La política ha sido la herramienta que ha utilizado la humanidad para dar solución a los problemas que superan el ámbito individual, de la familia, o del grupo social, y que, por su complejidad, requieren ser atendidos por la organización estatal, para garantizar paz social, estabilidad política o equilibrio económico.
Gobernanza digital, ¿la abdicación humana en la toma de decisiones políticas?
En esa labor, el Estado ha utilizado procesos, la puesta en funcionamiento de sistemas de solución de conflictos y el desarrollo de tecnologías aplicadas a enfrentar una gama diversa de problemáticas, que permitan eficientar el trabajo de las burocracias y, paralelamente, agilizar la atención de necesidades ciudadanas, pues, como señala Daniel Innerarity: “Las prácticas políticas son operaciones que miden, planifican y establecen procesos para la toma de decisiones conforme a cierto orden”.
Con la entrada de las nuevas tecnologías digitales en el escenario público, se habilitan mecanismos a través de los cuales se conocen las preferencias y visiones de quienes integran el universo social, y se provee a las personas de información pertinente para hacerlas partícipes competentes en el debate político sobre la gobernanza.
En ese escenario, internet, las redes sociales y la IA, han dado lugar a un nuevo proceso de comunicación en el que usuarias y usuarios tienen a su disposición una suerte de herramienta de democracia directa a través de la cual critican, aprueban o desaprueban la gestión pública de un funcionario o de un gobierno, la puesta en marcha de una política pública, la inactividad gubernamental, o apuntalan o rechazan una candidatura, de modo que la democracia y la forma de ejercer el gobierno tiene que atender las voces que se comunican en el espacio digital, del mismo modo que se haría con una manifestación de descontento en la plaza pública.
Sin embargo, la forma de hacerlo obedece a mecánicas completamente diferentes. En el caso de una muchedumbre se toman sus puntos de vista y a partir de las diversas voces y expresiones se construye una decisión concreta, pero, la mecánica de construcción de las decisiones públicas a partir de lo que se manifiesta en el universo digital supone “analizar datos en tiempo real y tomar decisiones o realizar acciones automáticamente” (Villarreal), sin que para ello sea necesaria la mano humana.
Vale señalar, no obstante, que “la racionalidad algorítmica” (Innenarity), no implica una ruptura completa con el pasado, sino una continuidad histórica que vincula al gobierno con una novedosa forma de gobernanza, que perfecciona la labor de las burocracias y facilita el desarrollo de procesos y vínculos sociales de quienes ejercen el poder político con la sociedad civil, no solo a partir de su voz, sino de los millones de datos que produce una población específica y que puede ser captada a través de mecanismo de IA.
En este escenario, la automatización y mecanización de los procesos se convierte en una herramienta que puede sustituir la voluntad humana, no sólo porque facilita el vínculo de relación directo con la ciudadanía, también porque abarata costos y hace más eficaz el desempeño burocrático, a partir de predicciones y generalizaciones que favorecen la modernización de los procedimientos, aunque ello podría provocar el riesgo latente de llegar al extremo de una automatización integral de las decisiones políticas o gubernamentales.
En ese contexto, la utilización burocrática de la IA puede suponer la sustitución del capital humano en aras de facilitar, simplificar y automatizar los procesos. Si bien esa circunstancia puede implicar una disminución relevante de costos materiales y humanos, es importante no inclinar la balanza hasta el grado de que esa maquinización de los procesos se convierta en una robotización del engranaje gubernamental de la toma de decisiones, lo que evidentemente actúa en detrimento del trabajo humano, pero también de la relación y el establecimiento de vínculos sociales reales.
Históricamente, la tecnología ha sido la llave a buena parte de los adelantos civilizatorios, que abarcan desde el descubrimiento del fuego o la invención de la rueda, hasta la entrada en funcionamiento de la imprenta, el barco de vapor, el telégrafo, el teléfono o la radio y la televisión. En ese marco, la irrupción de la tecnología digital, principalmente de la IA, trae múltiples beneficios, pero, también posibles riesgos.
En el ámbito político, la “algoritmización de las decisiones” puede llevarnos a destinos probabilísticos alejados de la realidad, ya que la vida cotidiana no puede someterse, en buena parte de los casos, ni únicamente, a cálculos aritméticos, estadísticos, predicciones o generalizaciones a partir de ciertos datos, sino a la problematización directa y causal de la realidad, o a la aplicación de controles jurídicos para encontrar soluciones a determinados conflictos, y estar en condiciones de dar respuesta a los diversos procesos complejos que se viven a diario, desde una perspectiva objetiva, eficaz, pero, sobre todo, humana.
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Nota del editor: José Jesús Hernández Rodríguez es Magistrado electoral del TECDMX. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.