El crimen organizado como multiplicador de riesgos
Existe además un factor que pocos análisis internacionales incorporan adecuadamente: el crimen organizado.
Las organizaciones criminales mexicanas poseen capacidades financieras, tecnológicas y territoriales que ningún otro actor no estatal en América Latina ha desarrollado con semejante profundidad. Esa realidad incrementa exponencialmente la complejidad del entorno de seguridad.
Cuando un país enfrenta simultáneamente organizaciones criminales transnacionales, campañas de desinformación, ciberamenazas y competencia entre grandes potencias, la inteligencia deja de ser un instrumento accesorio para convertirse en un componente esencial de la supervivencia institucional.
Reducir la cooperación internacional en ese contexto supone asumir riesgos estratégicos considerables.
El costo de la desconfianza
Las consecuencias de una menor confianza entre México y Estados Unidos trascienden el ámbito policial.
Menor intercambio de inteligencia implica menor capacidad para anticipar amenazas; menos operaciones conjuntas contra redes criminales; mayores dificultades para combatir el tráfico de armas y de precursores químicos; y un incremento de los costos políticos en la relación bilateral. También puede influir en la percepción de riesgo para la inversión, en la cooperación tecnológica y en las decisiones que afectan cadenas de suministro estratégicas.
La seguridad nacional dejó de ser un asunto exclusivamente militar.
Hoy condiciona la economía, la diplomacia y el desarrollo.
La soberanía exige instituciones fuertes
La verdadera soberanía no consiste en rechazar toda cooperación internacional, sino en contar con instituciones capaces de decidir autónomamente con quién cooperar, bajo qué condiciones y en defensa de qué intereses nacionales.
México necesita una política de inteligencia moderna, profesional y despolitizada; mecanismos sólidos de contrainteligencia; mayor protección de infraestructura crítica; capacidades avanzadas en ciberseguridad y una estrategia clara frente a la competencia geopolítica que atraviesa el hemisferio.
La ambigüedad estratégica puede ofrecer márgenes de maniobra en el corto plazo, pero difícilmente constituye una política sostenible cuando el entorno internacional se caracteriza por una creciente rivalidad entre potencias y por amenazas híbridas cada vez más sofisticadas.
La lección que deja el informe sobre inteligencia cubana trasciende a Cuba.
Nos recuerda que la competencia del siglo XXI ya no se libra únicamente en los campos de batalla, sino en la capacidad de los Estados para proteger sus instituciones, preservar la confianza de sus aliados y defender la autonomía de sus decisiones estratégicas.
Para México, ese desafío no es futuro.
Es presente.
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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.