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#ColumnaInvitada | Aprendizajes del 2022

Aprendamos del 2022 a no bajar la guardia, a seguir exigiendo y a sumar aliadas y aliados que hagan más fuerte la causa. Busquemos sororidad y solidaridad. Por un 2023 más igualitario.
lun 26 diciembre 2022 07:00 AM
AFGHANISTAN-CONFLICT-EDUCATION-WOMEN
Fotografía tomada el 7 de septiembre de 2021.- Estudiantes asisten a una clase dividida por una cortina que separa a hombres y mujeres en una universidad privada en Kabul para seguir el dictamen de los talibanes.

Llegó la hora de cerrar el año y valorarlo. Un año que, gracias al arduo trabajo de personas científicas y del sector salud, nos permitió recuperar al menos un poco de la normalidad de la vida pre-pandemia. También un año que pronto se definió como aquel en el que se declaró la guerra contra Ucrania y que desafortunadamente no vio su fin.

Un año de fuertes cambios políticos en Latinoamérica que demuestran sociedades polarizadas y no dispuestas al diálogo. Un año en el que muchos eventos deportivos evitaron tomar posturas políticas. Un año que -desde mi perspectiva- nos enseña que dividir entre buenos y malos, solo sirve para retroceder.

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¿Qué decidimos aprender de lo que hoy es ya parte de la historia?

Al hacer un recuento sobre los distintos eventos que dieron forma al 2022, surgen múltiples rubros valiosos de análisis. No obstante, hoy me detengo solamente sobre la protección a los derechos de las mujeres a nivel mundial.

La lucha feminista ha logrado abrir el debate sobre la igualdad de género y ha conseguido diversos logros frente al patriarcado. No obstante, el 2022 nos hace recordar que las batallas ganadas no son conquistas irrevocables; y, que la cima de la igualdad sustantiva todavía se vislumbra lejos y a veces cuesta arriba.

En materia de feminicidios, apenas concluyó el primer trimestre del año pasamos de 10 a 11 muertes diarias de mujeres en territorio mexicano. Este año nuestro país fue ejemplo de cómo las fiscalías locales no investigan de manera adecuada y que, lejos de respaldar a las familias afectadas, las revictimizan y las empujan a hacer el trabajo oficial. Solo por mencionar algunos casos, recordemos a Debani, Ariadna, Rosa Isela, Martha Aurora y Ana Lilia.

En interrupción legal del embarazo, la Corte Suprema de los Estados Unidos falló el 24 de junio, el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization y, con ello, revirtió su precedente Roe v. Wade que reconocía que el aborto es una decisión individual enmarcada en el derecho a la privacidad y, por ende, no debía estar sujeto injerencias del gobierno. La nueva decisión de la Corte sostiene que el texto constitucional no reconoce el derecho al aborto y que su regulación corresponde a cada congreso local, abriendo así la puerta a que Estados con mayoría conservadora aprueben leyes restrictivas e, incluso, prohibicionistas.

Mientras tanto, en el marco de las protestas iraníes que se venían levantando esporádicamente desde años atrás en contra de la represión oficial, el 14 de septiembre pasado, Mahsa Amini murió a los 22 años después de haber sido detenida y golpeada por la policía de la moral de Teherán por no seguir las normas sobre el uso correcto del hiyab. Como consecuencia, las protestas se recrudecieron y los levantamientos se hicieron notar en diversas ciudades del país. Conforme a datos Human Rights Watch, los enfrentamientos entre policías y manifestantes han provocado la muerte de al menos 479 personas (incluyendo 68 niños y niñas) y el arresto de más de 18,000, personas la ejecución de dos personas por órdenes del gobierno y la emisión de 11 sentencias de muerte.

Por cuanto hace al derecho a la educación de las mujeres como base y pilar de la igualdad de género, el gobierno Talibán determinó apenas el pasado 20 de diciembre que las mujeres afganas tienen prohibido asistir a las universidades; ello, en sintonía con la prohibición previa para que las niñas recibieran educación secundaria. Afganistán es un territorio en el que cada vez más se restringe el acceso de las mujeres y las niñas a la vida pública y política; no sin méritos ocupa el puesto 156 de 156 países en desigualdad de género según el Informe Global de Brecha de Género de 2021 (UN Women, 2022).

 

Nuestra vida y el rumbo o proyecto -tanto de índole sexual, reproductiva, educativa, artística, profesional, recreativa y cualquiera que se nos ocurra- que decidamos tener, deberían estar reconocidos y amparados por cualquier persona y régimen político. Se trata de derechos humanos que no son optativos y que no dependen de la gracia o del otorgamiento oficial. Esto con independencia de nuestro género. No obstante, pareciera que en el 2022 está protección todavía no está otorgada para muchas mujeres, por el simple hecho de serlo.

Hoy la ciudadanía se está empoderando, las mujeres nos estamos empoderando, nos estamos volviendo más exigentes y estamos dispuestas a salir a las calles para reclamar aquello que es nuestro. Parece que los aliados se suman y los gritos de fuerza y unidad están haciendo eco. No desaprovechemos la agilidad de la comunicación moderna, de la solidaridad internacional sobre la violación de derechos humanos en localidades cerradas y del impacto cada vez más real e inmediato de las redes sociales, las cuales en contextos como estos pueden salvar vidas.

Hoy las luchas sociales pueden ser comunitarias e internacionales gracias a la tecnología. Si los derechos son universales, si los derechos de las mujeres son de todas, la exigencia social también debiera serlo.

Aprendamos del 2022 a no bajar la guardia, a seguir exigiendo y a sumar aliadas y aliados que hagan más fuerte la causa. Busquemos sororidad y solidaridad. Por un 2023 más igualitario.

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Nota del editor:

La autora es secretaria general de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 
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