Que en las semanas siguientes prolifere el catálogo habitual de anomalías –operación estructurada, compra de votos, irregularidades sistémicas– es tan predecible como irrelevante jurídicamente. Treinta puntos de ventaja no se impugnan con éxito; las matemáticas electorales son inflexibles.
Pero más allá del resultado concreto, lo que se repite es un patrón transpartidario: el PRI lo ha hecho cuando pierde, el PAN también. La derrota en México rara vez genera autocrítica; casi siempre produce un factor exógeno al cual culpar. Esa externalización sistemática de la responsabilidad es un síntoma de inmadurez democrática enquistado en el ADN de todo el sistema político, no de un partido en particular.
Si algo merece el calificativo de sorprendente en esta elección, no es el triunfo del PRI. Es que el PAN –históricamente relevante en la Comarca Lagunera– no alcanzó el 3% de la votación estatal, lo que le costará sus prerrogativas locales. Movimiento Ciudadano enfrenta un escenario similar.
El contraste con el PRI Coahuila es revelador. Mientras este construyó un semillero de cuadros con décadas de formación interna, el PAN agotó su modelo de notables sin renovarlo. Cuando el relevo generacional desapareció del escenario, no había cantera que lo sustituyera. Esa diferencia no se resuelve en una campaña: se construye –o se descuida– en décadas. La pregunta que el PAN Coahuila tendrá que responder no es por qué perdió esta elección, sino si sus esquemas de organización y liderazgo siguen siendo vigentes. Eso sí es una novedad que vale la pena analizar. Y eso sí es una sorpresa.
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Nota del editor: Jean Paul Huber Olea y Contró es Licenciado en Derecho por la UNAM y catedrático por oposición de Derecho Electoral en la Facultad de Derecho de la misma universidad, y Maestro en Mercadotecnia y Publicidad por la Universidad Anáhuac. Es consultor político con más de 30 años de experiencia en materia electoral. Es expresidente de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP), miembro de la Asociación Internacional de Consultores Políticos (IAPC) y actualmente es Notario Público, Presidente de la Comisión de Asuntos Electorales del Colegio Nacional del Notariado Mexicano desde 2020. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.