Lo que vino después fue otra historia. La extinción de la Policía Federal en 2019, bajo el argumento de que estaba corrompida hasta los huesos —lo cual era parcialmente cierto, pero no era razón suficiente para arrasar con todo—, desmanteló no sólo la institución sino el modelo de vigilancia carretera que el país había tardado generaciones en construir.
La reforma que llega tarde y sin mapa
La reciente reforma que otorga sustento legal a la Guardia Nacional para hacerse cargo formal de la vigilancia de carreteras federales confirma algo que ya sabíamos pero que nadie quería decir con todas sus letras: durante años, los elementos de la Guardia operaron en carreteras sin tener atribuciones legales claras para sancionar, retener o actuar con toda la autoridad que el cargo exige.
Era un limbo jurídico disfrazado de despliegue. Ahora se corrige la forma. El fondo sigue siendo una pregunta abierta.
Y la pregunta central es brutal en su simplicidad: ¿tienen los elementos de la Guardia Nacional la formación técnica, táctica y jurídica necesaria para ejercer vigilancia carretera con los estándares que el cargo demanda?
La respuesta honesta, la que no aparece en los boletines oficiales, es: no lo sabemos con certeza, y eso ya es un problema.
Militares en carreteras: el perfil que no cuadra
La Guardia Nacional nació con un pecado estructural que sus defensores nunca han podido resolver satisfactoriamente: fue una institución de carácter civil en su nombre, pero de naturaleza militar en su formación, mando y doctrina operativa.
Sus cuadros fundadores provienen mayoritariamente del Ejército y la Marina. La lógica de su entrenamiento está orientada al control territorial, la contención de amenazas y la respuesta a la violencia organizada.
Eso no es lo mismo —en absoluto— que la vigilancia especializada de corredores carreteros.
Un policía de caminos formado en la doctrina correcta sabe gestionar un accidente multiactores en una autopista de cuota con tráfico pesado. Sabe coordinar con la SICT, con protección civil, con seguros, con peritos. Sabe actuar sobre robo a transporte bajo protocolos que preserven cadenas de custodia. Sabe aplicar infracciones de tránsito con sustento en la Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal.
Sabe, sobre todo, distinguir entre una operación policial y una operación militar.
¿Saben hacer todo eso los elementos desplegados hoy por la Guardia Nacional?
Algunos, quizás. Todos, no.
Y en seguridad, "quizás" y "algunos" son umbrales de riesgo institucional, no de éxito operativo.