El domingo 28 de junio, agentes federales detuvieron en Santiago, Nuevo León, a Octavio Leal Moncada, líder de la Columna Armada Pedro J. Méndez. La FGR lo acusa de delincuencia organizada, tráfico de migrantes y secuestro. No se trató de la captura de un delincuente cualquiera. Leal Moncada es el jefe de una organización criminal que durante años construyó un poder territorial basado en las armas, la intimidación y la violencia, pero también es un abierto y entusiasta promotor de Morena en Tamaulipas.
La columna armada de Morena
La Columna nació en 2010, en medio de la guerra entre el Cártel del Golfo y Los Zetas por el control del estado, y se presentó como una organización de autodefensa creada para proteger a los habitantes de Hidalgo, Tamaulipas. Con el paso de los años dejó de fingir demasiado. Reclutó personajes ligados a grupos criminales, extendió su influencia por varios municipios de la zona y se convirtió en una especie de Estado dentro del Estado, capaz de imponer autoridades, cerrar carreteras, movilizar contingentes y desafiar al gobierno en turno.
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La relación con el obradorismo comenzó a hacerse visible en 2019. El 1 de agosto, Ricardo Peralta, entonces subsecretario de Gobernación, llegó a Tamaulipas para reunirse con integrantes de la Columna. Poco más de un mes después, el 7 de septiembre, López Obrador visitó el municipio de Hidalgo y fue recibido entre mantas de bienvenida, gritos y muestras desbordadas de apoyo por parte de la organización. Mientras el presidente predicaba su política de abrazos, desde su propio gobierno la llevaban a la práctica y construían puentes con un grupo armado.
El pacto electoral se volvió descarado en 2022. La Columna se volcó a favor de Américo Villarreal. Sus dirigentes hicieron llamados públicos para votar por Morena y la organización movilizó su estructura territorial. En el distrito 13, integrado por seis municipios bajo la influencia del grupo, el partido guinda obtuvo alrededor del 87% de los votos y, en algunas casillas, la votación a favor de Villarreal alcanzó el 100%. La elección fue impugnada. Hubo denuncias por bloqueos carreteros de la Columna para impedir el paso de votantes, amenazas, coacción del voto y violencia generalizada. El Tribunal Electoral reconoció la existencia de ese respaldo político, pero consideró que los elementos eran insuficientes para acreditar que el Cártel del Golfo, a través de la Columna, hubiera intervenido en la elección o presionado directamente a los votantes. El formalismo judicial, sin embargo, no puede borrar los videos, los discursos, la movilización abierta ni unos resultados electorales absolutamente atípicos.
El 5 de julio de 2022, todavía con Francisco García Cabeza de Vaca al frente del gobierno estatal, Leal Moncada fue detenido acusado de homicidio. La Columna respondió como sabe hacerlo: bloqueó carreteras y movilizó cientos de vehículos para exigir la liberación de su jefe. Dos semanas después, el propio secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, señaló públicamente que la organización estaba vinculada con el Cártel del Golfo. No fue una acusación de la oposición ni una teoría de algún adversario de Morena, fue el diagnóstico del gobierno federal encabezado por el partido al que la Columna acababa de ayudar electoralmente.
Américo Villarreal tomó posesión el 1 de octubre de 2022. Menos de dos meses después, fue revocado el auto de formal prisión contra Leal Moncada y se ordenó su libertad. El líder del grupo que había operado abiertamente a favor del nuevo gobernador salió libre inmediatamente después de que Morena asumiera el poder en Tamaulipas.
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Alrededor de la Columna aparece, además, una red política que alcanza al actual Poder Judicial del estado. Juan José Contreras Castillo, exalcalde de Hidalgo, defensor público de Leal Moncada y personaje cercano a la organización, es primo hermano de Tania Contreras López. Ella fue consejera jurídica del gobierno de Américo Villarreal y actualmente es magistrada presidenta del Poder Judicial de Tamaulipas. Los vínculos políticos y familiares que rodean al grupo merecen una explicación bastante más seria que el silencio.
La lealtad de la Columna con Morena no terminó con la elección de Américo. En marzo de 2024, Octavio Leal llamó abiertamente a votar por Claudia Sheinbaum. “Todos a votar por la científica”, dijo ante miles de sus seguidores reunidos en Hidalgo. La organización que el propio gobierno federal había vinculado con el Cártel del Golfo hacía campaña, sin pudor alguno, por la candidata presidencial del partido en el poder.
En octubre de ese mismo año, Leal Moncada encabezó una movilización en Ciudad Victoria para respaldar a Sheinbaum y apoyar la reforma al Poder Judicial impulsada por López Obrador y Morena. Meses después también movilizo a su gente en la elección judicial de 2025. En esa misma elección, Tania Contreras obtuvo la mayor votación entre las candidaturas al Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas y terminó asumiendo su presidencia. La secuencia, por decir lo menos, merece atención.
Leal Moncada volvió a prisión, y sus operadores ya anunciaron que buscarán negociar directamente con Claudia Sheinbaum. Juan José Contreras Castillo salió, una vez más, en defensa del líder de la organización, mientras sus simpatizantes exigieron la intervención de la presidenta. Hasta para pedir la libertad de su jefe, la Columna sabe exactamente a qué puerta tocar.
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Un grupo armado que el propio gobierno de López Obrador vinculó con el Cártel del Golfo hizo campaña por Morena, movilizó votos para sus candidatos, operó con violencia a su favor, respaldó sus principales proyectos políticos y, cuando su líder cayó preso, actores políticos locales del partido salieron de inmediato a defenderlo. El vínculo no está oculto, está exhibido a plena luz del día.
Claudia Sheinbaum se cansa de exigir pruebas cada vez que se habla de los vínculos de Morena con el crimen organizado. Pues aquí están. No son testimonios anónimos ni expedientes secretos. Son fotografías, videos, discursos, elecciones y años de colaboración política presumida sin el menor recato.
La Columna Armada Pedro J. Méndez no es una prueba circunstancial de la narcopolítica, es probablemente su retrato más nítido. Ahora que Octavio Leal Moncada fue detenido, queda por saber si el gobierno finalmente decidió romper, presionado por Estados Unidos, con uno de los aliados más tóxicos del obradorismo o si solamente está intentando silenciar a uno de los testigos que mejor conoce esa historia.
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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.