Velocidad selectiva: de Nueva York a la columna
La tercera pregunta es la más incómoda: la celeridad. El 29 de abril de 2026, la fiscalía federal del Distrito Sur de Nueva York hizo pública una acusación contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios y exfuncionarios más, entre ellos un senador y el alcalde de Culiacán, por presuntos vínculos con Los Chapitos.
Son acusaciones, no sentencias; Rocha las rechaza y el gobierno mexicano ha pedido pruebas. Pero compárese el ritmo.
Ante una acusación formal de un tribunal extranjero contra políticos del partido gobernante, el Estado respondió con cautela, trámite y solicitud de pruebas.
Ante una columna, respondió en menos de veinticuatro horas. La diligencia institucional parece ajustarse a quién pregunta.
Tampoco hay explicación para la rapidez con que México ha entregado capos.
En tres envíos, febrero y agosto de 2025 y enero de 2026, trasladó a 92 reos a Estados Unidos invocando la Ley de Seguridad Nacional y no la extradición, figura con procedimiento judicial, defensa y amparo. Ahí no hubo dudas ni plazos: hubo aviones.
Cuando el trámite lo exige Washington, el Estado es expedito; cuando el cuestionamiento toca a Morena, el Estado es vocero. Esa asimetría exige una explicación jurídica que nadie ha dado.
Selectividad y gobernanza criminal
La pregunta final es si la postura de seguridad se volvió selectiva.
No puedo afirmarlo como hecho; es una inferencia, pero se apoya en patrones observables: respuesta inmediata cuando se toca a la dirigencia oficialista, prudencia cuando el señalado es un aliado con proceso abierto en Nueva York y ausencia de criterios públicos que expliquen la diferencia.
El problema no es solo político, es operativo.
Un Gabinete que defiende a los suyos pierde la capacidad de investigarlos, y en un país donde la penetración criminal en la política no es hipótesis académica sino riesgo documentado, la neutralidad no es adorno: es condición de eficacia.
Chihuahua, además, no es un escenario neutro.
La sierra de Guadalupe y Calvo, limítrofe con Sinaloa y Durango, es territorio de disputa criminal conocido, y cualquier relato que mezcle candidaturas con control territorial en esa zona merece investigación seria, no ocurrencias de comunicación social.
Lo que debería hacerse
Lo que corresponde es sencillo y está al alcance de quien tenga voluntad.
-Primero, que la Fiscalía General de la República abra una indagatoria de oficio: si el reporte es auténtico, hay un delito que investigar; si es apócrifo, hay una filtración o una falsificación que perseguir.
-Segundo, que un órgano independiente, no el propio Gabinete, audite el origen del documento.
-Tercero, que el Gabinete se abstenga de tomar partido en polémicas entre dirigentes y prensa.
-Cuarto, que Montiel, quien solicitó su derecho de réplica, pida lo que pediría quien nada teme: que se investigue.
Nada de esto exige suponer culpabilidad alguna de Montiel; exige solamente que el Estado trate a todos los señalados con el mismo rasero, sea cual sea su partido, su cargo o su cercanía con el poder.
Un desmentido ofrece alivio; una investigación ofrece certeza. México ya tiene demasiado de lo primero.
La credibilidad de un Estado se mide por lo que investiga cuando le incomoda.
*Alberto Guerrero Baena es consultor y estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.