Factores del incremento del robo
Gilberto Castañeda, investigador del Departamento de Farmacología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (IPN), explica que ocurren tres fenómenos a la vez: una mayor vigilancia y reporte de la autoridad sanitaria de los casos de robo; un incremento de este delito asociado con la inseguridad en algunos estados del país, además de una falta de regulación estricta a las farmacias pequeñas.
“Las farmacias de cadena vigilan mucho que sus medicamentos tengan la calidad porque su negocio es vender y no pueden perder prestigio. Pero, para farmacias pequeñas, puede ser atractivo comprar insumos a menor precio”, explica.
Hasta hay farmacias en ciudades fronterizas y en zonas turísticas que venden medicamentos falsos o controlados por debajo de su costo original, agrega Hagen Weiss, CEO de la empresa de suplementos CellX.
“Lo más importante es buscar canales de venta con licencias sanitarias, con permisos, básicamente en farmacias”, asegura.
Fallas en el sector salud
La vigilancia de los medicamentos, sin embargo, es cada vez más difícil. Las falsificaciones mejoran y cuesta diferenciarlas de un producto original; fármacos robados de otros países son importados de manera ilegal y hasta el sistema de salud comete errores, sobre todo cuando las compras de insumos las hacen hospitales de manera individual.
Aunque no los cataloga como casos de robo, la Cofepris también alertó por medicamentos comercializados de manera irregular e ilegal en tianguis, farmacias o plataformas digitales.
Por ejemplo, piezas de la inmunoglobulina humana Higlobin que habían sido distribuidas exclusivamente al IMSS y de la vacuna Gardasil contra el Virus de Papiloma Humano (VPH), entregada solo al sector salud público.
Y más grave: medicamentos apócrifos que llegaron al sistema de salud. En 2024, Cofepris alertó por la comercialización en el sector público del medicamento para diabetes Trayenta "con certificados analíticos falsificados".
Para bandas criminales, los medicamentos también son un negocio, indica Castañeda, sobre todo aquellos de patente, con desabasto en los hospitales o para enfermedades de alto costo, como los oncológicos o los usados para perder peso.
Los medicamentos no están exentos, son como cualquier otra mercancía, sobre todo los medicamentos que tienen un mercado negro con mucho potencial.
Gilberto Castañeda, investigador del Cinvestav.
En 2024, por ejemplo, fue detenido Josué “N”, alias “Tacho”, probable líder de una red criminal vinculada al tráfico de medicamentos falsificados y controlados de Guadalajara, Jalisco. Al momento de la captura fueron halladas 12,500 tabletas de medicinas, entre ellas de Clonazepam, un fármaco controlado, y el oncológico Keytruda, así como cajas vacías, etiquetas falsas y armas de fuego.
El robo en la distribución de medicamentos
Otro problema es el robo a camiones que transportan insumos para la salud. La mitad de las alertas sanitarias emitidas por Cofepris señalan que el hurto ocurrió en autopistas (sobre todo la México-Puebla y la Querétaro Irapuato), o mientras los medicamentos eran trasladados a almacenes. La mitad de los otros robos sucedieron en las propias instalaciones de algunos laboratorios o instituciones. Casi el 23% de estos robos tuvo lugar en el Estado de México.
Destacan tres casos: el asalto al almacén general de la Secretaría de Salud de Tabasco en diciembre de 2023 y a un camión que distribuía vacunas al IMSS, de donde en 2020 robaron 101 piezas, equivalentes a más de 10,000 dosis de la vacuna contra la influenza Vaxigrip. Además del robo de 38,000 piezas de fármacos a la empresa Novag Infancia. también en 2020.
Lo más grave es que estos medicamentos lleguen a las personas enfermas. Porque, aunque no sean falsos, nada garantiza que mantengan su calidad y eficacia durante su distribución después del robo; que no sean adulterados o contaminados. El año pasado, Cofepris alertó por la falsificación del antiácido Estomaquil: los análisis encontraron que las versiones apócrifas tenían almidón de maíz.
Las reacciones adversas o la inacción terapéutica están entre las consecuencias de este problema y pueden cobrar vidas.