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El Cutzamala ya supera 90% de llenado, pero la crisis del agua no termina en el Valle de México

El Sistema Cutzamala llegó a 93.92% de llenado en octubre, pero la UNAM advierte que persisten problemas de abastecimiento, fugas y presión sobre los acuíferos.
Vista de la presa Valle de Bravo, parte del Sistema Cutzamala, con agua almacenada, vegetación en la superficie y compuertas de la cortina hidráulica.
La presa Valle de Bravo forma parte del Sistema Cutzamala, que alcanzó 93.92% de llenado en octubre de 2026. (Foto: Crisanta Espinosa Aguilar/ Cuartoscuro)

El Sistema Cutzamala continúa recuperándose y este domingo alcanzó un nivel de llenado de 93.92%, equivalente a 734.91 millones de metros cúbicos de agua almacenada. Aunque la recuperación de las presas representa un panorama favorable y podría sugerir que el suministro de agua potable para la Ciudad de México y el Estado de México está garantizado, persisten problemas estructurales de abastecimiento que aún están pendientes de resolver.

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Así lo advirte Raúl Silva-Aguilera, investigador del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México ( UNAM ), quien durante un seminario académico del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, apuntó que si bien la recuperación de fuentes externas puede aliviar temporalmente el déficit hídrico en el Valle de México, esto no sustituye las medidas necesarias para atender los problemas estructurales del abastecimiento en la región.

Entre los principales pendientes dijo que están reducir las fugas, disminuir la presión sobre los acuíferos, atender el hundimiento de la Ciudad de México y garantizar el mantenimiento de la infraestructura hidráulica.

Las presas del Cutzamala superan 90% de llenado

Las tres principales presas del sistema Cutzamala registraron niveles elevados este domingo 18 de octubre. De acuerdo con el Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM), los porcentajes de almacenamiento fueron los siguientes:

  • El Bosque: 98.24%.
  • Valle de Bravo: 94.75%.
  • Villa Victoria: 87.44%.

Así, en conjunto, el sistema pasó de 88% de llenado al inicio de octubre a 93.92% de este domingo. Esta recuperación estuvo favorecida por las lluvias y los escurrimientos de la temporada.

El nivel actual contrasta con la crisis hídrica de 2024, cuando las reservas del Cutzamala cayeron a alrededor de 26% de su capacidad.

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Sin embargo, tener más agua almacenada no garantiza por sí solo un suministro continuo. También influyen las condiciones de la infraestructura, las pérdidas durante la distribución y la disponibilidad de agua de otras fuentes.

Por ello, Silva-Aguilera sostiene que la seguridad hídrica debe evaluarse más allá del porcentaje de llenado de los embalses e incorporar factores como la calidad del agua, los costos energéticos, las fugas y la equidad en el acceso.

El Valle de México sigue dependiendo de los acuíferos

El Cutzamala es una de las principales obras hidráulicas del país. Su infraestructura incluye siete presas, seis plantas de bombeo, una planta potabilizadora en Los Berros, más de 205 kilómetros de tuberías, canales abiertos y túneles.

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El sistema transporta agua desde las cuencas de Michoacán y el Estado de México hasta la zona metropolitana. Para ello, debe elevar el recurso desde una altitud aproximada de 1,600 metros sobre el nivel del mar hasta los 2,702 metros en su punto más alto.

Esta complejidad hace indispensable el mantenimiento preventivo de sus instalaciones. Es así que aunque el Cutzamala es una infraestructura clave para el abastecimiento de la región, no es la única fuente de agua para abastecer al Valle de México.

¿Cuánta agua aporta el Cutzamala al Valle de México?

Según los datos presentados por Silva-Aguilera, el sistema aporta cerca de 25% del agua que consume el Valle de México, mientras alrededor de 70% del abastecimiento depende de la extracción subterránea.

Esta dependencia mantiene la presión sobre los acuíferos. Además, la extracción intensiva puede contribuir al hundimiento del terreno y provocar daños en las tuberías, lo que incrementa las fugas.

El investigador advierte ante ello que estos problemas pueden reforzarse entre sí: el hundimiento daña la infraestructura, las fugas provocan pérdidas de agua y esas pérdidas aumentan la necesidad de extraer y bombear más recurso.

Silva-Aguilera denomina “trampa de la fuente externa” a la estrategia de buscar agua cada vez más lejos cuando las fuentes locales resultan insuficientes.

“Al aumentar el déficit local de agua, se buscan fuentes cada vez más lejanas; esto otorga un alivio político temporal que reduce la urgencia de implementar soluciones de fondo”, explicó.

Aunque los trasvases permiten aliviar temporalmente el déficit, el investigador considera que también pueden postergar medidas para resolver los problemas estructurales, como reparar las fugas y gestionar de manera sostenible los acuíferos.

Por ello, sostuvo que la seguridad hídrica no debe medirse únicamente por el nivel de llenado de las presas. También es necesario considerar las fugas, la calidad del agua, los costos energéticos del bombeo y las condiciones de los acuíferos, así como conservar las cuencas que alimentan las presas del Cutzamala.

Apuntó además, que las lluvias tampoco se traducen automáticamente en más agua disponible para la población. La infiltración, la evaporación, la humedad del suelo y las reglas de operación de las presas influyen en la cantidad de agua que puede aprovecharse.

Ante lo cual, propuso avanzar hacia una gestión coordinada entre los gobiernos federal, estatales y municipales, la academia y las comunidades, con reglas adaptadas a las condiciones locales y mecanismos de monitoreo compartido.

Las comunidades que aportan agua también enfrentan costos

Destacó además, el abastecimiento del Valle de México también tiene consecuencias para las comunidades de las cuencas de origen y es que mientras la metrópoli recibe el recurso, algunas poblaciones, incluidas comunidades mazahuas, enfrentan restricciones de acceso al agua y los impactos asociados con la infraestructura hidráulica.

Silva Aguilera considera que la gestión debe incorporar criterios de justicia hídrica y compensaciones socioambientales para las regiones que aportan agua.

El reto, planteó, es dejar de tratar la crisis como un problema exclusivamente de infraestructura y reconocer que el abastecimiento depende de la relación entre los acuíferos, las presas, las redes urbanas y las decisiones políticas.

Así, el dato de que siete de cada diez litros del suministro regional dependen del agua subterránea pone el foco en una de las principales vulnerabilidades del Valle de México: la necesidad de gestionar sus fuentes actuales mientras reduce las pérdidas y evita que la búsqueda de agua en otras cuencas postergue las soluciones de fondo.

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