Publicidad
Publicidad

El mapa de ruta para rescatar la profesionalización policial en México en 2026

La solución existe, es clara y es ejecutable; lo que falta es la voluntad política para implementarla ahora.
lun 12 enero 2026 06:04 AM
policias-asesinatos.jpeg
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública existe en el papel. En la realidad, ha funcionado como un órgano desconectado de las realidades concretas de formación policial que ocurren en cada estado, cada municipio, considera Alberto Guerrero Baena. (Cuartoscuro)

Cada detención arbitraria, cada escena de crimen mal procesada, cada comunidad que desconfía de sus propias autoridades de seguridad, es un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: la ausencia de policías verdaderamente profesionales. México no carece de uniformes ni de instituciones de seguridad. Lo que falta es un proyecto coherente, ambicioso y realista de formación policial que reconozca que la seguridad se construye desde las aulas de las academias, no solamente en las calles.

Publicidad

La crisis que enfrentamos no es accidental. Es el resultado de décadas de negligencia institucional, donde el reclutamiento de policías se ha realizado sin criterios claros, donde las academias funcionan sin directrices unificadas y donde cada entidad federativa improvisa su propio sistema de formación. El resultado es predecible y devastador: policías mal capacitados, mal pagados y, en muchos casos, reclutados por dinámicas que no priorizan ni la excelencia ni la integridad.

El Secretariado Ejecutivo: del silencio a la acción

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública existe en el papel. En la realidad, ha funcionado como un órgano desconectado de las realidades concretas de formación policial que ocurren en cada estado, cada municipio. Esta institución debe transformarse de inmediato en lo que debería haber sido desde su creación: el arquitecto de un sistema educativo nacional para policías.

No se trata de centralizar todo en la Ciudad de México ni de quitar autonomía a las entidades. Se trata de establecer estándares nacionales mínimos que garanticen que un policía formado en Chiapas tenga las mismas competencias fundamentales que uno de Jalisco o Querétaro. El Secretariado debe diseñar currículas base que defina qué competencias debe tener todo policía mexicano, independientemente de su origen o adscripción.

Esta función requiere que el Secretariado deje de ser un coordinador pasivo y se convierte en un formulador de política educativa con poder de convocatoria real. Debe establecer requisitos de entrada para las academias, estándares de calidad en la enseñanza, evaluación de desempeño de instructores y, crucialmente, una arquitectura curricular que responda a los desafíos actuales de seguridad pública.

Academias que formen para la realidad

Las academias policiales mexicanas tradicionales enseñan a disparar, a responder a órdenes y a patrones de conducta desactualizados. Lo que necesitamos son instituciones que integren cuatro pilares fundamentales desde el primer día de formación.

Primero, investigación criminal rigurosa: policías que entiendan la cadena de custodia, que sepan procesar escenas de crimen sin contaminarlas, que cuestionen evidencia con criterio científico. Segundo, proximidad comunitaria genuina: la policía debe ser entrenada no solo para enfrentar al delincuente, sino para ganar la confianza del ciudadano. Esto significa comunicación, resolución de conflictos locales, entendimiento de dinámicas comunitarias. Tercero, dominio de tecnología de vigilancia y análisis de datos: en el mundo actual, una policía sin capacidad para analizar videovigilancia, mapear delincuencia y usar inteligencia es una policía obsoleta. Cuarto, comprensión profunda de política criminal: policías que entiendan por qué existen ciertos delitos, cómo afectan a su comunidad, cuáles son las raíces del problema que enfrentan.

Esta integración no es romántica ni ingenua. Es pragmática. Un policía que entiende investigación criminal comete menos errores que conducen a personas inocentes a la cárcel. Un policía con vínculos comunitarios obtiene información más valiosa. Un policía que maneja datos detecta patrones de delincuencia más eficazmente. Un policía que entiende política criminal no es manipulado tan fácilmente por criminales.

El reclutamiento, donde todo comienza

Estados y municipios actualmente reclutan policías como si llenaran puestos de cualquier administración pública. Se necesita un cambio radical en este proceso. El reclutamiento no debe ser una tarea aislada de recursos humanos, sino parte de una estrategia deliberada de construcción de cuerpos policiales profesionales.

Esto requiere que estados y municipios establezcan procesos rigurosos de selección: evaluaciones psicológicas robustas, verificación exhaustiva de antecedentes, pruebas de aptitud física y, sobre todo, evaluación de integridad moral. No todo ciudadano debe ser policía. Muchos no deberían serlo.

La selectividad no es arrogancia; es necesidad. Un municipio que recluta aspirantes sin criterios está sembrando problemas que cosechará durante años.

Además, estados y municipios deben competir por atraer a buenos candidatos: mejores salarios, capacitación continua, certeza de que su carrera tiene perspectivas reales. Hoy, convertirse en policía es frecuentemente un acto de desesperación económica, no de vocación. Eso debe cambiar.

El contraste: de la improvisación a la profesión

Actualmente, México genera policías de muchos tipos, pero raramente los que necesita. Genera policías que obedecen órdenes sin cuestionarlas. Genera policías mal pagados que se corrompen porque la corrupción es más rentable que el salario. Genera policías sin herramientas tecnológicas trabajando en el siglo pasado. Genera policías aislados de sus comunidades, percibidos como amenaza en lugar de protección.

Lo que necesitamos es radicalmente distinto: policías inteligentes, éticamente sólidos, bien remunerados, tecnológicamente alfabetizados, comunitariamente conectados, científicamente entrenados en investigación. Esto no es utopía. Otros países lo han logrado. Algunas ciudades mexicanas lo han aproximado. Es posible.

Cinco propuestas concretas

Primero, el Secretariado debe emitir en 90 días estándares nacionales de currículas policiales no negociables.

Segundo, cada estado debe crear una comisión de evaluación académica independiente que audite anualmente sus academias.

Tercero, el salario base de policías debe aumentar 40% en los próximos dos años, condicionado a aprobación de evaluaciones.

Cuarto, se debe establecer un sistema nacional de investigación criminal que capacite a policías en técnicas forenses modernas.

Quinto, se debe crear un incentivo fiscal para municipios que logren reducción verificable de corrupción en sus cuerpos policiales.

Publicidad

Conclusión

La policía que México tiene es el reflejo de decisiones tomadas hace años.

La policía que México necesita es el reflejo de decisiones que tomemos hoy. No hay atajos. No hay soluciones mágicas. Solo hay una opción: profesionalización seria, sistemática, ambiciosa.

El Secretariado debe liderar. Los estados deben ejecutar. Los municipios deben reclutar mejor. Y la sociedad debe exigir, porque de ello depende algo tan fundamental como vivir sin miedo en nuestras propias ciudades.

____

Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Publicidad

Newsletter

Los hechos que a la sociedad mexicana nos interesan.

Publicidad

MGID recomienda

Publicidad