Donde manda el crimen
¿Qué se previó para localidades donde el crimen organizado o las pandillas gobiernan de hecho?
Hasta donde pude verificar, nada específico. Y aquí radica el mayor riesgo.
Donde un grupo armado controla el territorio, la escuela no es un recinto neutral: es parte del paisaje de control. En esos lugares, el aviso entre padres, hijos y maestros suele ser la única red de alerta que funciona, porque la policía tarda o no llega.
Suprimirla sin ofrecer un reemplazo confiable es una decisión de seguridad, no solo pedagógica. Además, se le pide al maestro, que quizás vive en la misma comunidad dominada, hacer cumplir una regla sin respaldo visible del Estado.
Las preguntas que faltaban
Agrego tres preguntas que nadie hizo.
- ¿Quién custodia los teléfonos recogidos?
Si terminan en el cajón del director, la escuela se vuelve depósito de objetos valiosos y los conflictos por robo o pérdida carecen, hasta donde sé, de responsable definido.
- ¿Qué ocurre en el trayecto, donde el menor queda sin medio de contacto?
El acuerdo regula la jornada, no el camino.
- ¿Quién evaluará?
Se informó que la medida se revisará cada seis meses; exijo que esa revisión incluya indicadores de seguridad, no solo de atención y convivencia.
Qué hacer en 120 días
Propongo, para los 120 días, cinco piezas mínimas.
- Un protocolo escolar de emergencia público, por municipio, con tiempos de respuesta esperados.
- Un canal de alerta institucional, sea botón o línea directa, conectado al 911 y a la policía de proximidad.
- Un mapa de riesgo por plantel, elaborado con las fiscalías y las secretarías de seguridad, que defina cuáles escuelas requieren protocolos reforzados.
- Simulacros trimestrales evaluados, con informes públicos.
- Y un esquema de aviso a padres que no dependa del teléfono del niño ni del azar de un chat.
Nada de esto es costoso frente al daño que evitaría.
La SEP acertó en nombrar un problema real: la atención y la convivencia de los menores.
Falló en tratarlo como asunto exclusivamente educativo. Una escuela mexicana es, también, un espacio de seguridad pública, y en demasiados territorios, el último espacio donde el Estado todavía aparece.
Retirado el celular, que no quede el niño sin la protección que éste, imperfectamente, le daba. Prohibir siempre es fácil. Proteger exige presupuesto, coordinación y datos.
Lo primero ya se decretó; lo demás sigue pendiente.
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*Alberto Guerrero Baena es consultor y estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.