Las propuestas recientes para “corregir” la reforma parten de un diagnóstico que ya nadie discute. El modelo generó demasiados candidatos, procesos de evaluación débiles y un electorado que, en muchos casos, votó sin información suficiente. La apertura total no produjo mayor legitimidad, sino más incertidumbre. Frente a ese escenario, la solución que empieza a construirse no es abandonar la elección, sino condicionarla.
La ministra Yasmín Esquivel, con olfato político, se adelantó planteando serie de ajustes que, aunque se presentan como técnicos, tienen un efecto político claro. Exámenes obligatorios, requisitos más estrictos, reducción de candidaturas, control de campañas. En conjunto, estos elementos no solo buscan mejorar la calidad del proceso, también delimitan quién puede participar en él. La ministra no solo está corrigiendo el modelo, está ocupando el espacio de quien define cómo hacerlo viable en un momento en que la reforma empieza a mostrar sus límites.
En paralelo, la iniciativa presentada en el Senado, suscrita por Ola Sánchez Cordero, Javier Corral y otros legisladores que participaron en el diseño original, avanza en la misma dirección. Posponer la elección, concentrar la evaluación, elevar estándares y reducir el número de candidaturas. No se trata únicamente de ajustes operativos, sino de una reconfiguración del sistema. Quienes impulsaron la apertura ahora impulsan el filtro. Puede leerse como un reconocimiento pragmático de error, pero también como un intento de reducir la incertidumbre que ellos mismos generaron. La apertura absoluta resultó políticamente atractiva, pero operativamente riesgosa. El filtro técnico permite ordenar el proceso y, al mismo tiempo, acotar sus resultados.
Ese cambio no es menor. Significa que el momento decisivo ya no está en la urna, sino en el proceso previo. El voto permanece, pero condicionado. La apertura se conserva en el discurso, pero se acota en la práctica. Y en ese nuevo esquema, la formación y la evaluación dejan de ser elementos secundarios para convertirse en el verdadero umbral de entrada.
Por eso la Escuela de Formación Judicial cambia de papel.