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Coahuila: la sorpresa de los desinformados

Un dato que desmonta cualquier narrativa de resultado artificial: la participación fue alta. Históricamente, eso ha perjudicado al PRI. Aquí ocurrió lo contrario: amplió la ventaja hasta casi 30 puntos.
Coahuila Elecciones Locales
Confundir al PRI Coahuila con el PRI nacional es quizás el error más costoso del análisis superficial. En Coahuila, el partido lleva dos décadas construyendo una maquinaria electoral, apunta Jean Paul Huber Olea y Contró. (Instituto Nacional Electoral)

Quien se sorprendió del resultado electoral en Coahuila el pasado domingo no estaba leyendo a Coahuila: estaba leyendo las redes sociales. La sorpresa es un diagnóstico, no del estado norteño, sino de quienes lo analizan desde la distancia cómoda del escritorio nacional.

Coahuila no es México, y ese es precisamente el error de quien extrapola: asumir que lo que ocurre a escala nacional se replica de manera idéntica en cada entidad. Sus variables políticas, históricas y sociales no son extensión del promedio nacional; son producto de una realidad propia que exige ser leída en sus propios términos.

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No es casual que esta entidad sea tierra de Francisco I. Madero —nacido en Parras— y de Venustiano Carranza —oriundo de Cuatro Ciénegas—, dos figuras que definieron el rumbo de la democracia mexicana. Esa herencia es parte de una cultura política que precede a cualquier coyuntura electoral y que no se explica desde afuera.

Los datos tampoco admiten sorpresa. En 2012, Coahuila era uno de los estados más violentos del país; hoy ocupa el tercer lugar en seguridad pública nacional. Representa el 3.7% del PIB y es la séptima economía del país. Su escolaridad promedio –educación media superior, por encima de la media nacional– incide directamente en cómo el electorado procesa y pondera sus opciones.

Y hay un dato que desmonta cualquier narrativa de resultado artificial: la participación fue alta. Históricamente, eso ha perjudicado al PRI. Aquí ocurrió lo contrario: amplió la ventaja hasta casi treinta puntos. Como sentenció Carville en la campaña de Clinton: "Es la economía, estúpido." Aplicado a Coahuila: son los datos —y los datos no sorprenden a quien los conoce.

Confundir al PRI Coahuila con el PRI nacional es quizás el error más costoso del análisis superficial. En Coahuila, el partido lleva dos décadas construyendo una maquinaria electoral con método científico y alta tecnificación, referente nacional e internacional.

Su arquitecto es Rubén Moreira Valdez, actual coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, quien ganó la gubernatura con veinte puntos de ventaja a los 48 años. Sus sucesores comparten trayectoria probada desde la presidencia municipal: Miguel Riquelme fue alcalde de Torreón y llegó al gobierno del estado a los 47; Manolo Jiménez fue alcalde de Saltillo y asumió la gubernatura a los 37. No es dinastía, es cantera.

Lo que la prensa nacional interpreta como lastre, el electorado coahuilense lo pondera con otras variables que el análisis de escritorio sistemáticamente omite.

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Que en las semanas siguientes prolifere el catálogo habitual de anomalías –operación estructurada, compra de votos, irregularidades sistémicas– es tan predecible como irrelevante jurídicamente. Treinta puntos de ventaja no se impugnan con éxito; las matemáticas electorales son inflexibles.

Pero más allá del resultado concreto, lo que se repite es un patrón transpartidario: el PRI lo ha hecho cuando pierde, el PAN también. La derrota en México rara vez genera autocrítica; casi siempre produce un factor exógeno al cual culpar. Esa externalización sistemática de la responsabilidad es un síntoma de inmadurez democrática enquistado en el ADN de todo el sistema político, no de un partido en particular.

Si algo merece el calificativo de sorprendente en esta elección, no es el triunfo del PRI. Es que el PAN –históricamente relevante en la Comarca Lagunera– no alcanzó el 3% de la votación estatal, lo que le costará sus prerrogativas locales. Movimiento Ciudadano enfrenta un escenario similar.

El contraste con el PRI Coahuila es revelador. Mientras este construyó un semillero de cuadros con décadas de formación interna, el PAN agotó su modelo de notables sin renovarlo. Cuando el relevo generacional desapareció del escenario, no había cantera que lo sustituyera. Esa diferencia no se resuelve en una campaña: se construye –o se descuida– en décadas. La pregunta que el PAN Coahuila tendrá que responder no es por qué perdió esta elección, sino si sus esquemas de organización y liderazgo siguen siendo vigentes. Eso sí es una novedad que vale la pena analizar. Y eso sí es una sorpresa.

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Nota del editor: Jean Paul Huber Olea y Contró es Licenciado en Derecho por la UNAM y catedrático por oposición de Derecho Electoral en la Facultad de Derecho de la misma universidad, y Maestro en Mercadotecnia y Publicidad por la Universidad Anáhuac. Es consultor político con más de 30 años de experiencia en materia electoral. Es expresidente de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP), miembro de la Asociación Internacional de Consultores Políticos (IAPC) y actualmente es Notario Público, Presidente de la Comisión de Asuntos Electorales del Colegio Nacional del Notariado Mexicano desde 2020. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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