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Somos buenos vecinos, pero vecinos sin voto propio

Mientras el mundo decide qué hacer con el crimen organizado que opera desde suelo mexicano, México discute el tema en un foro de cámaras empresariales.
el presidente Donald Trump junto a otros presidentes integrantes del Escudo de las Américas .
Mi crítica es contra la pasividad institucional mexicana ante una arquitectura de seguridad regional que se está construyendo sin nuestra firma, escribe Alberto Guerrero Baena. (Foto: Embajada de Estados Unidos en Chile.)

El club que se armó sin invitarnos
El 22 de septiembre, en paralelo a la Asamblea General de la ONU, quince gobiernos del continente —de Chile a República Dominicana, de Ecuador a Argentina— firmaron en Nueva York la primera acción coordinada del "Escudo de las Américas": sanciones colectivas de congelamiento de activos, restricciones migratorias y persecución penal contra veinticuatro organizaciones criminales de la región.

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Ocho de esas veinticuatro son mexicanas: CJNG, Sinaloa, Golfo, Noreste, Cárteles Unidos, La Nueva Familia Michoacana, Los Viagras, el Cártel de Juárez. México, cuyo territorio alberga a un tercio de la lista, no firmó.

No estuvo. No fue invitado, o no quiso ir.

Un día después, en un salón del Hotel Camino Real de Polanco, la American Society of Mexico organizó su quinta Convención Binacional para hablar, entre otras cosas, de seguridad regional.

La coincidencia de fechas no es casualidad geopolítica: es diagnóstico.


Mientras el mundo decide qué hacer con el crimen organizado que opera desde suelo mexicano, México discute el tema en un foro de cámaras empresariales ( que son importantes, sin dudarlo, pero no es el escenario ideal), no en la mesa donde se firman los documentos.

Como consultor y observador de la histórica y trascendente relación en materia de seguridad con Estados Unidos y el resto del continente, que ha caminado escenarios donde se construye la seguridad regional, que ha visto de cerca la distancia entre el discurso de Palacio Nacional y la patrulla que no tiene gasolina, esto no me sorprende.

Me indigna, pero no me sorprende, siempre se esta más cerca del escritorio que del territorio en México con respecto a la toma de decisiones.

Seguridad: la retórica de la soberanía frente al hecho de la exclusión

El embajador Ronald Johnson subió al podio de AmSoc a decir que Estados Unidos quiere ver "un México soberano, libre de organizaciones criminales y cárteles transnacionales que aterrorizan y controlan comunidades".

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Es una frase bien construida, diplomáticamente impecable y, francamente, hueca si se contrasta con los hechos de la semana: un día antes, quince países firmaron sin México un mecanismo que pide activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca —el TIAR, ese instrumento de defensa colectiva de 1947 que nuestro país abandonó en 2004 por sospechar, con razón histórica, de su uso intervencionista.

Ahora ese tratado vuelve a la conversación regional, y México lo observa desde fuera, sin bandera en la mesa.

Larry Rubin, presidente de AmSoc, fue interrogado directamente sobre si una ofensiva militar estadounidense en territorio mexicano sería justificable. No condenó la posibilidad. La eludió.

Y mientras el discurso empresarial elude la pregunta más urgente de la relación bilateral, la operación real sigue su curso al margen del protocolo: el mismo 23 de septiembre, en Tepalcatepec, Michoacán, el Ejército, la Guardia Nacional e Interpol capturaban a un presunto jefe regional de células criminales.

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La seguridad de este país no se está discutiendo donde se necesita discutir: se está resolviendo, mal que bien, en el terreno, mientras el debate estratégico ocurre en salones donde nadie con mando operativo real está sentado.

Justicia: la palabra que nadie se atrevió a completar

Se habló de independencia judicial, de transparencia, de capacidad institucional para cumplir contratos. Se pidió, incluso, que los resultados contra la impunidad "alcancen a funcionarios o aliados".

Nadie mencionó, en ninguna nota que haya podido verificar, la reforma judicial que México aprobó hace apenas un año y que modificó de raíz la forma en que se eligen los jueces del país.

¿Cómo se discute la independencia judicial mexicana en 2026 sin nombrar el cambio institucional más profundo del Poder Judicial en generaciones?

O el foro lo evitó por cálculo político, o simplemente no fue tema porque a nadie en ese salón le interesaba realmente la arquitectura judicial mexicana más allá de su capacidad de garantizar contratos comerciales.

Ambas lecturas son, para un país que necesita una discusión seria sobre justicia penal, igualmente lamentables.

Economía criminal: perseguimos el fentanilo, ignoramos el dinero

El embajador presumió cifras de decomiso —500 toneladas de narcóticos, 50 mil armas interceptadas— y habló de atacar "el sustento de los cárteles, su dinero".

Pero el mecanismo real que persigue ese dinero, el que congela activos y sanciona redes financieras de ocho estructuras criminales mexicanas, es el Escudo de las Américas, no un instrumento binacional México–Estados Unidos.

En la Convención de AmSoc, ni una sola nota disponible registra mención al sistema financiero mexicano, a las instituciones bancarias sancionadas en años recientes por Washington, ni al lavado de dinero como mercado autónomo.

Se habló de mafias chinas y de precursores químicos, con razón, pero se calló lo evidente: la economía criminal mexicana no vive solo del polvo blanco que cruza la frontera; vive de la extorsión territorial, del huachicol, del dinero que entra al sistema financiero formal sin que nadie, ni en México ni en la Convención, quiera hablar de ello con nombres y bancos de por medio.

Quizás no es el escenario, pero ante las omisiones es visibilizar el fenómeno.

Lo que corresponde hacer, no lo que conviene decir

Mi crítica no es contra la cooperación con Estados Unidos: la necesitamos, la región la necesita, y quien crea que México puede resolver esto en aislamiento vive en una fantasía nacionalista.

Mi crítica es contra la pasividad institucional mexicana ante una arquitectura de seguridad regional que se está construyendo sin nuestra firma, sin nuestra voz, y —peor— sin que el gobierno haya explicado públicamente por qué decidió quedarse fuera.

México no puede seguir gobernando su política exterior de seguridad desde la mañanera y su discurso de “soberanía”, respondiendo con ironía contenida a las declaraciones de Trump en la ONU mientras quince países vecinos actúan sin nosotros.

La inclusión de México en el escenario internacional de seguridad no es una concesión que debamos pedir con la cabeza agachada: es una exigencia de soberanía real, la que se ejerce sentándose a la mesa, no la que se declama en un podio de Polanco.

Si el país quiere definir los términos de su propia seguridad, tiene que empezar por estar presente donde esos términos se están escribiendo.

*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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