Lamentablemente, no parece haber consciencia en el gobierno mexicano de la urgencia de no desperdiciar esta tercera oportunidad, que incluso ayudaría a recuperar parte de lo que dejamos ir con la electromovilidad y la pandemia.
La única medida que parece tener el gobierno es el Plan México. En 2024 que se anunció, era una buena idea, a secas, para revertir los rezagos económicos de los 6 años del Obradorato. Pero solo eso, una medida para ayudar a recuperar, no a incrementar y construir hacia futuro.
Con la llegada del segundo gobierno de Trump unos meses después, y su política arancelaria, se esfumó de inmediato el Plan Mexico. Se vio completamente rebasado su limitado alcance por una enorme disrupción económica que implicó esta nueva política de EUA.
El gobierno de México desarrolló una narrativa, derivada de su atinada estrategia inicial de lidiar con EUA, en la que nuestro país parecía quedar blindado. Incluso inventaron que 85% de las exportaciones están libres de arancel, cuando en realidad más del 30% pagan algún tipo de arancel.
El problema no es la narrativa, esa la tienen que hacer todos los gobiernos. El problema es que el gobierno se creyó su propia narrativa, a pesar de la realidad de los impactos.
La consecuencia de esto es la parálisis de inversiones que tenemos en los últimos años, acompañada de claras muestras de deterioro en la microeconomía, es decir, en el bolsillo. Basta con revisar la situación por la que hoy pasa todo el sector restaurantero y de hospitalidad. Termómetros claros.
Ante todo este contexto, nada se ha hecho por adaptar el Plan México a la realidad que vivimos. No ha habido una revisión de sus limitaciones y una comprensión de que son muchas más cosas las que se deben hacer para mantener atractivo a México para los inversionistas.
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La semana pasada se hizo la Mexico Week en Nueva York, con los principales inversionistas globales. Todos reconocen la apertura al diálogo, a diferencia de los 6 años de AMLO.
Pero ya no se compran la narrativa gubernamental. A dos de años del gobierno Sheinbaum, el comentario común es: el diálogo no se está traduciendo en acciones concretas que den certidumbre a los inversionistas. Los problemas siguen, y no parece haber muchos avances.
Y no se trata de la incertidumbre arancelaria y del TMEC. Se trata de los problemas estructurales de nuestra economía, evidenciados en la entrega de un paquete económico 2027 que poco parece atender las preocupaciones sobre las finanzas públicas del país.
En las mesas globales de inversión, México ya no es un país que emocione, es un país que sí mantiene un atractivo, pero por descarte e inercia. La confianza en que México le apostará al futuro, e incluso al presente, se está diluyendo. Mexico parece estar sentado viendo la vida pasar.
Hoy, como en la pandemia, o como con la electromovilidad, las oportunidades se nos van de largo. Más nos vale salir del pasmo y dejarnos de anacronismos, o el mundo nos dejará muy atrás.
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