Un océano bajo presión
La publicación del Plan Oceánico Sostenible ocurre en medio de alertas sobre el estado de las pesquerías mexicanas. De acuerdo con la organización Oceana, al menos la mitad de las pesquerías del país enfrenta amenazas que ponen en riesgo la soberanía alimentaria y el sustento de más de dos millones de personas.
“Las personas pescadoras son las primeras guardianas de los océanos, pero también son las primeras en sufrir las consecuencias de mares que cada día están más dañados y son menos abundantes”, advirtió Renata Terrazas, directora ejecutiva de Oceana.
La organización señaló como principales riesgos la pesca ilegal, la destrucción de hábitats marinos, la contaminación y los impactos de la crisis climática.
Según el Semáforo de la Pesca de Oceana, 23% de las pesquerías están en deterioro y 27% se encuentran en categoría de precaución por falta de información suficiente. Para Terrazas, el reto será que el Estado traduzca los compromisos en políticas públicas que “pongan al centro a las personas y los ecosistemas marinos”.
Bajo este contexto, el Plan ha sido bien recibido por organismos internacionales.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) celebró su publicación y reiteró su compromiso de acompañar al gobierno mexicano en la implementación del instrumento, que sustituye a la política de 2018 y se convierte oficialmente en el Plan Oceánico Sostenible de México.
Entre los avances destacados por el PNUD se encuentran el apoyo a la entrada en vigor del Tratado de Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de Jurisdicción Nacional (BBNJ) —prevista para enero de 2026—, proyectos para reducir la contaminación marina y esquemas de gobernanza oceánica regional en el Pacífico.
Mientras que organizaciones ambientales como WWF también reconocieron el paso dado por el gobierno mexicano.
“Este instrumento representa un gran paso para el cuidado, la gestión y la protección de los mares y zonas costeras del país”, señaló la organización, que destacó la importancia de contar con una política integral para enfrentar la crisis oceánica.
Con el inicio de 2026, el desafío para México será convertir esta hoja de ruta en resultados tangibles.
El propio acuerdo establece que la implementación dependerá, en buena medida, de los presupuestos asignados a las dependencias que integran la CIMARES y de la capacidad de coordinación interinstitucional.
Aun así, el mensaje es claro: México busca consolidarse como un actor regional e internacional en la agenda oceánica, con un plan que reconoce al océano como pilar de la protección ambiental, el desarrollo económico y el bienestar de las comunidades costeras.