De igual forma, el incremento en “otros delitos contra la vida y la integridad corporal” o en desapariciones puede coexistir con descensos en homicidio doloso, generando un efecto de compensación estadística. Si se observan las categorías de manera aislada, el diagnóstico puede ser optimista; si se analizan en conjunto, el panorama resulta más complejo y, en algunos casos, menos alentador.
Una aproximación integral a la medición de la violencia letal
Frente a estas limitaciones, México Evalúa propone una aproximación integral a la violencia letal mediante la construcción de un indicador compuesto que articula cinco fenómenos: homicidio doloso, feminicidio, homicidio culposo, otros delitos contra la vida y personas desaparecidas y no localizadas.
Cada uno cumple una función específica. El homicidio doloso captura la violencia intencional directa; el feminicidio permite visibilizar la dimensión de género de la letalidad y el desempeño institucional en su tipificación; el homicidio culposo opera como termómetro de posibles distorsiones clasificatorias o fallas estructurales en la prevención; los otros delitos contra la vida amplían el espectro de conductas letales o potencialmente letales y también permite capturar distorsiones clasificatorias; y las desapariciones permiten incorporar mecanismos de ocultamiento y control territorial propios del crimen organizado.
El valor analítico de esta integración no radica en diluir la relevancia del homicidio doloso, sino en contextualizarlo. Al observar las cinco categorías de manera conjunta, es posible reducir sesgos asociados a la medición, identificar desplazamientos entre rubros y distinguir entre reducciones reales de la letalidad y reconfiguraciones estadísticas. Además, esta estrategia permite construir diagnósticos territoriales más finos, así como diferenciar entre las entidades y municipios donde la contención puede asociarse a capacidades institucionales más sólidas, de los territorios donde la violencia parece mutar o redistribuirse entre categorías.