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Reforma eléctrica de 2013 y 2021: diferencias y similitudes legislativas

Si la reforma de EPN hubiera sido derrotada en el Congreso, o si no hubiera reunido el apoyo suficiente, eso habría significado el fin adelantado del Pacto por México: #BuróParlamentario.
lun 18 octubre 2021 11:59 PM
Cámara de Diputados
la reforma de EPN juega un papel esencial en la narrativa del proyecto energético de AMLO.

Hace unos días, el presidente López Obrador envió a la Cámara de Diputados una iniciativa para reformar los artículos 25, 27 y 28 constitucionales. El objetivo: sentar las bases del nuevo Sistema Eléctrico Nacional. Más allá de su viabilidad técnica o de los posibles beneficios (o perjuicios) que pueda generar en la economía y el mercado, el gobierno la ha comunicado esta reforma como una medida necesaria para mitigar los efectos perniciosos del plan energético que dejó la administración de Enrique Peña Nieto. Así, la reforma de Peña juega un papel esencial en la narrativa del proyecto energético de AMLO.

Recordemos que el expresidente Peña presentó, ante el Senado de la República, su iniciativa de reforma energética el 14 de agosto del 2013. Quince días antes, el Grupo Parlamentario del PAN presentó su propia versión, que también fue considerada como parte de la reforma energética inscrita en un paquete de 95 cambios estructurales que conformaban el Pacto por México.

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El tema energético fue el más controvertido de aquel acuerdo. Desde un inicio, Cuauhtémoc Cárdenas estuvo en contra de la reforma que ponía en entredicho el legado de su padre. Y aunque el presidente del PRD en su momento, Jesús Zambrano, decidió no acompañar al PAN y al PRI, otra de las cabezas de la izquierda partidista, el propio AMLO, encontró el momento idóneo para comenzar el camino hacia la institucionalización de un movimiento político independiente, al que llamaría “Morena”.

Las iniciativas (de Peña y del PAN) fueron turnadas, para su dictaminación, a las comisiones de Energía, Puntos Constitucionales y de Estudios Legislativos. Ahí permanecieron hasta que se emitió un dictamen conjunto el 9 de diciembre de 2013 (cuatro meses después de su presentación). En aquel dictamen se pueden encontrar las posturas en contra de varios senadores que hoy son miembros de la élite morenista: Manuel Bartlett, Adán Augusto López, Alejandro Encinas y Dolores Padierna.

A partir de ese momento, el asunto se procesó con una velocidad vertiginosa. Un día después, el 10 de diciembre, el pleno del Senado aprobó al dictamen. Además de los exsenadores ya mencionados, en el pleno se opusieron a la reforma personajes como Mario Delgado, Ana Guevara, David Monreal y Layda Sansores. Sin embargo, fueron aplastados por una mayoría a favor de más del 77%.

El encargado de “pastorear” el asunto en la cámara revisora fue Ricardo Anaya, quien entonces presidía la Mesa Directiva de San Lázaro. Su labor fue bastante eficiente pues el 11 de diciembre, la minuta se sometió a votación plenaria (dispensándose el trámite en comisiones). Aprobándonse con una mayoría cercana al 90% de los diputados presentes, incluidos 28 del PVEM. En contra votaron legisladores como Luisa María Alcalde, Alfonso Durazo y Ricardo Monreal.

Posteriormente, la reforma pasó a los congresos locales y, en menos de seis días, el asunto ya había sido aprobado por una mayoría calificada en 17 de las 32 asambleas subnacionales. Para aquella época, la coalición PRI-PVEM-PANAL reunía una mayoría de 2/3 partes en nueve congresos estatales. Pero si a esto se le agregaban los diputados locales del PAN, el Pacto por México controlaba holgadamente 21 asambleas, que fueron las que aprobaron la reforma con un tiempo promedio de discusión de 84 minutos.

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Como se puede advertir, Peña promovió la reforma energética al inicio de su mandato aprovechando el bono de su elección en 2012 y la vigencia del recién conformado Pacto por México. Una sólida alianza con el PAN le permitió al Ejecutivo conseguir las mayorías necesarias para aprobar su reforma en 24 congresos locales en menos de 10 días. Si bien es cierto que el gobierno hizo todo porque la reforma se aprobara en fast track, sin un debate a profundidad, también lo es que la oposición tuvo 4 meses para poner el tema en el centro de la discusión, difundirlo en medios y socializarlo entre la población, sin que así lo haya hecho.

A diferencia de la reforma de Peña, la propuesta del presidente López Obrador ha sido presentada a mitad de su mandato (octubre de 2021). Si bien la práctica sugiere que los presidentes deben usar su capital electoral e introducir sus proyectos más relevantes al inicio de su mandato, el caso de AMLO es distinto. El actual presidente aún goza de un alto respaldo alto a su gestión además de no haber sufrido una derrota considerable, a nivel federal, en la pasada elección intermedia.

Al igual que con la reforma de EPN, la discusión de la actual reforma eléctrica se verá interrumpida en los tiempos legislativos por la aprobación del presupuesto y lo más probable es que se termine votando en diciembre (como ocurrió en 2013). Una diferencia con respecto de 2013 es que la oposición hoy está contenida en un bloque de tres partidos que compitieron juntos en la elección de 2021 (PAN-PRI-PRD, como Va por México).

Así, el primer desafío para AMLO será persuadir a más de 50 diputados y 10 senadores de esa oposición supuestamente unida. El segundo reto estará en los congresos locales donde Juntos Hacemos Historia tiene mayoría calificada en 4; en 11 legislaturas estatales, por su parte, JHH solo reúne la mitad más uno de los legisladores; mientras que es segunda fuerza en asambleas. Esto sugiere que podría haber una intensa negociación al menos en 10 congresos locales.

Pero la diferencia más importante entre ambas reformas es el riesgo implicito para cada presidente. Si la reforma de Peña hubiera sido derrotada en el congreso, o si no hubiera reunido el apoyo suficiente, eso habría significado el fin adelantado del Pacto por México. Pero en el caso de AMLO todos los escenarios son favorables para el presidente. Si su reforma es aprobada sin cambios, demostrará la capacidad de Morena para conseguir votos en la oposición, haciendo evidente la debilidad de Va por México. Si se aprueba con modificaciones, Morena quedará como el partido mayoritario que supo negociar una reforma cómoda para distintos intereses. Y si fuera rechazada, la iniciativa ya surtió su efecto, ante la indecisión del PRI de rechazarla, de que el bloque opositor no es tan unificado y disciplinado como muchos esperaban.

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Nota: Sergio A. Barcena es doctor en Ciencia Política por la UNAM. Especialista en Poder Legislativo. Investigador del Tec de Monterrey y director de la asociación Buro Parlamentario.

Buró Parlamentario es una asociación civil que busca vigilar al Poder Legislativo promoviendo una ciudadanía informada, activa y participativa.

Twitter: @BuroParlamento

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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