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#ZonaLibre | La nueva era del narcoterrorismo

¿Qué sucede cuando los grupos del crimen organizado buscan infundir terror en la población con métodos sádicos como el secuestro, la tortura o el ataque a inocentes?
mié 17 agosto 2022 06:04 AM
(Un grupo armado incendió un autobús que bloqueaba una carretera para evitar que las autoridades los persiguieran mientras se enfrentaban con otra pandilla, en Zapopan, estado de Jalisco)
Lo ocurrido durante los primeros días de agosto del 2022 no tiene precedente en la historia moderna de la violencia en México, señala Caleb Ordóñez.

Estaban físicamente cansados –pero no desmotivados-, habían trabajado todo el día y la tarde, tanto en la estación de radio, como en un “enlace en vivo” desde una pizzería local, en Ciudad Juárez, Chihuahua.

La jornada laboral transcurría sin problemas. Los cuatro compañeros de la cadena Mega Radio no tenían idea del fatídico momento que vivirían aquel jueves 11 de agosto, cuando tres sujetos se introdujeron al negocio de comida, para descargar sus armas y generar así, una desgracia donde perderían la vida. Se trataba de Allan González, Lino Flores, Armando Guerrero y Alex Arriaga.

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En el funeral de González, sus amigos y familiares exigían justicia. Uno de sus colegas de la cadena Switch FM, consternado, decía: “Es triste que tengamos que estar aquí. Que tengamos que vivir siempre con miedo”.

En el llamado “jueves negro” perdieron la vida 11 personas. Entre las víctimas, un niño de 12 años y dos mujeres, una de ellas embarazada.

De rodillas

El terror, se deriva del vocablo latino que significa temblor. Se aplica al intenso miedo que alcanza tal intensidad que provoca temblores en su manifestación somática. El terror es una de las peores sensaciones que puede tener el ser humano.

El miedo nos detiene de cierta manera, nos controla y ata. Todos tendremos que sentirlo alguna vez, estamos condenados como humanos a ello.

¿Qué sucede cuando los grupos del crimen organizado buscan infundir terror en la población con métodos sádicos como el secuestro, la tortura o el ataque a inocentes?

Hay una línea muy delgada que el narcotráfico ha cruzado en repetidas ocasiones, cuando se han olvidado del beneficio económico, para imponer autoridad y mostrarle al gobierno que ellos tienen el poder suficiente para desestabilizar las sociedades.

En prácticamente todos los países del mundo se reconoce el terrorismo como una actividad criminal con la finalidad de cometer ataques dirigidos, de forma deliberada contra la población civil, o que no distinguen entre civiles y otros objetivos.

El terrorismo tiene distintas causas: políticas, religiosas o separatistas. Pero la siembra de dolor causada en distintas ciudades del país, en recientes días, desnuda una situación evidente y, aunque el gobierno mexicano quiera negarlo, estamos inmersos en una etapa moderna de narcoterrorismo, la cual es liderada por los criminales, quienes han puesto de rodillas a la población y les ha resultado benéfico para su interés común: humillar a sus perseguidores.

En artículos anteriores he analizado la conducta de los grupos criminales en cuanto a sus prácticas en distintos estados de la República. Los bloqueos, quemas de autos o camiones, el incendio de tiendas de autoservicio, ataques a oficinas gubernamentales, etc; no son nuevas. Sin embargo, lo ocurrido el pasado 11 de agosto en Ciudad Juárez, Chihuahua, debe llamar poderosamente la atención para debatir si es necesario legislar y hacer constitucional el término “narcoterrorismo” dentro de la Carta Magna.

Los actos de barbarie cometidos por el cártel responsable van mucho más allá de una “oleada de violencia”. A todas luces han decidido emprender una guerra contra inocentes, tomando como rehenes a todos los ciudadanos.

 

¿Ceguera o temor?

A pesar del incendio físico, político y social, el presidente López Obrador se opone a mencionar siquiera el término “narcoterrorismo”. No lo ha hecho cuando han ejecutado directamente a civiles en Michoacán, Guanajuato, Jalisco; vaya, en todo el territorio nacional. Imposible olvidar la desgracia, ocurrida en junio del 2021 en Reynosa Tamaulipas, cuando sicarios salieron a matar peatones; ejecutaron a 15 personas.

AMLO no pudo mencionar el narcoterrorismo ocurrido en Bavispe, Sonora, el pasado 4 de noviembre del 2019, cuando nueve personas fueron asesinadas por el narcotráfico, entre ellas tres mujeres y seis niños.

¿Por qué el presidente no llama a esta situación por su nombre? A todas luces vivimos una era moderna de terrorismo asociado a los delincuentes de la mafia.

Solo un día después de la jornada violenta en Ciudad Juárez, AMLO habló de ello en su conferencia de prensa solamente ¡un minuto con 20 segundos! Sin mostrar el mínimo signo de empatía, el Ejecutivo solo se limitó a decir: “Ojalá no vuelva a suceder”.

En el ocaso del gobierno autollamado 4T es muy obvio que utilizar el término narcoterrorismo costaría un precio muy alto. Quizá pasaría a la historia que este gobierno fue rebasado y manipulado por el narco a su antojo. ¿Es a lo que le temen? ¿Se trata de culpar a los opositores para tratar de tapar el Sol con un dedo? ¿Solo piensan en la siguiente elección? o ¿simplemente no tienen idea de cómo actuar ante una caótica y derrotada estrategia de “abrazos y no balazos”?

Sea cual sea la respuesta, lo ocurrido durante los primeros días de agosto del 2022 no tiene precedente en la historia moderna de la violencia en México. No es una “crisis de seguridad” más. No se trata de un “ajuste de cuentas”. Es una nueva era donde nos toca vivir, donde el miedo, el duelo y la indefensión se fusionan.

Es también el tiempo de la máxima respuesta que podemos dar como sociedad contra la maldita droga. La que circula en nuestros barrios, escuelas, bares y lugares de trabajo. Es un momento de suma reflexión y desprecio por seguir tolerando que la droga nos destruya más de lo que ha logrado dañarnos.

A pesar de toda la incertidumbre, es tiempo de volver a los principios y recordar el modelo de comunidad que hemos abandonado, ya sea por nuestras diferencias de creencias, políticas, económicas o de cualquier otro tipo de división social. ¿Estamos condenados a que los más cobardes nos aten a su temor?

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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