Sin embargo, el verdadero problema no es lo que dijo Ayuso. El problema más profundo es que 500 años después las estructuras de desigualdad que nacieron desde la colonia siguen presentes en México.
Cada vez que surge una polémica sobre Hernán Cortés, las discusiones suelen reducirse a extremos cómodos. De un lado, quienes intentan romantizar la conquista española bajo discursos de civilización, mestizaje o hispanidad. Del otro, quienes convierten toda la relación histórica entre México y España en una narrativa absoluta de opresión.
Pero mientras el debate se queda atrapado en símbolos, estatuas y declaraciones mediáticas, millones de personas indígenas y campesinas continúan viviendo en condiciones de exclusión que ningún gobierno ha logrado corregir realmente.
Las regiones con mayores niveles de pobreza en México siguen coincidiendo, en buena medida, con aquellas donde históricamente se concentraron comunidades indígenas y campesinas. Los rezagos en acceso a justicia, salud, infraestructura, educación y desarrollo económico siguen teniendo un componente profundamente territorial y étnico.
Cambiaron las constituciones. Cambió el sistema político. Cambió el discurso oficial. Pero no ha cambiado la estructura profunda de la desigualdad. México aprendió a reivindicar discursivamente a sus pueblos indígenas. Lo que todavía no aprende es a redistribuir poder, riqueza y acceso efectivo a la justicia.
Por eso resulta insuficiente reducir el debate únicamente a si Hernán Cortés debe ser condenado o reivindicado históricamente. La pregunta verdaderamente incómoda es otra: ¿qué hizo el México independiente con las poblaciones históricamente sometidas desde la colonia?
Porque después de la Independencia, después de la Revolución e incluso después de décadas de gobiernos que se asumieron cercanos a las causas sociales, las comunidades indígenas y campesinas siguen siendo las más vulnerables frente a la pobreza, el abandono institucional y la exclusión.
Incluso las propias instituciones mexicanas parecen atrapadas en una lógica más simbólica que transformadora.