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Davos y la realineación global

La confluencia de líderes y de definiciones en el famoso destino alpino marcaron un cambio de tono y de la dirección que tomarán los reacomodos geopolíticos en curso.
vie 23 enero 2026 06:05 AM
Davos y la realineación global
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), sostiene una carta fundacional firmada en la reunión de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, el 22 de enero de 2026. (FABRICE COFFRINI/AFP)

Las reuniones anuales del Foro Económico Mundial en Davos no suelen producir grandes titulares. Tradicionalmente funcionan más como un espacio de diagnóstico y visión compartida que como un escenario de anuncios disruptivos. Sin embargo, el contexto actual es distinto. El orden mundial atraviesa un proceso de cambio y lo que observamos en Davos en esta ocasión no solo fue un síntoma de este cambio, sino un acelerador. De este modo, la confluencia de líderes y de definiciones en el famoso destino alpino marcaron un cambio de tono y de la dirección que tomarán los reacomodos geopolíticos en curso.

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Ante los amagos continuos de Donald Trump, Europa decidió dar un golpe de timón y abandonar la política de apaciguamiento que había adoptado para enfrentarlos. La cautela retórica brilló por su ausencia y sus líderes optaron por reconocer el entorno hostil y la necesidad de trabajar hacia su autonomía económica, política y de seguridad. Por su parte, el primer ministro canadiense, Mark Carney, fue elogiado por retratar de manera honesta y elocuente el momento histórico, al que caracterizó como una ruptura y no una transición. Pero el más disruptivo no fue Carney, sino el canciller alemán. Después de más de 70 años de un marcado antimilitarismo alemán como pilar normativo, político e identitario, Friedrich Merz destacó la necesidad de Europa de defenderse y rápido, junto con la intención de su gobierno de aumentar el gasto en defensa hasta un 5% del PIB, después de décadas de no llegar ni al 2%.

La posición antagónica de estos líderes y la reacción adversa de los mercados tras el anuncio de aranceles a países europeos posibilitaron otro cambio de tono. A diferencia de lo manifestado en su discurso, en el que se refirió a la necesidad de tener posesión total de Groenlandia, celebró la construcción de un acuerdo que le permitiría a Estados Unidos tener control de algunas partes para la colocación de bases militares. De esta manera, ante una reacción internacional adversa, el discurso y la pretensión se ajustan.

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Fue así como Donald Trump presentó su Consejo de Paz el día de ayer, con la ausencia de las potencias europeas y el respaldo de más de una veintena de países, algunos de los cuales tienen restricciones de visado en Estados Unidos. Pero, además del aislamiento de sus aliados tradicionales, destacó la ausencia de representantes del gobierno de Israel y de la dirigencia palestina en un evento más parecido a la presentación de un desarrollo urbano y turístico. Este detalle no es menor. El aislamiento estadounidense resulta de suma relevancia en un contexto de competencia con China, pues, como lo ha señalado el académico chino Yan Xuetong, la brecha entre ambos países no recae en el poderío militar o económico, sino en el sistema global de alianzas estratégicas administrado por nuestro vecino del norte.

En esta nueva realidad, la pérdida de aliados altera radicalmente la capacidad de Estados Unidos de posicionarse como líder del orden global emergente caracterizado por poder fragmentado. Los posicionamientos y reacomodos que sucedieron en Davos mostraron con claridad que no solo están cambiando las reglas sino los referentes. Como bien lo señaló Mark Carney en su ahora célebre discurso, la interdependencia ya no garantiza estabilidad y el poder económico, político y normativo ya dejó de concentrarse en un solo polo. Las referencias abiertas de líderes occidentales a una cooperación más pragmática con Beijing responden precisamente a la búsqueda de estos referentes no ideológicos, pero sí más funcionales en un orden global que ya no depende del liderazgo norteamericano.

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La lección para México es clara: el poder de su interlocutor en el norte se ejerce hoy mediante presión y negociación ad hoc, pero no es inamovible. Los repliegues son posibles frente a una posición firme y políticamente consistente. La capacidad de elevar los costos de la incertidumbre que hoy caracterizan a las relaciones entre los países norteamericanos puede nivelar una relación asimétrica. La apuesta de México se debe orientar a la defensa y la convicción de que su posición en la economía regional no es prescindible, sino estructural. Para ello, puede encontrar en Canadá un excelente aliado.

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Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Georgina De la Fuente.

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