La Auditoría Superior de la Federación (ASF) identificó que la información del gasto de 448 centros de salud estaba incompleta en la plataforma digital del programa, habilitada para reunir los expedientes de todos los beneficiarios.
Los Servidores de la Nación de la Secretaría de Bienestar, llamados Facilitadores Autorizados, deben cargar esta información. Pero no subieron los documentos que comprueban el destino de los recursos de esos cientos de clínicas, que, en conjunto, recibieron 413.2 millones de pesos.
La ASF también detectó que en 3,680 clínicas no se comprobaron ni se devengaron los recursos por un monto total de 74,573 millones de pesos.
Así que en febrero de 2025 se bloquearon las cuentas bancarias de los comités que administraban ese dinero. El monto fue reintegrado a la Tesorería de la Federación dos meses después, tras la intervención de la ASF.
Mismo problema en escuelas y hospitales
Este auditoría correspondiente a la tercera fiscalización de la Cuenta Pública 2024, demuestra que este programa carga con los mismos problemas de transparencia de La Escuela es Nuestra, vigente desde el sexenio anterior.
Ambos funcionan de manera similar: el gobierno federal transfiere recursos a los planteles o centros de salud sin intermediarios. La ciudadanía, a través de un comité, administra el dinero, decide en qué se gasta, qué obras se realizan y, en teoría, reporta a las autoridades el destino de los recursos.
Pero el propio diseño de los programas limita su transparencia, como identificó la ASF desde 2020 en el caso de la Escuela es Nuestra, que también opera sin la debida comprobación del gasto.