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¿Con estos vamos a arar?

O nos enfocamos ya en la construcción de ciudadanía integral o el presidente seguirá solo con sus estrategias destructivas.
lun 02 mayo 2022 06:01 AM
¿Con esto vamos a arar?
Hoy, no hay ruta, no hay visión, no hay experiencia, no hay liderazgos, no hay sensibilidad. Los grandes personajes de la política están o inactivos o dando la lucha solos desde su trinchera, considera Don Porfirio Salinas.

La carrera al 2024 ya está en marcha total. Si bien el presidente desde hace tiempo había dado el banderazo, a partir de la discusión y el rechazo de la iniciativa de contrarreforma eléctrica, y más ahora con la presentación de la iniciativa de contrarreforma electoral, el presidente dejó claro que su prioridad es la carrera presidencial.

Esto nos debe poner a pensar dónde estamos parados como país hacia esta importantísima elección, y sobre todo, dónde están las distintas fuerzas políticas: ¿tienen oferta?, ¿tienen candidatas y candidatos?, ¿tienen estructuras?, ¿se están preparando?, ¿son competitivos?

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Claramente la llamada 4T arranca con gran ventaja. No solo cuenta con el Ejecutivo Federal, mayoría simple en el Congreso, y más de la mitad de gubernaturas y Congresos locales. Tienen también al principal activo político de todos: el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde el ejercicio del poder, López Obrador ha sabido usar el púlpito para mantener a su base de voto duro. Lo demostró con los más de 15 millones de personas que lo respaldaron en el proceso de consulta sobre la revocación de mandato. Ningún partido tiene ese voto duro.

Además, ha sabido usar el poder y sus habilidades de comunicador de masas para debilitar a la oposición, al menos en la narrativa y el discurso público. Ha señalado, ha amedrentado, ha amenazado y ha cooptado con una eficacia que hacía mucho no se veía.

Y ha sabido explotar al máximo sus capacidades de confrontación y polarización. Los mejores ejemplos son precisamente la contrarreforma eléctrica, donde ganó perdiendo, y ahora la contrarreforma electoral, que usará de caballo de batalla para su narrativa antisistema.

Si bien vio mermado su voto en las elecciones intermedias de 2021, el daño no fue tan grande como pudo ser, gracias a la alianza antinatura entre PAN, PRI y PRD. Lo hemos comentado de sobra aquí: de haber ido solos, con acuerdos informales, le habrían quitado la mayoría simple, y el presidente lo sabe.

La llamada 4T, además, lleva delantera en cantidad de posibles suspirantes: Sheinbaum, a quien está desgastando tal vez para descartarla; Ebrard, que anda de gira en mítines como ayer en Hidalgo; Monreal que, aunque no lo quiera AMLO, tiene fuerza y habilidades políticas propias; Adán Augusto, que cada vez tiene más poder político; entre algunas cartas que seguro trae escondidas.

En cambio, en la oposición cada vez más se ve distante la posibilidad de buenos tiradores. Y no solo eso, conforme se va acercando el 2024, los partidos de oposición se ven menos y menos conscientes del escenario actual, y lejos de resolver los problemas que los dejaron en la lona en 2018.

No podemos ni mencionar algunas de las posibles opciones de aspirantes presidenciales de oposición, porque simplemente ningún nombre cuenta ni con la seriedad ni con la fuerza necesarias para dar batalla en la campaña. Eso debería ser una gran alerta para estos partidos.

Peor aún, PAN, PRI y PRD están tan anquilosados que ni siquiera han logrado relegitimarse lo suficiente ante la sociedad como para representar una opción real.

Sus dirigencias siguen en manos de puros personajes impresentables. Que siguen fomentando las divisiones internas y siguen obstaculizando su competitividad. No se fortalecen en lo individual y creen que con la famosa alianza les alcanzará.

El PRI está en manos de Alito, quien es conocido por su obscuro historial de corrupción. Ha crecido a base de traiciones a todo aquel que lo ha ayudado. Y tiene claros intereses personales por encima de cualquier posible interés partidista y, más aún, de país.

No sabe, además, valorar la importancia de los cargos y trabajar por la gente. El ejemplo más claro es que mal estaba en campaña a gobernador de Campeche, cuando ya decía que su aspiración real era presidir al PRI. Incluso renunció a la gubernatura, uno de los cargos populares más importantes, para tomar la presidencia del partido.

El PAN está en manos de Marko. Un resabio de Anaya, quien terminó de destruir lo poco que Calderón había dejado del partido. Con muy poca preparación, nulas ideas y menos visión. Ha mantenido la estrategia de choque interno y marginación de grupos. Y ha privilegiado a los liderazgos locales más cuestionados, conocidos por su corrupción.

Y el PRD, en manos de Zambrano. Nuevamente los Chuchos liderando al partido que se empeñaron en destruir. La corriente de mayor división que profundizó los problemas entre las facciones y que finalmente se hirió de muerte con la salida de AMLO para crear Morena.

Fueron los Chuchos quienes dieron la estocada final al PRD con la negociación y venta a Peña por el vergonzoso Pacto por México, que fue la estrategia para dinamitar a los partidos, en la cual gustosos participaron los Chuchos.

MC pareciera tener un poco más de claridad en su estrategia. Y tal vez cuenta con más posibles aspirantes que PAN, PRI y PRD juntos. Su dirigente, Dante, es uno de los políticos más experimentados del país, pero tan colmilludo como tenebroso.

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Lo que vivimos hoy en política no solo es gracias a López Obrador. Es, en su origen, el resultado de la encarnizada lucha que emprendieron en su momento Calderón y Peña para quebrantar al sistema de partidos. Ellos son quienes lo entregaron en charola de plata a AMLO para su cooptación. Y lamentablemente, son los resabios de FCH y EPN los que siguen en sus respectivos partidos.

Hoy, no hay ruta, no hay visión, no hay experiencia, no hay liderazgos, no hay sensibilidad. Los grandes personajes de la política están o inactivos, como un Beltrones o un Larios, o dando la lucha solos desde su trinchera, como una Beatriz Paredes.

Pero el problema de fondo sigue estando en la sociedad. Falta una ciudadanía activa. Nuevo León es un ejemplo que debe prender alertas. Una anticipación de lo que puede venir a nivel nacional. Si el estado más próspero, otrora con la mejor organización ciudadana, hoy tiene de las peores clases políticas del país después de 15 años de malos gobernantes, ¿qué se espera de los demás?

O nos enfocamos ya en la construcción de ciudadanía integral o el presidente seguirá solo con sus estrategias destructivas. La contrarreforma electoral debe ser la alarma para juntos defender y trabajar por el sistema político y de partidos, para recuperar la normalidad democrática.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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