Por qué la contención no es una estrategia
Contener no es lo mismo que resolver.
Un despliegue militar puede bajar el homicidio en una plaza en semanas; ningún despliegue militar ha logrado, en ningún país, construir en ese mismo periodo una policía civil confiable, un ministerio público eficaz o un tejido social que deje de normalizar el conflicto vecinal.
La ENSU documenta que la ciudadanía sigue modificando su vida diaria por miedo, no que haya recuperado su libertad de movimiento.
Ese es el indicador que el gobierno nunca reporta en sus conferencias matutinas, porque no existe una métrica oficial que pregunte si las familias volvieron a caminar de noche, si las mujeres volvieron a usar el transporte público sin calcular rutas de escape, si los niños volvieron a jugar en la calle.
Mientras el éxito se mida en decomisos y detenciones, seguiremos optimizando la variable equivocada.
Tres reformas que sí cambiarían la ecuación
1) Primero, profesionalización real de la policía municipal, con carrera policial vinculante, salarios competitivos con el crimen organizado —no con el presupuesto municipal promedio— y evaluación de desempeño con consecuencias reales, no cosméticas. El 50.7% de confianza no se revierte con cursos de capacitación de fin de semana; se revierte con una policía que un ciudadano pueda ver, en cinco años, con una carrera y una pensión que valga la pena proteger.
2) Segundo, regionalización efectiva del diseño de política. Culiacán, Fresnillo, San Pedro Garza García y Morelia no comparten el mismo problema ni la misma economía criminal, y sin embargo reciben, en la práctica, el mismo menú de herramientas federales. El salto de diez puntos en San Pedro y Los Mochis en un solo trimestre demuestra que los mercados criminales se mueven con una velocidad y una lógica territorial que una estrategia nacional uniforme no puede seguir. Se necesita inteligencia estatal propia, presupuestos diferenciados y, sobre todo, la disposición política de admitir que lo que funciona en Sinaloa puede no servir en Nuevo León.
3) Tercero, prevención situacional en el espacio físico donde el miedo realmente vive: cajeros automáticos, calles, transporte y carreteras, según el propio INEGI. Iluminación, cámaras con tiempo de respuesta real, botones de emergencia funcionales, urbanismo que no abandone las banquetas. Esto no es un lujo estético de gobiernos ricos; es la intervención más barata y más rápida disponible, y sistemáticamente queda fuera de los presupuestos de seguridad porque no genera un boletín de prensa tan vistoso como una detención de alto perfil.