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Nueva geografía electoral para 2027: con origen en la “marea rosa”, surge nuevo partido opositor a Morena

En las boletas electorales del próximo año aparecerán ocho fuerzas políticas y podrían multiplicarse las candidaturas. Somos México y PAZ, posible “satélite”, son los nuevos invitados al escenario político nacional.
Sesión Constitutiva Somos México
Guadalupe Acosta Naranjo es el dirigente nacional del nuevo partido de derecha Somos México. (Foto: Mario Jasso/Cuartoscuro )

Con el registro de dos nuevos partidos políticos, las elecciones de 2027 contarán con ocho fuerzas en las boletas y con un nuevo opositor frontal a Morena: Somos México, integrado por exmilitantes de otros partidos y, especialmente, por un grupo de exfuncionarios electorales, lo que marca la entrada a la política de quienes durante décadas encabezaron órganos técnicamente imparciales.

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Tras un año de proceso para constituirse como partidos políticos nacionales, el Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó este jueves 25 de junio el registro a Somos México y Partido PAZ, este vinculado a Morena.

Ambos se sumarán a las seis fuerzas existentes: Morena y sus aliados, el Partido del Trabajo (PT) y el Verde (PVEM), así como Acción Nacional (PAN), el Revolucionario Institucional (PRI) y Movimiento Ciudadano.

Sin embargo, de los dos nuevos partidos con registro, solo Somos México ha asumido una postura opositora y, por tanto, su disputa el próximo año no será únicamente contra Morena y sus aliados, sino también contra los dos partidos más antiguos: el PAN, con 87 años de existencia, y el PRI, que está próximo a cumplir 97 años.

Somos México, liderado por el experredista Guadalupe Acosta Naranjo y la excandidata presidencial petista Cecilia Soto, tendrá su primera gran batalla electoral el próximo año, en la que deberá competir en solitario, sin alianzas.

“Creo que su principal reto será demostrar que no son iguales al PAN ni al PRI, y que tampoco representan un PRD renovado, sino que tienen una visión distinta”, comenta Arturo Espinosa Silis, director de Laboratorio Electoral.

Quienes lo integran provienen de sectores vinculados a la oposición de izquierda e incluso del PRI, pero sobre todo destaca la incorporación a la política de personas que no habían tenido trayectoria partidista.

“Hay otras muchas figuras que vienen más bien de un sector académico, muchas que provienen de organismos desconcentrados y de ámbitos más técnicos, y que están incursionando en la política después de haber ocupado cargos en el servicio público”, indica Espinosa Silis.

Entre sus figuras destacan Edmundo Jacobo Molina, quien por 15 años fue secretario ejecutivo del INE y de su precursor, el Instituto Federal Electoral (IFE); el exconsejero presidente Leonardo Valdés; los exconsejeros Marco Antonio Baños y Rodrigo Morales, y como miembros de su Consejo Consultivo Ciudadano, el expresidente del organismo Lorenzo Córdova Vianello y el exconsejero Arturo Sánchez Gutiérrez.

Somos México es considerado el partido heredero de la “marea rosa”, un movimiento civil que a finales de 2022 logró sacar a las calles a cientos de miles de ciudadanos que se opusieron a la “desaparición” del INE, organismo autónomo clave en la transición democrática del país.

Vestidos de “rosa INE” o del rosa mexicano que caracterizó a ese instituto durante casi tres décadas, los manifestantes rechazaron el “Plan B” de reforma electoral propuesto por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, el cual, entre otras medidas, planteaba reducir el tamaño del INE, fusionar áreas, eliminar institutos locales y concentrar sus funciones en un nuevo organismo.

En 2024, esa “marea rosa” tuvo participación electoral, ya que diversas de sus organizaciones como el Frente Cívico Nacional (FCN), Poder Ciudadano y Sociedad Civil México impulsaron la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez, quien compitió contra la hoy presidenta Claudia Sheinbaum.

Hoy, ese movimiento ha regresado como organziación con registro. Según Acosta Naranjo, en 2030 podría alcanzar suficiente fuerza incluso para disputar la Presidencia de la República.

Conferencia Somos México INE
Guadalupe Acosta Naranjo encabeza Somos México. (Foto: Camila Ayala Benabib/Cuartoscuro)

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¿Más partidos es igual a más democracia?

Para la exconsejera electoral Claudia Zavala, en teoría, un mayor número de partidos implica más opciones dentro de una democracia, ya que refleja mejor el pluralismo social. Sin embargo, advierte que México, al igual que otros países, atraviesa una crisis de partidos políticos pues padecen desprestigio. “Claro que necesitamos partidos políticos… mientras más opciones, mejor”, dice.

Arturo Espinosa Silis, director de Laboratorio Electoral, considera que la proliferación de partidos está vinculada al hecho de que pertenecer a uno es un derecho político fundamental, relacionado con la afiliación, mientras que la creación de partidos también forma parte del derecho de asociación.

Sin embargo, a diferencia de otras sociedades, en México no es común que las personas se identifiquen abiertamente con un partido político.

“Aquí no. Por lo general, socialmente se oculta la identificación partidista. Es algo que, si puedes, evitas, y de cierto modo tratas de no responder cuando te lo preguntan”, señala el especialista. Además observa que en el sistema político mexicano no necesariamente más partidos da más opciones.

