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Un mensaje a la nueva presidenta y a la oposición (ampliada)

La democracia es un sistema en el que la mayoría decide, pero que solo funciona si se incluye a las minorías.
mar 04 junio 2024 07:46 AM
¿Cuántas presidentas hay en América Latina? Claudia Sheinbaum se une a la lista
Sheinbaum será la octava mujer en ser electa presidenta en América Latina.

Los resultados electorales del domingo son más que contundentes. Si bien muchos preveíamos un triunfo cómodo, creo que nadie, ni el propio presidente, anticipamos la magnitud con la que se dio.

Doctora Sheinbaum, llega de manera histórica a la Presidencia de la República. Histórica por ser la primera mujer en hacerlo, e histórica por el nivel de votación que obtuvo su coalición. Sinceras felicitaciones por este importante logro.

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Pero este logro histórico conlleva históricas responsabilidades. Y es fundamental estar consciente de ello, para que este hito se convierta en un paso positivo para México, y no en un tropiezo y regresión.

El primer reto es detener la profundización de la polarización en el país, que no es atribuible solo a un actor sino a todos los actores políticos y muchos sociales. A nadie conviene un país enconado. Es imperante fomentar un diálogo nacional que acerque a los diferentes grupos sociales.

Con su gobierno es importante demostrar que las cosas pueden y deben hacerse de manera distinta, gobernando para todos, y no solo para unos grupos, por mayoritarios que sean.

Si bien casi el 60% de los votantes le brindó su apoyo, hay que considerar que casi el 40% apoyó a una opción distinta. La democracia es un sistema en el que la mayoría decide, pero que solo funciona si se incluye a las minorías.

Son las minorías, por ejemplo, las que han impulsado movimientos fundamentales para México, como el estudiantil de los años 60 y 70, que impulsó la corriente minoritaria de izquierda que por años abrió brecha para que el movimiento político que usted hoy representa alcanzara el poder.

Otro reto es el de darle mayor dirección a la lucha contra la desigualdad y la pobreza. Es imperante mejorar las condiciones de vida de los mexicanos de manera estructural y no solo asistencial. Se han dado pasos iniciales, pero poco sostenibles. Esta debe ser la prioridad.

Un reto más es salvaguardar las instituciones que tanto costó construir, y que han demostrado ser cruciales en la estabilidad económica, política y social del país. Por supuesto que deben reformarse, pero para modernizarlas, no para debilitarlas.

Será fundamental tener perfiles serios, capaces y profesionales en el gabinete para dar certidumbre, dados los retos nacionales e internacionales que le tocarán a su gobierno.

En este aspecto, apelo a su preparación y sensatez para reflexionar sobre las propuestas del Presidente actual respecto de los órganos autónomos y las instituciones democráticas, que son las que dieron sustento a la lucha social que los llevó a gobernarnos.

Y por supuesto está el reto de un país próspero con crecimiento equitativo. La correcta separación del poder económico del político, no debe implicar divorcio sino reglas claras de interacción, que permitan la inversión y la actividad económica en beneficio del bienestar de los mexicanos.

Hay muchos otros retos, pero poco espacio. Por lo que termino con el reto que implica ser la primera mujer Jefa de Estado. Que este hito demuestre el valor de las mujeres y su capacidad de hacer las cosas de manera distinta. Que no sea un episodio anecdótico, sino un cambio positivo real.

Para la oposición, el principal mensaje de este domingo es que los errores cuestan caro, y cuando son reiterados, más caro aún.

En 2018 la ciudadanía dio un mensaje muy claro a los partidos políticos hoy en oposición. Y el caso que hicieron a ese mensaje fue omiso. Se mantuvieron alejados de la realidad y de la sociedad, con los mismos vicios, errores y excesos, pero peores.

La ruta hacia 2024 fue marcada por equivocaciones básicas, derivadas de la soberbia y de los intereses y ambiciones personales de las dirigencias nacionales del PRI y el PAN. Nunca pensaron en el país.

Obstaculizaron durante seis años la urgente autocrítica y reflexión sobre todos los errores cometidos durante años, cristalizados en sus dos últimos gobiernos federales. Cerraron la puerta a la introspección, y los demás permitimos que nos la cerraran.

Formalizar la alianza entre ambos partidos para las elecciones de 2021 fue el error de origen, y la muestra fehaciente de que no entendieron el mensaje ciudadano de 2018. Ese error de origen obligó a llegar inercialmente en esa alianza antinatura a las elecciones del domingo.

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Para este proceso, los errores fueron garrafales, empezando por la imposición de la candidatura presidencial. Habiendo tenido a la candidata más preparada, sensible a la realidad social, con entendimiento del entorno nacional, optaron por un espejismo impuesto por el Presidente.

Y no conformes con ello, impusieron reglas de coalición suicidas, con la mayoría de candidaturas poco legitimadas ante sus propias bases votantes.

La alianza de los peores dirigentes partidistas de la historia reciente con alguien que poco o nada entiende de política y realidad social, como Claudio X, fue un presagio para los malos resultados.

Por otro lado, la comentocracia se tornó cada vez más visceral e imparcial, dejando de lado la objetividad para darle paso a fobias personales. Se nubló la capacidad de análisis. Y se dedicaron a fomentar aún más la división y la polarización, en lugar de funcionar como contrapeso social.

Tanto ver la paja en el ojo ajeno les impidió ver la viga en el propio. Se cegaron, dirigentes y sus comentócratas, a la realidad social de un país lastimado. Olvidaron la empatía y replicaron el discurso presidencial de encono, al tiempo que lo criticaban.

Y como sociedad, desde los grupos con mayores oportunidades y privilegios, nos enconchamos en nuestra realidad alternativa, en nuestra caja de eco. Criticamos todo lo que ni siquiera conocíamos y evidentemente no entendemos de la realidad social del país. Insensibles, enojados.

Hoy no podemos llamarnos ni sorprendidos por los resultados electorales, ni engañados por la convicción del 60% de los votantes. Ya no es tiempo de aventar culpas a diestra y siniestra. Es tiempo de hacerse responsables de sus propios actos y decisiones.

Hoy, a la oposición ampliada nos corresponde una seria autocrítica y profunda reflexión. Y a todos nos toca respetar y reconocer al otro para empezar a sanjar nuestras diferencias por un México mejor.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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