Sin carpetas bien integradas, la detención es un trámite y la impunidad, la regla.
Pregunte al aspirante cuántas investigaciones terminan en sentencia, qué carga de trabajo soporta cada agente del Ministerio Público y qué hará con la fiscalía, que en muchos estados es un órgano autónomo que el gobernador no controla, pero sí condiciona con presupuesto, coordinación y presión política.
Si responde con un vago "me coordinaré", desconoce su propio terreno o lo está ocultando.
El municipio, el olvidado
Los alcaldes pesan más de lo que admiten.
La policía municipal es la primera respuesta y, en muchos lugares, la más precaria y la más expuesta a la captura criminal.
Un aspirante municipal debe explicar cómo evitará que su corporación se vuelva instrumento de un grupo, cómo transparentará los recursos que recibirá para seguridad, cuánto ganará un policía bajo su mando y cómo rendirá cuentas.
Prometer limpiar la policía sin describir el procedimiento es una frase de mitin, no una política pública.
Y hay un asunto que las campañas prefieren esquivar: la mezcla entre política y crimen en las candidaturas.
Revise trayectorias, financiamiento y los antecedentes de quienes rodean al aspirante.
El periodismo especializado y los propios analistas han advertido de forma reiterada sobre este riesgo; ignorarlo es una ingenuidad que se paga con vidas.
Cinco preguntas para no votar a ciegas
Propongo una regla mínima.
§ ¿cuál es su diagnóstico y de dónde lo sacó?
§ ¿cuánto cuesta su plan y de dónde saldrá el dinero?
§ ¿quién lo ejecutará y con qué perfil?
§ ¿en cuánto tiempo y con qué indicadores me rendirá cuentas, ya sea homicidio, extorsión, desaparición, denuncias o sentencias?
§ ¿cómo se relacionará con las fuerzas federales, con la Guardia Nacional y con la fiscalía, y bajo qué reglas?
Un plan que no responde estas cinco no merece un voto.
Añada un criterio más, el más barato y el más ignorado: el pasado.
Lo que un aspirante hizo cuando tuvo cargo, presupuesto y policías bajo su mando vale más que cualquier promesa.
Si gobernó y los resultados empeoraron, la explicación debe venir antes que la propuesta.
El voto como contrato
Las campañas prometen porque saben que el olvido es barato.
Después de la elección, el candidato desaparece del territorio y el ciudadano queda con un discurso que ya nadie recuerda.
Por eso conviene guardar la propuesta, exigirla por escrito y contrastarla cada seis meses con datos públicos. La seguridad no se conquista con un slogan; se construye con instituciones, información, presupuesto y perseverancia.
Diecisiete entidades votarán en 2027 con problemas distintos y la misma tentación: creer en quien grita más fuerte.
La alternativa es más incómoda y más útil: preguntar, comparar y cobrar.
El crimen organizado no se intimida con retórica; se debilita con instituciones que funcionan.
Y las instituciones no aparecen solas: se exigen desde la urna y se vigilan después de ella. Votar por seguridad, al final, es decidir quién tendrá la obligación de rendir cuentas.
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.