“Lo que hemos visto en las últimas elecciones es que realmente hay dos bloques, tres si quieres, Morena y sus aliados, PAN-PRI y hasta hace poco el PRD y Movimiento Ciudadano”, plantea Silis.

No obstante esa polarización en bloques, el experto observa que al ciudadano le cuesta distinguir las opciones políticas y sus diferencias.

Es por eso que señala que en el caso de Somos México el reto será diferenciarse del resto de los partidos que son de oposición.

Conferencia Somos México INE
Organizaciones que integran Somos México respaldaron a Xóchitl Gálvez en el proceso electoral de 2024. (Foto: Camila Ayala Benabib/Cuartoscuro )

El otro nuevo partido, vinculado a Morena

PAZ

PAZ ha generado atención desde su proceso de búsqueda de registro por las figuras que la impulsan y por las controversias en torno a su identidad. Uno de los señalamientos más discutidos fue su intento de utilizar las siglas CSP, lo que fue interpretado como un guiño directo a las iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

La organización ha sido vinculada al diputado morenista Hugo Eric Flores, exdirigente del extinto Partido Encuentro Social (PES) y posteriormente del Partido Encuentro Solidario. Su trayectoria política ha estado marcada por la construcción de plataformas electorales de corta vida y por su cercanía con el movimiento de la llamada Cuarta Transformación en distintos momentos.

(Obligatorio)
Hugo Éric Flores lleva años trabajando para construir plataformas electorales. (Foto: Mario Jasso/Cuartoscuro )

En el debate político mexicano, el término “partido satélite” suele utilizarse para referirse a aquellas fuerzas que, aunque formalmente independientes, mantienen una cercanía política, electoral o estratégica con el partido dominante, en este caso Morena.

Ese sería, para analistas, el caso de PAZ, quienes ven a ese nuevo partido como posible actor funcional dentro del mismo bloque político de Morena, más que como una fuerza autónoma.

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Partidos políticos como negocio

En México, “es atractivo tener un partido político por todas las prerrogativas que reciben”, señala el experto Espinosa Silis.

El Partido Verde Ecologista (PVEM), por ejemplo, ha sido un caso emblemático, pues —de acuerdo con el especialista— “ha sido un negocio que han ido capitalizando y haciendo crecer poco a poco, lo que lo ha vuelto rentable”, con un presupuesto que supera los 800 millones de pesos anuales.

Registro aspirantes Morena Guerrero
Los liderazgos del Partido Verde llevan décadas recorriéndose a las ideas de los partidos dominantes. (Foto: Graciela López Herrera/Cuartoscuro )

“En México el sistema es generoso con las prerrogativas que otorga a los partidos, pero también es exigente en los requisitos que les impone a las fuerzas políticas”, añade, al adviertir que tanto partidos viejos como nuevos violan los candados e incurren en irregularidades.

Sin embargo, la exconsejera electoral Claudia Zavala considera que no solo el Poder Legislativo, mediante reformas legales, sino también las autoridades electorales han relajado los controles. Esa flexibilización, explica, se refleja en aspectos como la vida interna de los partidos —la renovación de dirigencias, la paridad de género—, así como en la fiscalización de recursos y los procesos de afiliación.

“Me parece que nos hemos vuelto muy laxos en cómo se vigilan las obligaciones democráticas de los partidos políticos”, expone. Bajo el argumento de la autonomía de auto-organización y auto-regulación, “ese derecho se ha usado como si permitiera evadir todas las reglas, cuando ni los principios ni las normas pueden ignorarse, porque los partidos son entes de interés público sostenidos por el Estado y deben cumplir con estándares mínimos de democracia interna”, dice.

Zavala también señala que existe laxitud en la revisión del manejo de recursos partidistas. “En la fiscalización, el Tribunal Electoral me parece que también ha sido muy laxo”, dice. Esto, agrega, ha permitido la existencia de “partidos que funcionan incluso como negocios familiares, con alianzas que se mantienen en el tiempo bajo esas condiciones”.

En este contexto, coinciden los especialistas, las nuevas fuerzas políticas estarán bajo la lupa y deberán demostrar que cuentan con bases ideológicas, democracia interna y fuerza electoral, ya que competirán en solitario en las elecciones de 2027.

No pueden hacer alianzas

En México, los nuevos partidos políticos nacionales enfrentan una de las restricciones más relevantes del sistema electoral: no pueden establecer coaliciones ni alianzas en su primera elección federal. Esta regla busca que las fuerzas de reciente creación compitan por sí mismas y demuestren que cuentan con respaldo ciudadano suficiente para mantenerse en el sistema de partidos.

La medida implica que estas organizaciones deberán presentarse solas en las boletas, sin la posibilidad de sumarse a bloques ya existentes como los encabezados por Morena, el PAN o el PRI.

Esta disposición tiene un doble objetivo: por un lado, evitar la creación de partidos “satélite” que funcionen únicamente como acompañantes electorales; y por otro, medir con mayor precisión la fuerza real de las nuevas fuerzas políticas en su primer ciclo de participación.

Sin embargo para conservar su registro como partidos políticos nacionales deberán conseguir, pro sí mismos, cuando menos el tres por ciento de la votación en alguna de las elecciones para diputados, senadores o presidente.

Así, 2027 será la prueba de fuego para los dos nuevos partidos políticos nacionales.

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