De acuerdo con el análisis de México ¿cómo vamos?, en 2027 el 45.6% del presupuesto de los programas prioritarios de inversión se destinará a Pemex; 26.9% a trenes; solo el 10.9% a CFE.
El significado de esto es muy sencillo. La 4T se endeuda a paso acelerado, pero no para gasto productivo sino para seguir manteniendo programas sociales obesos y mal dirigidos, así como a una estructura quebrada de Pemex y una CFE limitada por su visión anacrónica del sector energético.
Esto es importante porque nos regresa a los problemas autoinfligidos por la 4T que han deteriorado las inversiones en México.
Energía es de los principales, pues es la base para cualquier actividad industrial. El Obradorato dinamitó la capacidad eléctrica del país por su visión obsoleta del mundo. La Presidenta no ha logrado entender que debe cambiar de fondo el modelo, y toma acciones tímidas e insuficientes.
La falta de generación y de infraestructura de transmisión y distribución, es de los factores que más inhibe la actividad económica, junto con deficiente infraestructura logística, mala operación aduanera, crecientes costos laborales, incertidumbre jurídica, y un largo etcétera.
Pero el problema de la inversión en México no es nuevo. La inversión pública viene con problemas desde hace varios sexenios, en particular a partir de Calderón. De hecho, con AMLO hubo incremento. Sin embargo, ese incremento se debió a pocas obras faraónicas e improductivas.
Una refinería que no refina. Un aeropuerto que no despega. Un tren de pasajeros vacío. Al menos en los sexenios previos, que tampoco eran muy eficientes en inversión, la privada se mantenía.
Durante la “terrible década neoliberal” de los 90, los niveles de inversión, tanto pública como privada, tuvieron importantes crecimientos que no se han visto a partir de los 2000. Con excepción de 1995 por la crisis zedillista. Pero incluso de esa crisis se recuperó la inversión a partir de 1996.
Salvo años muy específicos, la inversión total en México no rebasa el 22%. En 2021 tuvo un pico, pero por el rebote post pandemia. Desde 2024, la inversión viene claramente a la baja.
Y como vemos en el Presupuesto, el gobierno no invierte. Y no invierte porque tiene problemas estructurales como PEMEX, el alto gasto por programas sociales mal diseñados, y el déficit público. La proporción de endeudamiento con respecto de la inversión física ha sido negativa durante la 4T.
Si la Presidenta realmente está preocupada por la inversión, lo primero que debe entender es que crecimiento y prosperidad solo se dan con inversión productiva que detone actividad económica.
Para ello, tendría que cambiar el ADN 4Tista, corregir los errores de políticas públicas para dar certidumbre a la inversión privada, para así realmente ayudar a los de menores ingresos y dejar de endeudar al país para uso improductivo, e irresponsable, de los recursos públicos.
El enemigo de la inversión no está afuera. Está adentro, y podría resolverse de manera muy sencilla, si es que hay voluntad real de generar prosperidad compartida.
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.