Propuestas académicas y ciudadanas frente al problema
El académico Arturo Gleason Espíndola, de la UdeG, sostiene que el problema de la calidad del agua no puede entenderse como un episodio reciente ni como una falla aislada del SIAPA.
A través del diagnóstico “Deterioro de la calidad del agua en el Área Metropolitana de Guadalajara: causas estructurales y directrices de solución", el investigador señaló que la calidad del agua enfrenta un desgaste acumulado de décadas.
En entrevista, el especialista aseguró además que las autoridades reaccionan únicamente ante las manifestaciones visibles del problema.
El panorama no es nada halagador. Vemos con preocupación e impotencia cómo aumenta el número de hogares y colonias que no están recibiendo calidad de agua como corresponde a la norma oficial. Y vemos también que el problema no se está abordando de la manera apropiada".
Arturo Gleason, investigador de la UdeG.
“Me ha tocado ver durante 30 años cómo se ha ido deteriorando el servicio. Esto requiere análisis, explorar, profundizar y establecer una ruta crítica para resolverlo. Pero no vemos que desde la parte gubernamental se esté buscando abordar el problema desde lo profundo”, expuso.
En atención a esta problemática, el investigador propuso una intervención escalonada, con acciones inmediatas, de mediano y largo plazo, que implican inversiones multianuales y una planeación con horizonte de aproximadamente 20 años.
La primera etapa consiste en realizar un diagnóstico técnico-científico del sistema hídrico metropolitano, pues apuntó, actualmente no existe una evaluación integral sobre el estado real de la infraestructura, las fuentes de contaminación y los puntos críticos de la red de distribución.
Gleason sostuvo que este diagnóstico debe ser la prioridad antes de discutir nuevas obras o proyectos hidráulicos en la Área Metropolitana de Guadalajara.
“Todos estamos viendo que el agua está sucia. Sí, pero lo que no vemos es qué tantos contaminantes, qué tipo de contaminantes y en el tiempo, de dónde y por qué vienen. Lo que se debe hacer es rastrear el problema desde donde se manifiesta hasta su punto de provocación. Eso es lo que se debe hacer ya para entonces diseñar las acciones inmediatas y posteriormente todo un plan”, dijo.
“Lo que nosotros proponemos es la integración de una mesa democrática incluyente de todas las organizaciones que tenemos que ver con ciencia, tecnología, gestión, inclusive el sector privado, las colonias y los ciudadanos, para conformar un grupo interdisciplinario y marcar como primera meta sacar un diagnóstico a fondo, más allá de lo evidente”, agregó.
Además del diagnostico, el investigador plantea realizar medidas emergentes de contención y protección sanitaria, como la instalación de sistemas temporales de potabilización en colonias afectadas, abastecimiento alternativo, monitoreo permanente y comunicación pública de riesgos.
También propone iniciar con la rehabilitación estructural del sistema hidrosanitario urbano, que incluye la modernización de plantas potabilizadoras, sustitución de tuberías obsoletas, rehabilitación de tanques de almacenamiento, sectorización hidráulica y actualización tecnológica del SIAPA.
El investigador insiste en que el problema no puede solucionarse únicamente aumentando el abasto de agua mediante nuevos acueductos, sino rehabilitado integralmente el sistema existente.
No vemos que el problema se vaya a abordar desde lo profundo. El deterioro es estructural y acumulado. Se requiere un análisis integral y una ruta crítica muy clara de todo lo que hay que hacer".
Arturo Gleason.
Consideró que parte de la solución de este problema es que debe concebirse como un “Plan Hídrico con visión de Estado”, capaz de trascender administraciones gubernamentales y mantenerse durante varios sexenios.
“La idea es que tanto el diagnóstico como el plan puedan irse diseñando conforme a la marcha para tener en menos de uno o dos años una ruta muy clara de todo lo que hay que hacer, con un horizonte a 20 años, empezando poco a poco”, explicó.
Gleason insistió además en que antes de comprometer miles de millones de pesos en nuevas obras hidráulicas como el acueducto Chapala–GDL anunciado, que contempla una inversión de 10,000 millones de pesos, las autoridades primero deben conocer con precisión la magnitud real del daño.
“Primero hay que saber qué tan profundo es el problema, qué infraestructura está fallando y cuáles son los contaminantes presentes. Si no se entiende bien el origen, cualquier solución puede quedarse solamente en lo superficial”, dijo.
La propuesta de Gleasion estima un costo de entre 190 y 430 millones de pesos, que podría desarrollarse en un periodo de entre 18 y 24 meses, un presupuesto que está por debajo del que el gobierno destinaría a la construcción del nuevo acueducto.