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Pese a ser más popular que AMLO, Sheinbaum enfrenta descontento social por desabasto de medicinas y bajos salarios

El descontento de maestros, agricultores, transportistas, jóvenes y trabajadores de la salud puede tener costos para la presidenta Claudia Sheinbaum en las elecciones de 2027.
En la imagen, la presidenta Claudia Sheinbaum y algunos episodios de manifestaciones en su gobierno.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum es la gobernante más popular de los últimos años, su gobierno no está exento de movilizaciones. (Fotos: Cuartoscuro.)

“No hay divorcio entre pueblo y gobierno”, aseguró la presidenta Claudia Sheinbaum el 27 de septiembre en el cierre de su gira ‘Honestidad y Resultados’ por sus primeros dos años de gestión. Sin embargo, distintas movilizaciones han evidenciado el descontento de sectores como el personal de salud, los maestros, los transportistas, los agricultores y los colectivos de familiares de personas desaparecidas, así como de integrantes de la generación Z.

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Las movilizaciones contra la presidenta Claudia Sheinbaum se dan a pesar de que es la mandataria federal más popular que ha tenido México. La primera mujer en gobernar México tiene 70% de aprobación ciudadana, de acuerdo con una encuesta de El Financiero . Su antecesor , Andrés Manuel López Obrador, llegó a su segundo año con un promedio de respaldo de 66%, y Enrique Peña Nieto con 39%.

Sin embargo, su popularidad no la ha exentado de movilizaciones sociales, algunas de ellas por el clima de violencia en el país, por el desabasto de medicamentos e insumos médicos o para derogar reformas como la educativa y para mejorar condiciones salariales; también, para pedir precios justos para las cosechas y para garantizar carreteras seguras.

Especialistas consultados explican que el descontento social no es generalizado, aunque admiten que no es un asunto menor, sobre todo en la antesala de las elecciones intermedias de 2027, en las que más allá de las 17 gubernaturas y la Cámara de Diputados, estará en juego el futuro de su proyecto político.

“Vemos estos signos de descontento social, ha sido un año complejo para la presidenta, y sin duda la presidenta estará experimentando los costos, que los podríamos ver en 2027 en las elecciones, intermedias”, plantea Alfonso Rivera Illingworth, profesor del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey (ITESM).


La popularidad no basta

La presidenta Claudia Sheinbaum niega que en México haya descontento social, aunque reconoce que hay sectores que tienen demandas específicas, a los que, afirma, se les atiende.

"En México no hay problemas, bueno, sí hay muchos problemas, pero los atendemos, pero no hay un asunto que tenga que ver con un descontento social, no existe eso. Hay ciertos grupos que no están de acuerdo con medidas y se les atiende”, planteó en junio pasado.

El arranque de su gobierno generó como en otros sexenios esperanzas de progreso y de atender problemas pendientes, sin embargo, al concluir su primer año, el descontento social comenzó a brotar.

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Todo gobierno suele enfrentar descontento social, independientemente de que sea un presidente popular.

Rivera Illingworth explica que ello responde a la falta de solución de problemas añejos para el país y a la incapacidad del manejo administrativo correcto de ciertos problemas.

A pesar de que haya popularidad, a pesar de que las transferencias de recursos vía programas sociales sean bien recibidas, hay problemas”

Jóvenes de la "Generación Z" fueron de los primeros grupos detonaron un movimiento que reunió a cientos de ellos en las calles de la Ciudad de México para protestar en noviembre de 2025. A esa convocatoria se sumó el movimiento del Sombrero, del expresidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo.

La presidenta desestimó esa movilización y aseguró que más que por jóvenes nacidos entre 1997 y 2012, estaba compuesta por adultos, y la vinculó a la oposición en México.

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“Más que algunos jóvenes que legítimamente pudieran manifestarse, fue la oposición quien levantó mucho esta marcha: el PRI, el PAN y personalidades vinculadas con ellos, con lo que fue la Marea Rosa, en fin”, dijo en su conferencia matutina el 14 de noviembre pasado.

Luego, los transportistas tomaron los accesos a la Ciudad de México, quienes denunciaron falta de seguridad en las autopistas del país.

A las movilizaciones, se sumaron agricultores, campesinos y organizaciones rurales, quienes se manifestaron en contra de la reforma a la Ley de Aguas impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para poner orden a los títulos de agua y para endurecer las sanciones a quienes incurran en malas prácticas, como la venta de concesiones.

La mandataria federal desestimó esas movilizaciones al asegurar que detrás de ellas había intereses de defender privilegios e intereses comerciales sobre el recurso. La reforma fue aprobada en diciembre de 2025 por el Poder Legislativo.

A cargo de los maestros, se registró una de las movilizaciones más duraderas de esta administración. Integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) cerraron calles e instalaron plantones en la Ciudad de México para que se atienda su demanda de abrogar la Ley del ISSSTE y la reforma educativa, así como incrementos a su salario.

La presidenta Claudia Sheinbaum no cedió, y a pesar de las amenazas de boicotear el Mundial de Futbol de la FIFA 2026, no se aprobó el incremento al salario de los maestros del 100% ni se abrogaron la Ley del ISSSTE de 2007 ni la reforma educativa.

Hace unas días surgió otra de las manifestaciones que ha mostrado fuerza en las calles: trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social salieron a protestar para pedir incrementos a su salario y denunciar desabasto en medicamentos e insumos médicos.

Patricia Gómez Ríos, docente en la Facultad de Mexicana de Medicina y de Derecho de la Universidad La Salle, explica que detrás de la movilización de los médicos hay un descontento por los años de abandono que ha tenido el sector salud.

“El sector salud ha enfrentado ya durante años problemas relacionados con la insuficiencia de plazas, las condiciones salariales, las jornadas laborales y la falta de disponibilidad de medicamentos e insumos, pero cuando los trabajadores deciden salir a manifestarse, nos debemos preguntar qué está sucediendo al interior de las instituciones. Estas movilizaciones son una señal de tensiones acumuladas de muchos años”, sostiene.

El riesgo para 2027

Todo gobierno suele tener descontento social, el cual suele manifestarse después de que concluye el primer año de gestión, en el cual transcurre la llamada “luna de miel” entre gobernante y gobernados.

Más allá de las movilizaciones, el riesgo de esa inconformidad ciudadana es que se refleje en las urnas.

Lilia Gómez Jiménez, profesora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), explica que la presidenta Claudia Sheinbaum en 2027 enfrentará una evaluación a su propio proyecto y ya no, la ciudadanía evaluará la gestión de su antecesor.

“A dos años de su gestión, ahora, la ratificación y la legitimación viene para Claudia Sheinbaum, ahora lo que se dice es, ¿qué va a hacer la presidenta frente a las acusaciones de Estados Unidos? ¿Qué va a hacer la presidenta frente a las demandas de la falta de medicamentos?”, refiere.

El artículo “La desaprobación del Gobierno mexicano. Más que ineficiencia”, plantea que el desencanto de la población hacia su gobierno puede incluso generar abstencionismo.

“El desencanto político también ha sido vinculado con otras desviaciones de la participación electoral, como el voto nulo”, plantea.

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