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#ColumnaInvitada | Remesas familiares, ¿sustituto adecuado del crecimiento?

En 2021, el envío de remesas desde Estados Unidos y hacia América Latina creció 25.3% con respecto al 2020, a pesar de la pandemia, lo que tuvo y tendrá múltiples efectos.
sáb 18 junio 2022 07:00 AM
México es el mayor receptor de remesas de América Latina.  (Foto: Getty Images)

El jueves 16 de junio se celebró el día internacional de las remesas familiares. Es un reconocimiento al papel que juegan las transferencias que los connacionales en otros países envían para la satisfacción de las necesidades de sus familias en localidades de origen. Y es verdaderamente loable el enorme esfuerzo que las personas migrantes hacen para sacar muchas veces a localidades enteras de la pobreza y la marginación, en una región como la latinoamericana, caracterizada por una enorme desigualdad y una limitada capacidad para generar movilidad social.

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La empresa Worldremit, para festejar el día de las remesas, publicó un estudio que da a conocer cifras reveladoras. En 2021, el envío de remesas desde Estados Unidos y hacia América Latina creció 25.3% con respecto al 2020, a pesar de la pandemia. Este repunte puede tener muchas causantes. Por ejemplo, los connacionales que se encuentran en la Unión Americana es probable que se hayan beneficiado de manera directa o indirecta de los apoyos que el gobierno de aquella nación ofreció precisamente a causa del confinamiento.

Por otro lado, el empuje que la pandemia dio a la digitalización puede haber facilitado la adopción de mecanismos digitales para transferir dinero, lo que repercutió en la cifra y monto de los envíos de remesas. Finalmente, la falta de apoyos por parte de los gobiernos de la región, como el de México, puede haber provocado una mayor necesidad de fondos para financiar necesidades básicas como la alimentación y la vivienda.

El estudio de Worldremit afirma que México es el segundo receptor en el mundo de remesas, solo detrás de China. En 2021, las remesas a México alcanzaron la importante cifra de 51,594 millones de dólares. Para dimensionar este dato, podemos decir que la inversión extranjera directa que llegó a México en 2021 ascendió a 32 mil millones de dólares, lo que implica que las remesas fueron más de 60% superiores a los flujos de inversión provenientes del extranjero.

Lo anterior es una excelente noticia en un país con una economía estancada, una productividad laboral en caída y unas tasas de pobreza crecientes. ¿Qué habría pasado con la pobreza y la marginación en tiempos de Covid-19 si las familias no hubieran recibido más recursos de parte de sus familiares en el extranjero? Más aún, ¿cómo habrían financiado las familias mexicanas sus gastos, si muchos de los trabajadores perdieron su empleo o su fuente de ingresos a causa del confinamiento? ¿Cómo habrían sobrevivido quienes dependen de empresas insertadas en sectores que no se consideraron esenciales, como las turísticas o del entretenimiento?

Todo esto nos sugiere que las remesas enviadas desde el extranjero se convirtieron en 2021 en un sustituto de las fuentes tradicionales de ingresos, lo que implica que la salida de la pandemia debería acompañarse de una caída en éstas.

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Pero, ¿realmente podemos esperar que las remesas disminuyan cuando la crisis del Covid pase, si la economía mexicana se caracteriza por bajas o nulas tasas de crecimiento; si la inflación es la más alta de los últimos 22 años; si el gobierno no apoyó a los negocios y a las familias para enfrentar la crisis del Covid-19, y si el Presidente abiertamente reconoce que pasaremos a una etapa de “pobreza franciscana”, ¿podemos esperar que las remesas desciendan si México no cuenta con la inversión suficiente para generar crecimiento económico, y si el mundo entero está entrando a una etapa de bajo crecimiento con inflación?

La respuesta claramente es no. Tendremos que seguir dependiendo de la ayuda recibida desde el extranjero, pues las perspectivas económicas del país no son halagüeñas. Esto me lleva a preguntarme, ¿es bueno depender económicamente de las transferencias que los connacionales mandan desde sus países de destino? Más aún, ¿son realmente las remesas un buen sustituto del crecimiento y del progreso económico de una nación?

Es importante reconocer que depender de las remesas trae un costo a los países. En un país que depende cada vez más de las transferencias enviadas desde el extranjero, los jóvenes perciben que sus salvavidas son las personas que han decidido migrar, y ellos seguramente emularán a esos héroes.

Cuando la aspiración de la juventud es huir del país, el esfuerzo dedicado a la escuela se reduce, pues no hace sentido invertir tiempo y recursos en una actividad que difícilmente se reconocerá en el país de destino. Esto implica que más migración y más remesas pueden llegar a reducir los niveles de escolaridad y el esfuerzo académico de los jóvenes. Por otro lado, en las familias que reciben remesas, el esfuerzo laboral de los miembros que permanecen tiende a reducirse, lo que aumenta la dependencia de las transferencias, sean éstas del gobierno o de los familiares en otro país. En otras palabras, depender de las remesas puede generar un círculo vicioso que lleve al país a depender cada vez más de éstas. Esto quiere decir que, en el largo plazo, la apuesta por los recursos provenientes del extranjero no es la mejor.

La ayuda que las familias mexicanas reciben de las personas migrantes es más que bienvenida en un contexto de crisis y de estancamiento económico. Sin embargo, no puede convertirse en una fuente de financiamiento que sustituya al crecimiento económico, a la creación de empleos, al aumento de la productividad laboral o a fuentes variadas de inversión. Si México deja de lado los esfuerzos por crecer y desarrollarse, y si las familias dependen cada vez más de las transferencias, es probable que a la larga nuestra capacidad de generación de empleos se vea limitada y la dependencia de las transferencias se exacerbe. Algo que no parece una buena apuesta.

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Nota del editor: Liliana Meza González es coordinadora de la Maestría en Estudios sobre Migración Universidad Iberoamericana

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