La reciente escalada comercial entre Estados Unidos y Canadá constituye un factor relevante para comprender el futuro de la renegociación del T-MEC y, particularmente, la posición estratégica de México. La imposición estadounidense de aranceles de hasta 50% a determinados productos canadienses, seguida de la decisión de Ottawa de responder con medidas recíprocas, evidencia que Washington está dispuesto a utilizar instrumentos comerciales como mecanismos de presión para alcanzar objetivos económicos y estratégicos.
Tensión comercial Estados Unidos–Canadá y el T-MEC
El conflicto resulta especialmente significativo porque ocurre en paralelo al proceso de revisión del T-MEC. Desde julio de 2026, Estados Unidos y México han mantenido negociaciones bilaterales, mientras Canadá ha enfrentado mayores dificultades para alcanzar acuerdos con Washington. De hecho, las conversaciones México–Estados Unidos han avanzado hacia una cuarta ronda, aunque persisten diferencias importantes en reglas de origen y contenido automotriz.
Para México, esta situación presenta simultáneamente riesgos y oportunidades. El principal riesgo consiste en que la fragmentación de la relación Estados Unidos–Canadá debilite la lógica trilateral del T-MEC. Una creciente utilización de medidas arancelarias unilaterales podría generar incertidumbre para las empresas que operan mediante cadenas productivas integradas en los tres países. Sectores como automotriz, acero, aluminio, maquinaria y manufactura avanzada podrían enfrentar mayores costos y una reorganización de proveedores.
Sin embargo, existe también una oportunidad estratégica para México. La tensión con Canadá puede incentivar a Estados Unidos a fortalecer su relación productiva con México como socio prioritario dentro de América del Norte. La posición geográfica mexicana, su amplia integración manufacturera y su participación en cadenas de suministro norteamericanas podrían adquirir mayor valor estratégico. Washington podría privilegiar acuerdos con México que garanticen mayor contenido regional, proveedores confiables y menor dependencia de China.
Esta posibilidad coincide con la evolución de las negociaciones estadounidenses. La administración del presidente Trump ha buscado reducir déficits comerciales, repatriar producción y fortalecer industrias consideradas estratégicas. En este contexto, las conversaciones con México ya no se limitan a aranceles y acceso a mercados, sino que incluyen reglas de origen, manufactura, cadenas de suministro y sectores estratégicos.
La disputa Estados Unidos–Canadá confirma que el T-MEC está adquiriendo una función de gobernanza estratégica. El tratado se encuentra cada vez más vinculado con la seguridad económica, la resiliencia productiva y la competencia geoeconómica con China. Para México, esto significa que la negociación debe aprovechar su posición como plataforma de manufactura y, simultáneamente, incrementar el contenido tecnológico nacional.
En síntesis, la disputa comercial Estados Unidos–Canadá puede beneficiar a México si genera una mayor integración productiva México–Estados Unidos, pero puede perjudicarlo si deriva en una fragmentación del mercado norteamericano. El desafío consiste en transformar esta coyuntura en una ventaja estratégica: fortalecer la integración regional, mantener la cooperación trilateral y utilizar el T-MEC como instrumento para construir cadenas de valor más resilientes, tecnológicas y competitivas.
Esta coyuntura permite fundamentar la hipótesis: la competitividad regional dependerá cada vez menos de los costos laborales y más de la capacidad institucional para construir ecosistemas productivos, tecnológicos y estratégicos resilientes. Para México, la renegociación del T-MEC representa, por tanto, no solamente una negociación comercial, sino una oportunidad para redefinir su posición dentro de la nueva arquitectura económica y de seguridad de América del Norte.
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Nota del editor: José María Ramos es especialista en relaciones México-EU y Profesor del colegio de la frontera norte, Tijuana. Analista de gobernanza, políticas y gestión estratégica para el desarrollo y de la cooperación transfronteriza MexUS./ Dr. en Ciencias Políticas y Sociología por el Instituto Universitario y de Investigación José Ortega y Gasset, España. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.