Una policía depurada y no reemplazada
A principios de septiembre el ayuntamiento dio de baja a policías que no acreditaron control de confianza. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla habla de 109; los afectados, de al menos 150.
Depurar es obligatorio. Depurar sin reemplazo es abandonar.
Bedolla estima que el estado de fuerza ronda o está por debajo del 20% de lo debido; admitió no tener el dato exacto y es parte en la disputa, así que su cifra se toma como estimación, no como auditoría.
Lo documentado es la contradicción. La alcaldesa atribuyó las bajas a una indicación del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública; el gobernador lo negó, dijo que de 70 aspirantes propuestos este año 39 reprobaron y que Uruapan no solicitó evaluaciones de permanencia para los separados.
Una de las dos versiones es falsa.
Ambas dejan una corporación en el hueso, y el 26 de octubre el estado tuvo que anunciar policías de proximidad de su corporación (Guardia Civil - SSP Estatal) para cubrir lo que el ayuntamiento debía cubrir y sostener.
Reestructurar es planear con prospectiva responsable, metas a corto y mediano plazo responsables, reclutar, formar, mandar y equipar.
Hasta hoy, lo visible es la improvisación y la falta de objetivos firmes en materia de seguridad.
Un gabinete bajo sospecha
El 29 de octubre fue detenida Rosa Alejandra Vargas Rauda, secretaria de Bienestar, por encubrimiento por favorecimiento en la investigación del homicidio de Manzo.
La prensa reporta que ya había sido citada tres veces sin presentarse y que fue multada, que es madre de un exescolta de Manzo y tía de su ahijado, detenido por el crimen.
Es una imputación: rige la presunción de inocencia y una jueza de control definirá su situación. La alcaldesa acusa uso político de la Fiscalía y la imperiosa necesidad de desestabilizar su gobierno por parte de actores externos.
Su dicho merece el mismo escrutinio que el de la Fiscalía, pues que ambos han utilizado esta investigación como plataforma pública de acusaciones, inconsistencias y uso político en la investigación, para diferentes actores electorales en la coyuntura actual preelectoral.
Aun así, una titular que elude tres citatorios ministeriales plantea un problema de gobernabilidad, no de relato.
Hay otro episodio. Yesenia Méndez, exsecretaria particular de Manzo y con base laboral desde 2021, denunció que la despidieron tras ampliar su declaración y pedir que se investigue el vínculo de la alcaldesa con Samuel García Rivero, señalado en la prensa como presunto partícipe del crimen y con un vínculo muy cercano con la alcaldesa. Ella lo atribuye a represalia.
A los tribunales laborales corresponde decidirlo; al ayuntamiento, explicar por qué una funcionaria que declara ante la Fiscalía sale de la nómina y los motivos reales de su despido.
El luto no gobierna
El luto merece respeto y no sustituye a una política de seguridad.
Tampoco debe usarse como credencial para gobernar ni como blindaje frente a la crítica. La violencia política de género existe y protege a mujeres reales; por eso su invocación exige rigor y técnica jurídica, no emociones.
El Tribunal Electoral de Michoacán resolvió en octubre que las expresiones del senador Fernández Noroña contra la alcaldesa no la configuraban. Eso no le quita el derecho a denunciar las acusaciones que en materia de violencia política de género corresponde, si se siente agraviada, pero al Tribunal con base en objetividad, técnica jurídica y apego a la legislación le toca sentenciar y no con base a subjetividad.
Tampoco convierte en machismo la crítica a una nómina policial vaciada o a un gabinete que falta a citatorios o cuestionable por los cotos de poder que se han engendrado dentro del propio Ayuntamiento y las consecuencias que tiene para cualquier trabajador que denuncia el abuso laboral.
Evaluar a una autoridad por resultados es tratarla como lo que es: una autoridad.
Las exigencias son verificables: publicar el estado de fuerza real y un calendario de reclutamiento y evaluación; informar cuántos policías se han enviado a evaluación este año; y decidir públicamente si los funcionarios sujetos a proceso permanecen en el cargo.
Uruapan necesita policías, un gabinete que atienda a la justicia, un ayuntamiento que rinda cuentas y que le de certeza a sus ciudadanos que puede ser un territorio libre de lo que hoy, por ineficacia gubernamental, lo aqueja.
El resto es liturgia.
*Alberto Guerrero Baena es consultor y estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.