Dos metodologías, dos verdades convenientes
Por un lado, el INEGI construye sus Estadísticas de Defunciones Registradas a partir de certificados de defunción y actas del Registro Civil: cuenta cuerpos, no expedientes.
Por otro, el SESNSP contabiliza carpetas de investigación abiertas por las 32 fiscalías estatales: cuenta denuncias, no necesariamente muertes confirmadas como homicidio intencional.
La propia SSPC lo reconoció esta semana en un comunicado, al admitir que "las cifras absolutas presentan diferencias derivadas de las metodologías empleadas por cada institución", aunque insistió en que ambas fuentes "coinciden en su variación anual".
Que coincidan en la tendencia no es una virtud metodológica: es el mínimo aceptable.
Lo que debería inquietarnos no es si ambas curvas bajan juntas, sino que sigamos aceptando, como país, que la cifra oficial de vidas perdidas dependa de qué mostrador uses para consultarla.
El fantasma del subregistro y la reclasificación
Aquí es donde la crítica deja de ser técnica y se vuelve política.
Organizaciones especializadas en seguimiento de incidencia delictiva han documentado, con series propias construidas sobre datos del propio SESNSP, un patrón que no puede leerse como casualidad estadística: mientras el homicidio doloso reportado por las fiscalías muestra descensos, categorías vecinas —homicidio culposo, "otros delitos contra la vida y la integridad"— muestran incrementos simultáneos.
El análisis realizado por especialistas lo plantea sin rodeos: para reducir artificialmente las cifras de homicidio doloso, basta con reclasificar el caso hacia una categoría estadísticamente menos visible.
Es la vieja trampa administrativa disfrazada de mejora en la procuración: no se resuelve el problema, se le cambia de etiqueta.
Y funciona precisamente porque cada fiscalía estatal captura y clasifica sus propios expedientes, sin una auditoría externa que verifique si un cuerpo con herida de arma de fuego terminó archivado como "homicidio culposo" por decisión del ministerio público en turno, no por la evidencia forense.