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ENSU Julio 2026 Segunda parte | Reformas para cambiar la ecuación

Cada vez que la confianza institucional cae, la respuesta ha sido la misma desde hace tres sexenios: más tropa en la calle.
asesinato Gabriel Soriano Kuri
La ENSU documenta que la ciudadanía sigue modificando su vida diaria por miedo, no que haya recuperado su libertad de movimiento, señala Alberto Guerrero Baena. (Cuartoscuro )

Un país, cien mercados criminales, donde la política uniforme ya no sirve a nadie

La receta que nadie quiere aplicar.

Terminé la entrega anterior con una pregunta incómoda: ¿qué pasa el día que las Fuerzas Armadas dejen de sostener, con su prestigio prestado, la confianza que las policías locales no han sabido ni podido construir por sí mismas?

La respuesta corta es que no lo sabemos, porque nunca lo hemos probado.

Cada vez que la confianza institucional cae, la respuesta ha sido la misma desde hace tres sexenios: más tropa en la calle. Es momento de decir, sin eufemismos, que esa receta ya agotó su rendimiento marginal, y que insistir en ella no es prudencia, es comodidad política.

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Por qué la contención no es una estrategia

Contener no es lo mismo que resolver.

Un despliegue militar puede bajar el homicidio en una plaza en semanas; ningún despliegue militar ha logrado, en ningún país, construir en ese mismo periodo una policía civil confiable, un ministerio público eficaz o un tejido social que deje de normalizar el conflicto vecinal.

La ENSU documenta que la ciudadanía sigue modificando su vida diaria por miedo, no que haya recuperado su libertad de movimiento.

Ese es el indicador que el gobierno nunca reporta en sus conferencias matutinas, porque no existe una métrica oficial que pregunte si las familias volvieron a caminar de noche, si las mujeres volvieron a usar el transporte público sin calcular rutas de escape, si los niños volvieron a jugar en la calle.

Mientras el éxito se mida en decomisos y detenciones, seguiremos optimizando la variable equivocada.

Tres reformas que sí cambiarían la ecuación

1) Primero, profesionalización real de la policía municipal, con carrera policial vinculante, salarios competitivos con el crimen organizado —no con el presupuesto municipal promedio— y evaluación de desempeño con consecuencias reales, no cosméticas. El 50.7% de confianza no se revierte con cursos de capacitación de fin de semana; se revierte con una policía que un ciudadano pueda ver, en cinco años, con una carrera y una pensión que valga la pena proteger.

2) Segundo, regionalización efectiva del diseño de política. Culiacán, Fresnillo, San Pedro Garza García y Morelia no comparten el mismo problema ni la misma economía criminal, y sin embargo reciben, en la práctica, el mismo menú de herramientas federales. El salto de diez puntos en San Pedro y Los Mochis en un solo trimestre demuestra que los mercados criminales se mueven con una velocidad y una lógica territorial que una estrategia nacional uniforme no puede seguir. Se necesita inteligencia estatal propia, presupuestos diferenciados y, sobre todo, la disposición política de admitir que lo que funciona en Sinaloa puede no servir en Nuevo León.

3) Tercero, prevención situacional en el espacio físico donde el miedo realmente vive: cajeros automáticos, calles, transporte y carreteras, según el propio INEGI. Iluminación, cámaras con tiempo de respuesta real, botones de emergencia funcionales, urbanismo que no abandone las banquetas. Esto no es un lujo estético de gobiernos ricos; es la intervención más barata y más rápida disponible, y sistemáticamente queda fuera de los presupuestos de seguridad porque no genera un boletín de prensa tan vistoso como una detención de alto perfil.

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El costo de seguir esperando

Cada trimestre que la estrategia nacional posterga esta reconstrucción institucional local es un trimestre más en el que la legitimidad del Estado mexicano en materia de seguridad sigue siendo, literalmente, prestada por sus fuerzas armadas.

Eso funciona como analgésico. No funciona como cura, y los datos de San Pedro Garza García y Los Mochis son la prueba de que el analgésico deja de hacer efecto en cuanto la atención se mueve a otra plaza.

Ninguna fuerza armada del mundo está diseñada, entrenada ni presupuestada para sustituir de manera permanente a una policía municipal; hacerlo durante años no es una solución de transición, es una dependencia estructural que el próximo gobierno —sea quien sea— va a heredar sin haber construido la alternativa.

El indicador que debería importar

La pregunta correcta para evaluar esta o cualquier administración de seguridad no es cuánto bajó la percepción de inseguridad en un trimestre.

Es si, cinco años después, una mujer en Fresnillo, en Apodaca o en Nezahualcóyotl puede tomar el camión de las ocho de la noche sin calcular una ruta de escape mental, y si puede hacerlo confiando en la patrulla municipal que pasa por su calle, no en la caravana militar que llegó de refuerzo.

Mientras esa respuesta siga siendo no, todos los boletines trimestrales del INEGI seguirán midiendo, con una precisión estadística admirable, la distancia exacta entre la narrativa oficial y la vida real de la gente que la estrategia dice proteger.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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