió un mensaje a “los suyos”.

Se han escrito miles de letras y se ha hablado hasta el cansancio sobre su actuar al frente de la presidencia. Algunos le aplauden, otros le señalan que hay muchísimos errores, omisiones y fallas; muestras de intolerancia, alianzas inconcebibles, verdades a medias, muestras de impunidad al no perseguir a los exgobernadores, improvisación, ineptitud por parte de sus colaboradores, entre decenas de desatinos más.

Mientras hay algunos que siempre lo verán como el “underdog”, o bien el tipo que sufre bullying y sale adelante, una y otra vez.

López Obrador es un presidente “sui géneris”, muy difícil de entender, un político que tiene la capacidad de llenar de veneno a su favor y en su contra a las multitudes.

López Obrador no es perfecto, tiene un partido político dividido y algunos de sus aplaudidores en redes sociales –y ahora medios tradicionales– llegan a ser insoportables. Pero él ha demostrado que a partir de su triunfo electoral, busca ser distinto a los anteriores mandatarios y congruente con su mensaje en contra de la pobreza.

Sus números hablan, el lleno descomunal del Zócalo o esas encuestas que le dan desde el 60% hasta más del 70% gritan que sus votantes lo siguen amando. Quienes le apuestan son los sectores más pobres o desprotegidos. Así como los más jóvenes que aún no tienen un patrimonio propio, pero ensueñan un país más justo o al menos equilibrado.

Quienes lo odian también se manifiestan y hacen marchas, gritan consignas de todo tipo; detestan su estilo de gobernar, su forma de hablar y de polarizar a la sociedad.

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AMLOVERS vs. AMLOFÓBICOS… ¿y los demás?

Todo esto no es nuevo, López Obrador se dice, el único que ha visitado cada uno de los municipios del país. Durante años, ha recabado amores y odios por todas partes. Y también heridos y muertos políticos.

Pero quizá lo que más odia la oposición de AMLO es que ningún partido o candidato independiente tiene el mismo bagaje acumulado por años para poder enfrentarle, es decir, no hay un “López Obrador” de izquierda, centro o derecha que se pueda enfrentar al AMLO presidente.

La oposición luce desierta, mutilada, desmembrada y desdibujada. El odio contra el presidente tiene un sabor a desesperación y ansiedad, por no tener un solo “gallo” que se le pueda enfrentar.

Y quienes lo aman, pareciera que lo hacen hasta el fanatismo: ¿será un amor eterno o les romperá el corazón?

¿Pero qué pasa con aquellos que no lo odian, e incluso podríamos decir que le quieren, le aprecian pero no le creen al 100%? Ese tercer grupo de personas que incluso le dieron su voto o le han tenido buena voluntad; sin embargo, están desconcertados, que se convierten en presas de la decepción al notar incongruencias que consideran ha tenido el actual presidente y prefieren quedarse callados, como simples espectadores, desilusionados.

No todo con AMLO es polarización amor-odio. También la incertidumbre y la tristeza priva en muchos y grandes sectores de gente que busca el bien del país sin radicalizarse, que incluso podría ser la mayoría silenciosa. ¿Le interesa ese grupo al presidente?

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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